La suspensión de clases presenciales por las lluvias pone a prueba la brecha digital en Ecuador en 2026

Las inundaciones obligan a suspender clases presenciales y ponen a prueba la educación virtual en Ecuador.

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Las fuertes lluvias que afectaron a Guayaquil, Durán y Samborondón desde la noche del domingo 18 de octubre provocaron inundaciones, dificultades de movilidad y la suspensión de clases presenciales este lunes 19 de octubre de 2026. La emergencia obligó a trasladar parte de las actividades educativas a la modalidad virtual y reabrió un debate que cobró fuerza durante la pandemia: las condiciones que tienen estudiantes, docentes y familias para sostener la educación fuera de las aulas.

Las lluvias obligan a trasladar las clases a la modalidad virtual

La ministra de Educación, Deporte y Cultura, Gilda Alcívar, anunció la suspensión de las actividades presenciales en los planteles ubicados en sectores inundados o con problemas de acceso de las zonas educativas 5 y 8.

La Zona 8 comprende Guayaquil, Durán y Samborondón. La Zona 5 incluye sectores de Guayas, Los Ríos, Santa Elena y Bolívar. La información entregada por las autoridades también menciona a Galápagos entre las provincias comprendidas por la medida.

Antes del anuncio ministerial, varias instituciones particulares cancelaron sus jornadas presenciales para proteger a niños y adolescentes. La Universidad de Guayaquil dispuso el teletrabajo y las actividades virtuales asincrónicas hasta nueva disposición. La Universidad de las Artes también adoptó medidas de flexibilidad para su comunidad.

Guayaquil soportó alrededor de ocho horas de lluvia entre la noche del domingo y la madrugada del lunes. Hasta las 06:00, Segura EP reportó al menos 38 emergencias por acumulación de agua. Sauces 6, Urdesa y Samanes estuvieron entre los sectores afectados.

Las precipitaciones también causaron problemas en Daule, Samborondón, Milagro y Babahoyo. En Tenguel, parroquia del cantón Guayaquil, las autoridades reportaron el desbordamiento de un río y afectaciones preliminares en calles y viviendas.

El traslado de las clases a plataformas digitales permite responder a las dificultades de movilidad, pero también plantea una pregunta: ¿todos los estudiantes cuentan con los recursos y el acompañamiento necesarios para continuar sus actividades desde casa?

Ecuador aumentó el acceso a Internet entre 2022 y 2025

Las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran avances en el acceso a Internet y el uso de herramientas digitales durante los últimos años.

El porcentaje de hogares con acceso a Internet pasó del 60,4% en julio de 2022 al 71,3% en julio de 2025, un incremento de 10,9 puntos porcentuales.

En el mismo período, la proporción de personas que utilizan Internet subió del 69,7% al 80,1%, una diferencia de 10,4 puntos porcentuales.

El porcentaje de personas con un celular activado pasó del 58,8% en 2022 al 61,9% en 2025. La tenencia de teléfonos inteligentes también aumentó, del 52,2% al 59,3%.

Otro indicador que mejoró fue el analfabetismo digital, cuya tasa descendió del 8,2% en julio de 2022 al 2,1% en julio de 2025.

Pese a estos avances, las cifras nacionales no muestran por sí solas si los hogares cuentan con las condiciones necesarias para aprovechar la tecnología en la educación.

La brecha digital también depende de los conocimientos tecnológicos

Lorena Naranjo, experta en temas digitales y columnista de EL COMERCIO, explica que la brecha digital comprende tres elementos: el acceso a dispositivos, la conexión a Internet y las capacidades para utilizar herramientas tecnológicas.

“Sí hemos mejorado”, señaló Naranjo al revisar los indicadores correspondientes al período entre 2022 y 2025.

Sin embargo, la especialista advierte que disponer de conexión no resuelve las dificultades de una familia que carece de equipos o de los conocimientos necesarios para utilizar las plataformas educativas.

“Si no tienes el celular o la computadora en la casa, ¿cómo haces? Si no tienes Internet contratado, ¿cómo accedes? Y si no sabes cómo usar Teams, conectarte a Zoom o utilizar una plataforma virtual, también tienes una barrera”, explicó.

