
Miles de ecuatorianos reciben una notificación o alerta en el celular cuando ocurre un sismo fuerte o terremotos. La señal se recibe antes del movimiento en algunos casos y después en otros, lo cual genera dudas entre los usuarios. Los sismólogos Hugo Yepes, exdirector del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (EPN), y Mario Ruiz, vicerrector encargado de Investigación de la EPN, explican el funcionamiento de este sistema.
La alerta solo la reciben los teléfonos Android, no los iPhone, como publicó este medio el 11 de agosto de 2026. Yepes explica que el sistema usa un componente que ya está dentro de los teléfonos Android: el acelerógrafo. Este pequeño sensor mide la aceleración de la gravedad y las fuerzas horizontales del aparato. Por esa razón, la pantalla del celular gira cuando el usuario cambia la posición del equipo: el acelerógrafo detecta el cambio en la dirección de la gravedad y ajusta la imagen.
Ese mismo sensor también capta los movimientos que produce un terremoto. Los teléfonos con el sistema Android incluyen esta tecnología.
Cuando un terremoto empieza, muchos celulares ubicados en la zona del epicentro registran al mismo tiempo un movimiento horizontal similar. El sistema cruza esos datos, identifica el patrón típico de un sismo y calcula la ubicación aproximada del evento. A partir de ese cálculo, envía una alerta a los teléfonos que están dentro de un radio cercano a los 500 kilómetros de los terremotos o sismos.
La notificación viaja como una señal electromagnética, a una velocidad de 300 000 kilómetros por segundo, explica Yepes. Las ondas sísmicas, en cambio, avanzan a pocos kilómetros por segundo. Esa diferencia de velocidad crea un margen de entre 10 y 30 segundos entre la llegada de la alerta al teléfono y la llegada del movimiento sísmico al mismo punto.
Ese margen solo existe para las personas que están a cierta distancia del epicentro. Yepes explica que el sistema no predice el sismo, mide un movimiento que ya ocurre y avisa a los equipos que todavía no sienten la sacudida. Mario Ruiz coincide: la alerta se activa “una vez que ocurre el terremoto” y se dispara en las zonas cercanas al punto donde comienza el movimiento.
Por esa razón, quienes están en el epicentro o muy cerca de él no reciben ningún aviso previo. El sismo llega al mismo tiempo o incluso antes que la notificación, porque ahí no existe la distancia suficiente para aprovechar la diferencia entre la velocidad de la señal y la velocidad de la onda sísmica.
En 1985 un terremoto de magnitud 8.2 golpeó México a 350 kilómetros de la capital. Las ondas sísmicas tardaron cerca de 40 segundos en llegar a la ciudad de México. En este caso, hubo tiempo suficiente para generar una alerta, sin embargo, hace 41 años no había esta tecnología.
Ese sismo fue desastroso, debido a que el subsuelo de la antigua zona del lago de Texcoco amplificó el movimiento de una forma particular. Por ello, los edificios de entre 5 y 15 pisos se movieron en una especie de vaivén con esas ondas, lo que provocó el colapso de varias estructuras. Ese episodio dejó más de 10 000 víctimas y marcó el diseño posterior de los sistemas de alerta temprana en la región.
El caso ecuatoriano difiere en un punto clave: la falla de Quito corre por debajo de la propia ciudad. Yepes señala que, en ese escenario, la alerta temprana pierde su utilidad práctica, porque no existe la distancia necesaria entre el punto de origen del sismo y los usuarios para generar el margen de segundos que sí funciona en otros contextos.
La notificación cumple una función puntual: da a algunos usuarios un margen breve, de pocos segundos, para buscar refugio antes de sentir un sismo que ya se inició en otro punto del país o de la región. No anticipa terremotos ni calcula su magnitud con horas o días de anticipación, enfatiza Ruiz. Tampoco reemplaza los protocolos básicos de seguridad ante un sismo.
Ruiz también aclara un punto que genera dudas después de cada sismo grande: cuando la notificación no llega a un usuario en Ecuador, eso no representa una falla del sistema. La alerta se activa solamente en la zona de influencia del terremoto. Si el epicentro está en otro país, como ocurrió con el terremoto de Colombia, el sistema activa la notificación en ese país y no en territorio ecuatoriano, ya que Ecuador está fuera del radio de acción del evento.
La aplicación procesa la señal de manera casi inmediata y la distribuye a los teléfonos que están más lejos del punto de origen, antes de la llegada de la onda sísmica a esos lugares. Los equipos ubicados cerca del epicentro no cuentan con ese margen: ahí la gente siente el movimiento y, al mismo tiempo, ve el colapso de estructuras cercanas, sin ningún aviso previo posible.
El terremoto de Colombia es devastador
Sirve para dar un margen de entre 10 y 30 segundos a los usuarios que están lejos del epicentro, antes de que llegue el movimiento sísmico. La notificación viaja como una señal electromagnética a 300 000 kilómetros por segundo, mientras que las ondas sísmicas avanzan a pocos kilómetros por segundo. Esa diferencia de velocidad permite que la alerta llegue antes que el sismo, pero solo en zonas alejadas del punto donde comienza el movimiento. No predice terremotos ni calcula su magnitud con anticipación.
Porque el sistema solo activa la notificación en la zona de influencia del terremoto, y los equipos ubicados en el epicentro o fuera de ese radio no la reciben. Si el epicentro está en otro país, como ocurrió con el terremoto de Colombia, el sistema activa la alerta en ese territorio y no en Ecuador, por ejemplo, porque el país queda fuera del radio de acción del evento. No recibir la notificación no significa una falla del sistema.
No, la alerta solo llega a los teléfonos con sistema Android. El sistema usa el acelerógrafo, un sensor que ya está incorporado en los teléfonos Android y que mide la aceleración de la gravedad y las fuerzas horizontales del aparato. Ese mismo sensor detecta los movimientos que produce un sismo, algo que no ocurre en los equipos con iOS.
A través del acelerógrafo, un sensor que mide las fuerzas horizontales que genera un sismo cuando muchos teléfonos las registran al mismo tiempo en una misma zona. El sistema cruza los datos de varios celulares ubicados cerca del epicentro, identifica el patrón típico de un sismo y calcula la ubicación aproximada del evento. Con ese cálculo, envía una alerta a los equipos dentro de un radio cercano a los 500 kilómetros.
Porque la falla de Quito corre directamente debajo de la ciudad y no existe la distancia necesaria entre el origen del sismo y los usuarios para generar un margen de segundos. En México, el terremoto de 1985 tuvo su origen a 350 kilómetros de la capital, lo que dio un margen de cerca de 40 segundos antes de que las ondas llegaran, aunque hace 41 años no existía esa tecnología. En Quito esa distancia no existe, por lo que la alerta temprana pierde su utilidad práctica en sismos con epicentro bajo la propia ciudad.