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Las imágenes se repitieron con apenas 15 días de diferencia. Vehículos atrapados, calles cubiertas por agua, negocios afectados y equipos de emergencia desplegados en la intersección de las avenidas Cristóbal Colón y Diego de Almagro. El 7 de octubre, una granizada histórica golpeó el centro norte de Quito. El 22 de octubre, una fuerte tormenta volvió a inundar el mismo sector. Aunque las causas inmediatas que identificaron las autoridades son distintas, especialistas sostienen que la explicación de fondo no se limita a lo que ocurrió durante cada lluvia.
La primera emergencia ocurrió el 7 de octubre de 2026.
Ese día, una intensa granizada cubrió varios sectores del centro norte de Quito. En la Colón y Diego de Almagro, vehículos quedaron atrapados, negocios cerraron temporalmente y el granizo ingresó a algunos locales comerciales. Los trabajos de limpieza se extendieron durante varias horas.
Quince días después, el sector volvió a registrar una emergencia.
La tarde del 22 de octubre, una tormenta provocó una inundación en la misma intersección. El agua cubrió parte de la calzada, un vehículo quedó inmovilizado y los organismos de respuesta realizaron labores para liberar sumideros y alcantarillas.
Las dos emergencias ocurrieron en el mismo punto de la ciudad y dejaron afectaciones similares para comerciantes, conductores y peatones.
Yadira Girón recuerda que la emergencia del 22 de octubre empezó dentro del local donde trabaja.
Según relató, un niño acudió al baño y regresó alarmado para avisar que algo ocurría. Cuando revisaron el lugar observaron que el agua salía por las instalaciones sanitarias.
Pocos minutos después, el agua ingresó al establecimiento.
Mientras vecinos y comerciantes intentaban sacar el agua con escobas, varios vehículos permanecían atrapados en la vía. Girón señaló que el nivel alcanzó aproximadamente los tobillos dentro del local y que las labores de limpieza se extendieron por varias horas.
A pocos metros, Cristina Rivadeneira enfrentó una situación similar.
La comerciante contó que el agua alcanzó cerca de 20 centímetros dentro de su negocio. Ella y otros trabajadores utilizaron baldes para retirar el agua y trasladaron productos a zonas seguras. Algunos equipos electrónicos y mercadería resultaron afectados.
“Pensamos que iba a pasar lo de la otra vez que se llenó de granizo”, recordó.
Para Alexis Jarrín, director del COE Metropolitano de Quito, la explicación del evento del 22 de octubre empieza varios kilómetros antes de la avenida Colón.
Según explicó, la lluvia intensa se formó en sectores altos de las faldas del Pichincha. El proceso combinó altas temperaturas durante la mañana, humedad que ingresó desde el noroccidente y condiciones atmosféricas que favorecieron una fuerte descarga de lluvia sobre sectores ubicados entre El Bosque y la Mariana de Jesús.
Jarrín señaló que las precipitaciones más intensas se registraron desde zonas cercanas al Teleférico y la quebrada Rumipamba.
Desde allí, el agua descendió hacia la parte baja de la ciudad.
“Todo esto se encadenó hacia la 10 de Agosto, incluso un poco más abajo hasta la avenida Amazonas”, explicó.
Dentro de esa trayectoria también aparece la avenida Colón.
Según el director del COE, el 22 de octubre el problema no respondió a la misma dinámica del 7 de octubre. En la primera emergencia, el granizo ocupó un papel central dentro de las afectaciones observadas en el sector. En la segunda, la entidad identificó una acumulación masiva de hojas y material vegetal.
Jarrín afirmó que la tormenta desprendió gran cantidad de follaje de los árboles ubicados en el corredor comprendido entre la Diego de Almagro y la 6 de Diciembre.
Ese material terminó sobre sumideros y alcantarillas justo en una de las zonas con mayor presencia de arbolado urbano.
“La cantidad de hojas fue lo que tapó totalmente los sumideros”, indicó.
Christian Rivera, experto en gestión de riesgos, sostiene que la historia de la Colón también se relaciona con la forma en que el agua circula naturalmente por la ciudad.
