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Centro de Huellas Nativas DAL se abrió con 300 piezas arqueológicas

La pieza central refleja las manos de los artesanos. El sitio se maneja con un concepto sonoro. Foto: Cortesía.

La primera pieza fue una vasija de la cultura Daule-Tejar, que data de hace unos 1 500 años. El valioso objeto fue un obsequio de la escritora Lily Pilataxi de Arenas, para el empresario y radiodifusor Ramón Sonnenholzner.

Esto fue el 24 de agosto de 2021. De ahí siguieron otras donaciones que, finalmente, permitieron la creación del Centro de Huellas Nativas DAL, ubicado en el Parque Cultural Garza Roja, en el cantón Nobol, provincia del Guayas.

En el museo se encuentran 300 piezas de las culturas litoralenses, pertenecientes a diferentes periodos. Reposan dentro de una construcción climatizada, con una ­iluminación tenue.

“En la parte de afuera hay una exposición arqueológica con los cuatro periodos. Hay una réplica in situ de Los Amantes de Sumpa, que es donde se inicia la historia de nuestra cultura”, señaló Sonnenholzner a EL COMERCIO.

Según el empresario, la familia Ossa donó las 300 piezas. “Se llama DAL por Doménica, la hija de la familia Ossa que falleció por un cáncer; la A es de Antonieta Fúnez, que fue mi profesora de Arqueología, y la L es por Lily Pilataxi, que me donó la primera vasija”.

Construcción sonora

El músico Schubert Ganchozo y su esposa, Ángela Zambrano, crearon el concepto de la obra.

“El sitio parte del concepto de arquitectura sonora. Mi esposa y yo somos músicos y hay mucha tradición en el mundo de la construcción de recintos sagrados, tomando en cuenta la longitud de onda del sonido”, explicó Ganchozo.

Según el artista, “este recinto está consagrado a la nota La y al acorde de La menor, que es un acorde femenino. Los católicos lo llaman el ‘acorde de María’”.

Fue concebido como un recinto sagrado. Aquí se guarda el legado que viene de 12 000 años atrás y se proyecta hacia el futuro.

La pieza central que recibe a los visitantes es una pieza donde las manos de barro ofrecen el legado de miles de años. Toda la exposición está sostenida con réplicas de las manos de los trabajadores y artistas de Garza Roja.

Ganchozo afirmó que “con este Centro de Huellas Nativas podemos hacer que los noboleños, los dauleños, los del Litoral… se sientan orgullosos de su cultura y sean los portadores de este legado”.


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