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Hospital Carlos Andrade Marín está desabastecido en un 70%

Afiliados y familiares esperan en las afueras del área de Emergencia del HCAM. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Con 700 camas de capacidad, el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), en Quito, es uno de los tres hospitales de la red del Seguro Social que resuelve problemas de salud de alta complejidad, pero hoy no tiene ni paracetamol.
La situación es crítica y los familiares de los pacientes la sienten a diario. Peregrinan por farmacias privadas consiguiendo medicinas.

Los padres de Daniela fueron ingresados por emergencia al HCAM en julio pasado, por covid-19. Su madre, Cecilia Garrido (64 años) ingresó el 12; su padre, Julio Suasnavas (72 años), entró un día después. Ellos fueron trasladados a la unidad de cuidados intensivos para ser intubados.

Desde el ingreso de Cecilia y Julio, la familia tuvo que comprar las medicinas, desde lo más básico, como paracetamol; hasta insumos para la intubación, propofol, troypofol antibióticos y otros fármacos. Los doctores les decían, solo por teléfono, por ejemplo: “vamos a cambiar el sedante, son 36 ampollas para su mamá, 42 para su papá, necesitamos hasta hoy a las 17:00”.

En los más de 20 días en que los esposos Suasnavas-Garrido estuvieron en terapia intensiva los gastos en medicinas e insumos superaron los USD 15 000. Daniela y sus dos hermanas pidieron un crédito de 10 000 para cubrir los gastos.

Un médico del IESS, con la condición de que no se publicara su nombre, contó que no hay fármacos para solventar necesidades urgentes -como norepine­frina, furosemida, losartan y más antiperceptivos– “necesarios para salvar la vida”. Según el galeno, el problema ha sido constante desde el 2020 y se agudizó este año.

Frente a la necesidad, los profesionales solicitan las medicinas de forma verbal a los familiares de los pacientes, con ello se arriesgan porque está prohibido pedir que los compren de forma particular. “Si alguien da una receta le pueden denunciar y al médico le abren un sumario administrativo. Pero no podemos hacer nada más”, señaló.

Daniel Rodríguez es el gerente del HCAM. Él fue posesionado hace un mes en el cargo, como parte de un proceso de cambio de los altos mandos en las casas de salud que, según las nuevas autoridades del IESS, busca dotar de transparencia y eficiencia a la gestión.

Rodríguez explica que recibió el hospital en “franco desabastecimiento”, tanto de insumos como de medicamentos, que bordea el 70%. “Es un problema muy serio”, dice.

El Gerente indica que esta situación se arrastra desde hace casi dos años, como consecuencia de varios factores.

Uno de ellos es el fallido Decreto 1033 del expresidente Lenín Moreno, para la compra corporativa de medicamentos con un operador logístico y que no se dio, por las falencias que tenía el Decreto. La anterior Dirección de Salud del IESS dispuso que las compras solo se hicieran hasta julio pasado, en espera del nuevo proceso masivo que no se ha dado.

Pero ni eso se hizo. Según Rodríguez, las administraciones anteriores del HCAM tuvieron un presupuesto de USD 62 millones para la compra de medicinas este año, pero solo se ejecutaron 6 millones.

“Para tener una idea, este Hospital realiza de 900 a 1 000 procesos de compras en un año. Abastecer un hospital no se hace de la noche a la mañana. Los procesos tardan tiempo, deben prepararse, pero no se hizo. Hubo falta de gestión y eso es ineficiencia”, indicó.

Además, Rodríguez dice que halló pliegos de compras adelantados, pero con precios “que no eran los adecuados”.

Mientras se preparan y se corrigen procesos, Rodríguez dijo que ha procedido con compras por ínfima cuantía.
“Ya existe un plan nuevo de compras”, con un presupuesto de USD 22 millones.

Patricia Borja, experta en seguridad social, señaló que un informe de la Contraloría del 2019 del HCAM ya advertía que no hay una correcta planificación de las compras. “No solo es la falta de recursos; hay una gestión no adecuada”.

Daniela dice que lo más lamentable es que sus papás no resistieron a la enfermedad. El padre falleció el pasado 28 de julio y el 3 de agosto murió la madre. “Mis papis trabajaron toda su vida, aportaron por más de 45 años al IESS y en el momento que más lo necesitaron no tuvieron ese apoyo que se esperaba. Eso no es justo”.