Cadena perpetua para padrastro y madre por feminicid…
Abogado de Nelson Serrano pide a EE.UU. tramitar dos…
En la terminal terrestre de Tulcán se reforzarán controles
Joven agredido durante gresca en Quito no falleció
Ricardo Rivera, tío de Glas, saldrá de prisión con r…
Asamblea logra ratificarse en observaciones al presu…
Productores denuncian quema de bosques para sembrar maíz
Trabajadoras sexuales exigen que se respete su labor…

Hernán Orbea: ‘Hay el pretexto de no entender los esfuerzos’

Fue profesor y Decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Artes de la PUCE (2002-2008). Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Hernán Orbea trabajó en la planificación de la ciudad durante la administración de Paco Moncayo. Hizo el diseño urbanístico para la plataforma gubernamental y presentó recién un proyecto para pensar lo urbanístico en Galápagos. Nos recibe en Tanda, donde vive en la casa que diseñó.

Sería el colmo de un arquitecto que no viva en una casa que la haya imaginado…

Es el colmo del 93% de los arquitectos. Solo el 7% vive en lo que diseñó.

Tener la casa de los sueños.

Los sueños también son ajenos. Yo dejé de dedicarme a la arquitectura solamente; hago planificación y estrategia urbana, sobre todo. Y ese sueño ya se vuelve una ciudad. Es algo que me di cuenta por mi infancia en el sur: mis padres eran comerciantes que se posicionaron en el Camal.

Que en principio ese y otros barrios del sur de Quito son bonitos.

El trazado orgánico de la Villaflora, de Chimbacalle es el trazado de un urbanista excepcional.

¿Solo el trazado?

Incluso la edilicia. La casa baja, austera. Era un barrio lindo, de gente y su riqueza popular. Y tantos años después pude motivar la acción pública para que existan ministerios en el sur ante esta idea de la famosa espalda (de la Virgen del Panecillo) con el diseño de toda la plataforma gubernamental. Se me dio felizmente…

Pero la plataforma ha sido algo muy polémico por su sin gusto…

Diseñé urbanísticamente, no lo arquitectónico, es decir, dónde deben estar y qué ministerios. Luego hubo una práctica gubernamental y que fue lamentable para los autores. No era de ese nivel de masificación. La arquitectura pudo responder mejor.

¿Cree en la diferencia entre norte y sur de Quito?

Nací en el Centro, mi infancia se desarrolló en el sur, luego crecí en el norte y ahora vivo en el Valle. Creo que la identidad no está localizada en un lugar o en una clase, sino en la actitud.

Pero la actitud de las élites quiteñas siempre ha sido huir: del Centro a La Mariscal, luego Quito Tenis, El Condado, los valles…

Es una huida porque no reconocen el valor de la ciudad: su diversidad.

¿Es decir, discriminadores?

Claro, somos profundamente segregadores y eso se traduce en un discrimen innecesario. Por mi oficio he conocido muchas ciudades y no creo que nos confrontemos con unos niveles de violencia como en otras. Más es un pretexto y la pereza de no aprender el valor de las cosas, de las comunidades y de los esfuerzos de toda la gente.

A la élite no le importa la ciudad.

No lo acreditaría a las elites. Es un fenómeno social escapar hacia un progreso aparente y dejar atrás aquello a lo que no le da valor. También soy un escapado. ¿Por qué dimos esa libertad para que se huya sin inventario y se ancle en el pretexto de validarse a sí mismo? El primer plan en serio que se plantea en los 80 es Solanda. No es solo urbanístico, sino cultural, llena de vida, pero se descuidó. La informalidad no puede legitimarse en más ilegalidad y, peor todavía, en mafias, sino en un esfuerzo social. Si se te va de las manos la informalidad, habrá el pretexto para huir porque acusas delincuencia, desorden, falta de higiene.

Hay zonas casi vaciadas, como parte de la Av. 10 de Agosto.

Hemos olvidado tres cosas importantes. Hay que entender la complejidad, que es lo que da vida, la autenticidad. Luego se deben llenar los vacíos, es decir, que no los dejemos en el olvido. Y finalmente, algo muy importante: corregir errores porque eso que se hizo se queda sin solución. No es solo la 10 de Agosto. También hay la presencia de la informalidad en barrios que surgen de la mera necesidad. Las facultades de arquitectura apoyaron el trazado de barrios como en el Comité del Pueblo. Y luego quedó a su suerte para sostenerse en el olvido.

Y algo que no debemos olvidar es Galápagos, por cierto…

Hubo el Workshop Internacional W.a.Ve., organizado por la Universitá IUAV Venecia y Uniscape sobre Galápagos. Trabajé con Roberta Naveda y Fausto Pazmiño. No podíamos ignorar el tratamiento que tiene la basura, del agua tremendamente salinizada, la dependencia continental, la depredación de los buques chinos. Es la realidad de una joya amenazada. ¿Cómo hacer que los entornos urbanos cobren protagonismo si primero no se toma conciencia de esto?

¿Y qué hicieron?

Propusimos desarrollar nueve preguntas sobre esta problemática. Con las respuestas hicimos un manifiesto y nos dimos cuenta que la generación actual pugna por el ambiente, con un nivel de conciencia ambiental y social más allá de la arquitectura. Todo esto repercutió en nueve sistemas: tres de movilidad, cuatro de sustentabilidad y dos de equipamiento, pero todos tenían como premisa una advertencia: acá hay un incendio muy grave y que no puede ser ignorado.

¿Pero no es muy polémica una idea de urbanizar Galápagos?

Creo que hay que cambiar la noción de urbanismo por territorio, que es el soporte para muchas cosas. Se da esta emergencia urbana. Es soporte territorial, pero también sostenibilidad. Si lo asumen y superan puede ser una importante lección para el continente. Es más, podría invertirse esa relación.

Trayectoria

Fue profesor y Decano de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Artes de la PUCE (2002-2008). Fue también profesor invitado por el Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia, la escuela de graduados de la Universidad de Harvard, entre otros.

Suplementos digitales