Según explica, la avenida constituye la prolongación de una quebrada que recoge aguas desde las faldas del Rucu Pichincha.
Por esa razón, considera que las escorrentías históricamente confluyen en este corredor urbano.
Rivera señala que, décadas atrás, amplias superficies de vegetación absorbían parte del agua y del granizo. En la actualidad predominan edificaciones, avenidas y superficies impermeables que reducen esa capacidad de infiltración.
A su criterio, esa transformación forma parte del contexto que explica las recurrentes inundaciones en el sector.
David Benavides, coordinador académico de la Escuela de Riesgo de Desastres de la UID, coincide en que el análisis no debe limitarse únicamente a la intensidad de las precipitaciones.
El especialista menciona factores como la impermeabilización del suelo, la capacidad del alcantarillado, la ocupación de quebradas, la vulnerabilidad territorial y el mantenimiento de los sistemas de drenaje.
Benavides también recuerda que las lluvias más fuertes suelen coincidir con las últimas horas de la tarde, cuando aumenta la movilidad en la ciudad por el retorno de la población a sus hogares, lo que incrementa la exposición de conductores y peatones durante una emergencia.
Las explicaciones inmediatas cambiaron entre uno y otro evento. Para la emergencia del 7 de octubre, los reportes municipales apuntaron a la acumulación de granizo.
Para la del 22 de octubre, el COE relacionó las afectaciones con el volumen de lluvia que descendió desde las faldas del Pichincha y con la acumulación de hojas y material vegetal en los sumideros.
Sin embargo, ambas tormentas terminaron con escenas similares en la Colón y Diego de Almagro: agua acumulada, vehículos atrapados, negocios afectados y organismos de emergencia desplegados en el sector.
Los especialistas consultados añaden otros elementos al análisis, entre ellos la geografía del lugar, la transformación urbana y la capacidad de drenaje de una zona que vuelve a aparecer entre los puntos más afectados cada vez que las lluvias golpean con fuerza al centro norte de Quito.
La intersección de la avenida Colón y Diego de Almagro registró emergencias por lluvias el 7 y el 22 de octubre de 2026. Las causas inmediatas fueron distintas: en el primer episodio destacó la acumulación de granizo y, en el segundo, el volumen de lluvia y la obstrucción de sumideros con hojas y material vegetal.
Contexto: Los especialistas consultados también relacionan las inundaciones recurrentes con la geografía del sector, la transformación urbana, la impermeabilización del suelo y la capacidad de drenaje.
Una intensa granizada afectó varios sectores del centro norte de Quito, dejó vehículos atrapados y permitió el ingreso de granizo a locales comerciales.
Contexto: Algunos negocios cerraron temporalmente y las labores de limpieza se extendieron durante varias horas.
Según Alexis Jarrín, director del COE Metropolitano de Quito, la tormenta provocó una acumulación de agua y el taponamiento de sumideros por la gran cantidad de hojas y material vegetal.
Contexto: Jarrín explicó que la lluvia intensa se formó en sectores altos de las faldas del Pichincha. El agua descendió hacia la parte baja de la ciudad y afectó corredores como las avenidas 10 de Agosto, Amazonas y Colón.
La comerciante Yadira Girón relató que el agua comenzó a salir por las instalaciones sanitarias de su local y, pocos minutos después, ingresó al establecimiento.
Contexto: El nivel alcanzó aproximadamente los tobillos. Girón y otras personas utilizaron escobas para retirar el agua y las labores de limpieza duraron varias horas.
Cristina Rivadeneira, comerciante del sector, contó que el agua alcanzó cerca de 20 centímetros dentro de su negocio durante la emergencia del 22 de octubre.
Contexto: Ella y otros trabajadores retiraron el agua con baldes y trasladaron productos a zonas seguras. Algunos equipos electrónicos y mercadería resultaron afectados.
Según Alexis Jarrín, la lluvia intensa se formó en las faldas del Pichincha y descendió hacia la parte baja de Quito.
Contexto: El director del COE mencionó precipitaciones intensas desde zonas cercanas al Teleférico y la quebrada Rumipamba, con una trayectoria hacia las avenidas 10 de Agosto, Amazonas y Colón.