5 de August de 2011 00:01

80 chicos perfeccionan su baile y su habilidad en los malabares

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De lunes a viernes, a partir de las 09:00, unos 80 jóvenes llegan a la Casa Metropolitana de las Juventudes de Calderón, en el norte. El lugar está ubicado en la Panamericana Norte y Padre Luis Vaccari, en la esquina.

La mayoría de chicos viven en el sector. Juan Encalada, de 18 años, estudia en un colegio nocturno, en el centro de la ciudad. Hasta el mes anterior, en las mañanas hacía malabares en los semáforos del norte. Desde la semana pasada, él asiste a los talleres gratuitos de la Casa de las Juventudes.

A propósito de las vacaciones escolares, en este espacio se dictan talleres de música, capoeira y malabares. En el patio de la casa se ubican 40 jóvenes inscritos en el taller de capoeira.

Javier Chalá, coordinador, recibe con entusiasmo a los chicos, de entre 14 y 25 años. Después de un calentamiento, Chalá enseña a los jóvenes los movimientos básicos del capoeira, con la ayuda de música brasileña que sale de los parlantes de una grabadora. Los chicos se colocan en ronda y miran una demostración.

En cambio, dentro de la casa, Pablo Toapanta, de 19 años, enseña a 20 chicos cómo fabricar sus propios juguetes (instrumentos de malabares) con materiales reciclables. Sobre una mesa de plástico, Toapanta mezcla un poco de avena y de arroz, coloca el contenido dentro de un globo azul de cumpleaños, lo recubre con otro globo y lo amarra. Así consigue hacer una pelota de malabares. Una vez que cada integrante del taller confeccionó sus pelotas, les enseña a jugar con ellas.

Para Encalada no es difícil confeccionarlas. Hace dos en menos de cinco minutos. Él recuerda que cuando aprendió hacer malabares lo hizo con pelotas de arroz. También ayuda a sus compañeros a fabricarlas.

Miguel Ángel Chávez, coordinador de la Casa de las Juventudes, dice que este espacio se inauguró en septiembre del año pasado. Desde su inicio ha tenido gran acogida de la población. Muchos de ellos, en los años anteriores, asistían a los talleres permanentes y vacacionales, en el centro.

Carlos Pillajo, quien vive en Carapungo se tardaba alrededor de una hora y media en llegar a la Casa de las Juventudes del centro. “La idea de este espacio es que los jóvenes tengan un lugar para compartir y aprender sin salir de su barrio” manifestó Chávez.

En un espacio más pequeño, dentro de la misma casa, está Esteban Góngora. Él es psicólogo de profesión y amante de la música. 15 chicos lo acompañan.

En la segunda semana de taller, Góngora explica técnicas de voz y notas musicales. Algunos chicos llegan con sus propios instrumentos. Uno de ellos es Omar Cañizares, de 17 años, quién hace música en los buses. Él, al igual que Encalada, encontró en los talleres una forma de perfeccionar su habilidad e interactuar con otros jóvenes de su edad.

Se muestran motivados y con ganas de aprender más.

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