Las competencias digitales también son necesarias para padres, cuidadores y docentes. Naranjo señala que los niños de siete, ocho, nueve o 10 años suelen necesitar ayuda para ingresar a una clase, identificar su usuario o completar una actividad.

Los adolescentes pueden desenvolverse con mayor autonomía frente a los dispositivos. Los estudiantes más pequeños, en cambio, suelen depender de una persona adulta para participar en las clases virtuales.

La pandemia aceleró el uso de herramientas digitales

Naranjo identifica la pandemia como un punto de inflexión en la transformación digital de Ecuador. La emergencia sanitaria obligó a escuelas, colegios, familias y otras organizaciones a incorporar infraestructura, programas y plataformas para mantener las actividades a distancia.

“Los datos antes de la pandemia eran bajísimos. A partir de la pandemia logramos mejorar estos indicadores porque las organizaciones tuvieron que incorporar infraestructura y software”, afirmó.

Varias instituciones educativas crearon cuentas, asignaron usuarios y habilitaron enlaces para que sus estudiantes ingresaran a clases remotas. Estos mecanismos facilitaron la continuidad educativa y acercaron a las familias al uso de herramientas digitales.

No obstante, las condiciones actuales son distintas. Durante la pandemia, madres, padres, estudiantes y otros integrantes del hogar concentraron sus esfuerzos en adaptarse a las clases remotas. En 2026, muchos adultos cumplen sus jornadas laborales fuera de casa y no siempre pueden acompañar a los niños durante una clase virtual.

“Los niños pequeños necesitan acompañamiento. Durante la pandemia lo logramos por el esfuerzo de toda la unidad familiar y por el tiempo de preparación. Ahora la realidad es distinta”, indicó Naranjo.

Tener Internet no garantiza el acceso efectivo a la educación virtual

Karla Mora, docente de la Escuela de Computación de la UIDE, coincide en que Ecuador logró avances importantes en conectividad, pero sostiene que el país todavía no supera por completo la brecha digital.

Mora recuerda que la pandemia expuso las dificultades de los estudiantes que carecían de Internet, computadoras o dispositivos adecuados para continuar sus clases. Según una cifra de Naciones Unidas citada por la docente, apenas el 37% de los hogares ecuatorianos contaba con Internet en 2020.

Para 2025, el porcentaje de hogares con acceso a Internet llegó al 71,3%, mientras que el 80,1% de las personas de cinco años o más utilizaba este servicio, según los indicadores del INEC citados por Mora.

Aun así, la conexión no garantiza que un estudiante pueda desarrollar sus actividades en condiciones adecuadas.

“Tener Internet no significa necesariamente tener acceso efectivo a la educación virtual“, afirmó la docente.

Un estudiante puede depender de un teléfono celular para conectarse, compartirlo con otros integrantes de su familia o disponer de una cantidad limitada de datos móviles. Estas condiciones pueden dificultar la participación en videoconferencias, la entrega de tareas y el uso de plataformas educativas.

Además, un celular no ofrece las mismas posibilidades que una computadora. El tamaño de la pantalla, el consumo de datos y las dificultades para escribir, descargar documentos o utilizar varias aplicaciones pueden limitar el desarrollo de las actividades escolares.

La brecha digital rural supera a la urbana

Las diferencias territoriales se reflejan en los indicadores de analfabetismo digital y acceso a recursos tecnológicos.

En 2024, el analfabetismo digital alcanzó el 5,4% a escala nacional. En las zonas rurales llegó al 14,1%, frente al 1,9% registrado en las urbanas.

Ese mismo año, el acceso a recursos tecnológicos, servicios, aplicaciones y contenidos digitales alcanzó el 73,6% en las zonas urbanas y el 48,1% en las rurales, una diferencia de 25,5 puntos porcentuales.

Los datos de julio de 2025 muestran una reducción del analfabetismo digital, aunque persiste la desigualdad territorial. La tasa se ubicó en el 5,6% en las áreas rurales y en el 0,8% en las urbanas. El indicador rural fue siete veces superior al urbano.

