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Un tercio del mundo, sin acceso a Internet

Al menos tres cuartas partes de las personas jóvenes del mundo están capacitados para usar Internet. Foto: Pexels.

El 95% de los jóvenes de entre 15 y 24 años utiliza Internet en los países más ricos, 56 puntos porcentuales más que en los países más pobres (39%), según indica este 30 de noviembre el informe anual de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

Según los datos, al menos tres cuartas partes de los jóvenes de todo el mundo están capacitados para utilizar Internet, tres puntos porcentuales más que el año pasado y 10 puntos por encima del mismo dato entre los mayores de 24 años (65%).

Costos complican situación

Esta capacidad contrasta con el hecho de que, en total, 2 700 millones de personas -un tercio de la población mundial- no tiene conexión a Internet.

Para el secretario general de la organización, Houlin Zhao, el precio medio de los servicios de banda ancha móvil (ADSL) es “el mayor obstáculo para el acceso a Internet, especialmente en los países más pobres”.

Ello pese a que el precio a nivel global bajó cuatro décimas porcentuales en 2022, pasando de suponer el 1,9% de la renta nacional bruta per cápita al 1,5%, según el informe de la UIT.

El precio de los servicios de Internet vía móvil sigue teniendo un costo mucho más elevado para los usuarios de los países más pobres, donde estos servicios suponen de media un 9% del salario de cada usuario.

Solo el 21% de las mujeres que viven en los países más pobres son usuarias de Internet, 11 puntos porcentuales menos que los hombres con acceso a la red en los mismos países (32%).

La brecha de género es más pequeña en los países más ricos, donde el 63% de las mujeres usaron Internet en 2022, seis puntos porcentuales por debajo de los usuarios varones (69%).

Con todo, el índice de paridad de género global -el porcentaje de usuarias de Internet dividido entre el porcentaje de usuarios- mejoró ligeramente desde el 2019 (cuando había 90 usuarias por cada 100 usuarios hombres) hasta 92/100 en 2022.

El ejemplo serbio

La estrategia de generar conectividad y progreso a través de la tecnología que desarrollan los países con más recursos la está demostrando Serbia.

Se conoció que facultades universitarias, institutos científicos y empresas emergentes conformarán en Belgrado el mayor centro de investigación tecnológica de los Balcanes, llamado ‘BIO4’, con el que el Gobierno serbio espera frenar la fuga de talentos de esa región en el sureste de Europa.

Según la ministra serbia de Ciencia, Desarrollo Tecnológico e Innovación, Jelena Begovic, la iniciativa busca convertir a la capital serbia en un centro neurálgico de la biomedicina y la biotecnología.

“La inteligencia artificial y la biotecnología son la nueva revolución industrial”, aseguró Begovic ante un grupo de periodistas europeos, entre ellos EFE, invitados a Belgrado por la Comisión Europea.

El ambicioso proyecto, enmarcado en el esfuerzo de Serbia para entrar en los próximos años en la Unión Europea (UE), abarca unas 20 hectáreas y comenzará a construirse en los próximos meses.

El plan es que los investigadores puedan compartir e intercambiar conocimientos y experiencias con empresas emergentes para “acercar a la comunidad científica serbia al emprendimiento” y “aglutinar el talento científico y económico del país”, precisó.

“Serbia ve BIO4 como una plataforma en la que reunir físicamente al mundo académico, al sector privado, las empresas emergentes y en un solo lugar”, explicó Begovic a los medios, entre ellos EFE.

Apoyo a la productividad

Del mismo modo, cultivos conectados a Internet, satélites y robots que predicen con la ayuda de inteligencia artificial el clima y las necesidades de los vegetales. Así es como Serbia también pretende crear una aldea agrícola digital que se adapte al cambio climático.

El proyecto Digital Village (Aldea Digital), impulsado por la empresa pública serbia BioSense Institute, quiere transformar la localidad rural de Mokrin en un modelo de referencia para paliar los efectos de la crisis climática.

Las temperaturas extremas vividas en los últimos meses en el norte de Serbia, donde se encuentra la aldea de 5 300 habitantes, han reducido la cosecha de maíz un 90% con respecto al año anterior.

El BioSense Institute recibió USD 39,38 millones de la Unión Europea (UE) a través de varios programas de innovación tecnológica y cuenta con ayudas del Gobierno por USD 14,5 millones.

Para convertir las granjas convencionales en un escenario de vanguardia, BioSense Institute cuenta con satélites y drones que recogen imágenes aéreas de los cultivos y visualizan con un mapa de calor el estado de la siembra.


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