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Oña y Nabón, en Azuay, entraron a la ruta de destinos turísticos al aire libre

En la Laguna de Curiquingue hay botes a remo. El paseo de 30 minutos cuesta USD 1,50 por persona, mientras que los de motor, USD 2,50. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

En la Laguna de Curiquingue hay botes a remo. El paseo de 30 minutos cuesta USD 1,50 por persona, mientras que los de motor, USD 2,50. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

En la Laguna de Curiquingue hay botes a remo. El paseo de 30 minutos cuesta USD 1,50 por persona, mientras que los de motor, USD 2,50. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Sus cascadas, lagunas, ríos, bosques y los tramos de la Ruta del Inca son en especial los preferidos de los turistas, por ser espacios al aire libre. Hasta antes de la pandemia, los cantones Nabón y Oña, en el sur de Azuay, no despertaban interés turístico.

Ambos cantones están ubicados a 40 minutos de Cuenca, siguiendo la vía a Loja. La Ramada es la primera parada que hacen los visitantes para ingresar al Centro Gastronómico de la comuna indígena de Chunazana.

Allí, los emprendedores de ocho organizaciones ofrecen comida típica y productos agrícolas. Se destacan el caldo de gallina criolla, tortillas de trigo o choclo, cuy con papas, aguas aromáticas, hortalizas, verduras y frutas que cultivan en sus huertas.

Para ingresar a la construcción elaborada con barro, una persona controla la temperatura, el uso obligatorio de la mascarilla, lavado y desinfección de manos y el distanciamiento físico. “Los cuidamos y nos cuidamos”, dice Narcisa Mayaguary, quien ofrece comida típica.

Luego de un descanso, los turistas se dirigen al principal atractivo de Nabón, que es la laguna de Curiquingue. Está ubicada a 8 kilómetros de La Ramada, siguiendo una sinuosa carretera de tierra.

La laguna se formó en el 2008, por un macrodeslizamiento que taponó el cauce del río Curiquingue. Este fenómeno fue aprovechado por el Municipio y el Cabildo de Chunazana para adecentar la zona, impulsar el turismo y dinamizar la economía de las 140 familias del sector. Además, la comuna reinvierte los ingresos en el mantenimiento y mejoramiento de la laguna y el Centro Gastronómico.

Hay un muelle, botes para navegar en la laguna y senderos ecológicos para las caminatas; el sitio ocupa 2 hectáreas. También se puede hacer camping y pesca deportiva; además es factible preparar alimentos en espacios definidos, explica Byron Yunga, administrador de la laguna.

La lojana Estefanía Mora visitó la semana pasada las cascadas de El Rodeo, ubicadas en el cantón azuayo de Oña. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

El ingreso cuesta USD 1 por persona. Este espacio, junto con el Centro Gastronómico, funcionan desde diciembre del 2018. Antes de la pandemia llegaban menos de 100 personas por semana; ahora superan las 300.

En los dos últimos feriados hubo gran afluencia de familias. Hay comuneros que se encargan de que todos los turistas ingresen con mascarilla. “La gente disfruta porque sale del encierro y vive un contacto con la naturaleza”, cuenta Yunga.

La cuencana Gardenia Ávila también ha visitado las minas de sal natural y las cuevas de Rarig, que son otros atractivos de Nabón. “Estos destinos son una alternativa para respirar y dan una sensación de libertad”.

En la actualidad, el cantón Nabón recibe un promedio de 500 turistas por semana y Oña, sobre los 200, según datos de los municipios. Antes de la llegada de la emergencia sanitaria recibían menos de 150 visitantes, entre ambas jurisdicciones.

Los atractivos de Oña son las cascadas del Rodeo (parroquia El Tablón), el barrio patrimonial de San Francisco, las cascadas de Cuvilán y Tres Lagunas, ubicadas en la parte más alta del cantón. El Rodeo es el espacio más visitado en esta época, siguiendo la vía Cochapata-Oña-Morasloma-Gununcápac. La otra opción es la vía Cuenca-Loja, ingresando por la parroquia El Tablón.

Los vehículos se quedan en Gununcápac y de allí los turistas caminan 1 kilómetro por un sendero definido para llegar a la primera cascada. 200 metros más adelante y en ascenso está la más grande. David Ochoa, director municipal de Turismo de Oña, reconoce que antes llegaban pocos turistas y ahora arriban más azuayos y lojanos.

Para Ochoa, esta reactivación también apoya a las pequeñas economías locales. “A El Rodeo llegan familias y ciclistas aventureros. Hay sitios para acampar y hacer pesca deportiva, pero está prohibido encender fogatas”.