Mora también cita una medición de acceso a Internet correspondiente a 2024 y 2025: el 78,3% en las viviendas urbanas y el 62,2% en las rurales. Para la docente, estas cifras evidencian que la ubicación geográfica todavía condiciona las oportunidades educativas.

Los ingresos y el nivel educativo marcan otras desigualdades

Las diferencias económicas también inciden en el acceso y el uso de la tecnología.

En 2025, el analfabetismo digital llegó al 7,4% entre las personas del primer quintil, que agrupa a la población con menores ingresos. En el tercer quintil, el indicador descendió al 1,7%, mientras que en el quinto, correspondiente al grupo con mayores recursos, se ubicó en el 0,3%.

Así, la tasa del quintil más pobre fue casi 25 veces superior a la del más rico.

El acceso a Internet en los hogares también refleja esa distancia. En 2025, el 84,37% de los hogares del quinto quintil contaba con conexión, frente al 50,87% de los hogares del primero. La diferencia fue de 33,5 puntos porcentuales.

El nivel educativo también marca una brecha. El analfabetismo digital alcanzó el 11,1% entre las personas sin instrucción formal y el 6% entre quienes tienen educación básica. La tasa descendió al 0,5% entre las personas con bachillerato y llegó al 0% entre quienes poseen educación superior.

La diferencia también aparece en el acceso a Internet de los hogares según el nivel educativo de quien los encabeza. El porcentaje llegó al 88,57% en los hogares cuyo jefe tenía educación superior, mientras que bajó al 38% en aquellos cuyo jefe no contaba con instrucción formal.

La población indígena registra el mayor analfabetismo digital

Las cifras de 2025 muestran diferencias según la identificación étnica.

La población indígena registró una tasa de analfabetismo digital del 10%, la más alta entre los grupos incluidos en el indicador. La población montubia alcanzó el 3,7% y la afroecuatoriana, el 2,9%.

En contraste, la población mestiza registró el porcentaje más bajo, con el 1%.

Estas cifras muestran que el promedio nacional del 2,1% no refleja las condiciones de todos los sectores de la población. Las diferencias por identificación étnica se suman a las desigualdades territoriales, económicas y educativas.

Las inundaciones exigen planes de continuidad educativa

Para Mora, la suspensión de clases presenciales por las lluvias evidencia la necesidad de preparar al sistema educativo para responder a situaciones de emergencia.

La docente considera que las instituciones necesitan planes de continuidad educativa que contemplen la disponibilidad de Internet y equipos, la capacitación de los docentes y las alternativas para los estudiantes que no pueden conectarse.

“Necesitamos planes de continuidad educativa que consideren la conectividad, la disponibilidad de equipos, la capacitación docente y alternativas para los estudiantes que no pueden conectarse”, expresó Mora.

Una inundación también puede provocar cortes de electricidad, problemas de movilidad, desplazamientos o daños en las viviendas. Por eso, incluso una familia con conexión a Internet puede carecer de las condiciones necesarias para que un estudiante ingrese de inmediato a una clase.

Mora considera que las instituciones deben tomar en cuenta estas dificultades antes de exigir asistencia virtual o la entrega inmediata de actividades.

Naranjo, por su parte, destaca la importancia de la planificación. Los estudiantes y sus familias necesitan conocer con anticipación la plataforma que utilizarán, el enlace de acceso, el usuario, la contraseña y las instrucciones para ingresar.

Un cambio repentino a la modalidad virtual puede generar dificultades adicionales cuando la familia dispone de una sola computadora, los adultos cumplen horarios laborales fuera de casa o los estudiantes necesitan acompañamiento para conectarse.

Ecuador reduce la brecha digital, pero persisten las desigualdades

Los indicadores muestran avances en el acceso a Internet, el uso de dispositivos y las competencias digitales desde la pandemia. Sin embargo, las diferencias entre zonas urbanas y rurales, niveles de ingresos, niveles educativos y grupos étnicos evidencian que esos avances no han beneficiado a toda la población por igual.

