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Aforo reducido se cumple solo a medias en los buses en Quito

Pasajeros abordaron una unidad de transporte que estaba casi llena, en la avenida Eloy Alfaro, a la altura de El Inca, en el norte de la ciudad. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Una fila de cerca de 20 personas esperan un bus en la vía principal de la Roldós. Son las 07:00 del martes 8 de junio y al ver que la unidad se acerca, todos se amontonan. No importa que el bus ya esté lleno y que debido a la pandemia, el aforo permitido sea solo del 50%.

Esa imagen se repite en varios sectores de Quito. En el norte ocurre sobre todo en Calderón, Llano Chico, Carapungo, El Condado y La Roldós. Y en el sur, en la Villa Flora, Chillogallo, La Magdalena, la Morán Valverde, Simón Bolívar, Napo, Maldonado y a lo largo de la Mariscal Sucre.

Por eso, en esos puntos se refuerzan los operativos que realiza la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT) precisamente desde las 06:00 hasta las 10:00 y se retoman en la tarde: de 15:30 a 20:00.

Andrea Calle, quien vive en el ingreso de Carapungo, baja cada día hasta la Panamericana para tomar un bus y trasladarse a su trabajo en el Centro.

Cuenta que aunque los agentes tratan de poner orden, muchos pasajeros se suben hasta que los buses estén repletos. Y confiesa que en ocasiones ha hecho lo mismo para no atrasarse. “Sí da miedo contagiarse pero si no me subo pronto, no alcanzo al trabajo”, argumenta.

Francisco Arauz, director de Fiscalización de la AMT, confirma que los controles para verificar que se cumplan los aforos son continuos. Aunque la entidad tiene identificados los puntos más críticos donde se irrespeta el aforo, se han registrado incumplimientos en casi todas las vías principales como De la Prensa, 6 de Diciembre y Eloy Alfaro.

Los agentes se ubican en las paradas con más demanda y cuando ven posibles irrespetos, detienen a las unidades, las revisan y emiten sanciones con el apoyo de registros fotográficos e informes.

Arauz agrega que también se exhorta a los pasajeros y al conductor a que cumplan con las disposiciones. Explica que en los operativos en la Ecovía o Trolebús, pese a que las unidades salen con la capacidad permitida bajo la revisión de los agentes, cuando avanzan a las paradas siguientes, los pasajeros no esperan al siguiente bus y los articulados se llenan.

La AMT ha emprendido estos controles desde el año pasado, cuando se reanudó el servicio de transporte público tras la cuarentena. Durante los primeros meses del 2020 no se registraron muchos incumplimientos porque muchas actividades aún no se reactivaban.

De junio a diciembre del 2020 se reportaron 670 incumplimientos de aforo en las unidades de transporte, mientras que el primer semestre de este año, los irrespetos casi se han triplicado.

La sanción a los conductores que incumplen con el aforo la determina la Secretaría de Movilidad, y puede ir desde una acción administrativa hasta una multa económica de hasta los cuatro salarios básicos.

Para el secretario de Movilidad, Guillermo Abad, las aglomeraciones en paradas y en el interior de los buses siempre se han dado en la ciudad, y si hoy son más frecuentes es porque las unidades deben ir a mitad de su capacidad. Sostiene que se necesitaría el doble de buses para cumplir con toda la demanda. Cree que parte de la solución está en la segmentación de horarios.

Es decir, que una alternativa para la saturación del transporte público es que se clasifique la hora de salida e ingreso de personas según la actividad.

Por ejemplo, que a las 06:00 ingrese el sector industrial, desde las 07:00 u 08:00 el sector público, para dosificar, y así por cada sector productivo. “Es un proceso que toma más tiempo, pero que hay que pensarlo, no solo por temas de salud sino por movilidad”.

Según el Secretario, los estudios más recientes sobre la propagación del covid-19 en el transporte público indican que lo ideal es usar mascarilla y no conversar ni consumir alimentos dentro de la unidad.

En eso coincide el epidemiólogo Iván Dueñas, investigador de la PUCE. A estas recomendaciones agrega el distanciamiento de al menos 1,5 metros entre pasajeros. La principal preocupación, asegura, está en las partículas que circulan en el ambiente.

El especialista afirma que las superficies no son fuentes de contagio, por lo que ocupar un asiento o agarrar un pasamano no representaría mayor riesgo que ir en una unidad repleta de pasajeros, donde el aire no circule de manera adecuada. El uso de alcohol es fundamental.