Las lluvias del 19 de octubre volvieron a poner a prueba la capacidad de las instituciones educativas para mantener sus actividades fuera de las aulas. En una emergencia, la conexión a Internet no basta si los estudiantes carecen de equipos adecuados, electricidad o acompañamiento para participar en las clases.

“Avanzamos en el acceso a la tecnología, pero todavía enfrentamos desafíos importantes en equidad digital. El verdadero objetivo no consiste solo en conectar hogares, sino en garantizar que ningún estudiante pierda oportunidades de aprendizaje por sus condiciones económicas, tecnológicas o geográficas”, concluyó Mora.


Brecha digital en Ecuador; preguntas frecuentes

❓ ¿Por qué se suspendieron las clases presenciales en Ecuador el 19 de octubre de 2026?

La ministra de Educación, Deporte y Cultura, Gilda Alcívar, anunció la suspensión de las actividades presenciales en planteles ubicados en sectores inundados o con problemas de acceso de las zonas educativas 5 y 8.
Contexto: La medida respondió a las fuertes lluvias y las dificultades de movilidad. Antes del anuncio, varias instituciones particulares ya habían cancelado sus jornadas presenciales.

❓ ¿Qué provincias y ciudades comprende la suspensión de clases presenciales?

La Zona 8 comprende Guayaquil, Durán y Samborondón. La Zona 5 incluye sectores de Guayas, Los Ríos, Santa Elena y Bolívar. Las autoridades también mencionaron a Galápagos entre las provincias comprendidas por la medida.
Contexto: La suspensión se aplica a los planteles situados en sectores inundados o con problemas de acceso, no de manera general a todas las instituciones de esas zonas.

❓ ¿Qué medidas adoptaron las universidades de Guayaquil por las lluvias?

La Universidad de Guayaquil dispuso el teletrabajo y las actividades virtuales asincrónicas hasta nueva disposición. La Universidad de las Artes adoptó medidas de flexibilidad para su comunidad.
Contexto: Antes del anuncio ministerial, varias instituciones particulares también cancelaron sus jornadas presenciales para proteger a niños y adolescentes.

❓ ¿Cuánto aumentó el acceso a Internet en los hogares ecuatorianos entre 2022 y 2025?

El porcentaje de hogares con acceso a Internet pasó del 60,4% en julio de 2022 al 71,3% en julio de 2025, un incremento de 10,9 puntos porcentuales.
Contexto: En el mismo período, la proporción de personas que utilizaban Internet subió del 69,7% al 80,1%, según los indicadores del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

❓ ¿Ecuador superó la brecha digital desde la pandemia?

No. Ecuador mejoró sus indicadores de conectividad y uso de herramientas digitales, pero persisten desigualdades en el acceso a dispositivos, la conexión a Internet y las competencias tecnológicas.
Contexto: Lorena Naranjo, experta en temas digitales y columnista de EL COMERCIO, y Karla Mora, docente de la Escuela de Computación de la UIDE, coinciden en que tener conexión no garantiza el acceso efectivo a la educación virtual.

❓ ¿Qué porcentaje de hogares ecuatorianos tenía Internet en 2020 y 2025?

Según una cifra de Naciones Unidas citada por Karla Mora, el 37% de los hogares ecuatorianos contaba con Internet en 2020. Para julio de 2025, el indicador llegó al 71,3%, según los datos del INEC.
Contexto: El aumento refleja avances en conectividad desde la pandemia, pero no determina si todos los estudiantes disponen de computadoras, dispositivos adecuados o condiciones para participar en clases virtuales.

❓ ¿Cuál es la diferencia entre el analfabetismo digital rural y urbano en Ecuador?

En julio de 2025, el analfabetismo digital alcanzó el 5,6% en las áreas rurales y el 0,8% en las urbanas. La tasa rural fue siete veces superior a la urbana.
Contexto: En 2024, el acceso a recursos tecnológicos, servicios, aplicaciones y contenidos digitales llegó al 73,6% en las zonas urbanas y al 48,1% en las rurales, una diferencia de 25,5 puntos porcentuales.