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El corrupto busca poder y control

Desde su consultorio en el Club de Leones, al norte de Quito, el médico psiquiatra Armando Camino Proaño trabaja también con pacientes que padecen cáncer en Solca.

Desde su consultorio en el Club de Leones, al norte de Quito, el médico psiquiatra Armando Camino Proaño trabaja también con pacientes que padecen cáncer en Solca.

Desde su consultorio en el Club de Leones, al norte de Quito, el médico psiquiatra Armando Camino Proaño trabaja también con pacientes que padecen cáncer en Solca. Foto: Patricio Terán / El Comercio

El tema de cómo funciona la mente de un ser humano “enloquecido por el dinero” no es ajeno al análisis de psicólogos, psiquiatras y académicos.

El profesor de la Universidad de Western Illinois, Jack Schafer, lo explica en la revista Psychology Today: el corrupto es profundamente inseguro e infeliz, y está dispuesto a todo con tal de alcanzar dinero y poder. Cree que eso le llevará a la felicidad, lo cual está lejos de ser una realidad. Y por ello, quiere más dinero y poder para mantener viva esa ficción.

Luis Fernández
, profesor de psicología de la Universidad de Santiago de Compostela en España y autor del libro ‘Psicología de la corrupción y los corruptos’, explica que “el camino que lleva a la corrupción es una combinación de un entorno propicio, una oportunidad y un tipo de personalidad que, superando el temor a un posible castigo, antepone el beneficio individual al interés de los demás y a cumplir la ley”.

¿Qué es la corrupción para Armando Camino Proaño? Con más de tres décadas de experiencia en el campo de la psiquiatría y el delito, se toma un receso para hablar sobre las características y perfiles de una persona corrupta.

¿Cómo funciona la mente de una persona que comete actos de corrupción?

La genética, los factores ambientales, la bioquímica cerebral y las circunstancias a las que estamos expuestos nos pueden llevar a determinadas conductas. Pero, además, los seres humanos, dependiendo de nuestra personalidad, estamos expuestos a un modelaje.

¿Qué es el modelaje?

Si yo estoy junto a una persona que habla malas palabras, hablaré malas palabras. Si estoy al lado de otra persona que considera que robar es una conducta normal, entonces yo también voy a robar.

¿Esto se da desde la infancia o la juventud?

Cuando mi familia me enseñó a ser honesto desde niño y a dar amor, seguiré manteniendo esos principios a pesar de estar expuesto a circunstancias negativas. Pero si vengo de un entorno desfavorable, sin normas, sin una espiritualidad adecuada, sin principios, y me junto a alguien que roba, aprendo esos nuevos modelos. Es tan simple como el viejo refrán: ‘dime con quién andas y te diré quién eres’. Adicionalmente, la historia de nuestro país, en los últimos años, ha sido muy desfavorable. La parte económica es muy fuerte y también la política. El modelaje que tenemos no es bueno. Si se está robando en todo lado, también aprendo a robar.

Y si a eso se le suma la impunidad…

Ese es el perfil. El perfil de este tipo de personas ha tenido situaciones económicas muy difíciles, con entornos desfavorables… Y llegan a tener poder y cierta jerarquía.

¿La sociedad también influye en estas conductas?

Sí, principalmente en la imagen que proyecta sobre la codicia y el dinero.

Pero hay casos de gente que viene de hogares con recursos. ¿Por qué decide arriesgar toda su reputación por cometer actos de corrupción?

Ahí están los rasgos de la personalidad. A una persona corrupta no le importa eso. Todos los que hemos crecido y ganado un espacio a nivel profesional, lo cuidamos porque nos costó. Ese es el corte longitudinal, nuestra historia. Pero a mucha gente solo le importa el corte transversal. Es decir, el hoy y el momento. Veo mi oportunidad y la utilizo, sumado esto a la codicia, a un modelaje malo, factores socioambientales y a la manipulación de un líder, tenemos como resultado la corrupción.

¿Cómo entender estos hechos tan terribles incluso en una emergencia sanitaria, donde la población está muriendo y vive necesidades económicas?

Estamos viviendo al filo de la muerte y los que trabajamos en salud lo sabemos. Y a pesar de ello, se cometen actos de corrupción que dañan a todos. Eso se llama personalidad psicopática. Son personas que no tienen ningún tipo de pena en hacer daño a otros.

¿Estas personas funcionan en grupos?

Sí. Hay un jefe que va escogiendo a quién puede controlar. Pero además estas son personas extremadamente brillantes e inteligentes. Es muy difícil determinar un trastorno de personalidad en ese tipo de personas. En psicología y psiquiatría, se hace una película completa de comportamientos. Es decir, con los antecedentes, el estudio longitudinal, y el estudio transversal podemos dar un diagnóstico. Si yo veo a una persona con estas características, no le puedo dar una gran responsabilidad, porque sé que va a pasar algo.

¿Cómo actuar frente a eso desde el Estado? ¿Se hacen estos perfiles de los aspirantes a cargos de mucha responsabilidad?

No es obligatorio. Pero se debería exigir. Por ejemplo, para entrar en un posgrado de neurocirugía, se pide una valoración psicológica y psiquiátrica del aspirante porque si hay un posible perfil, no se puede ocupar este grado de responsabilidad. Lo mismo debería suceder para altos cargos públicos.

¿Cuál es el perfil de una persona corrupta?

Son personas que tienen un gran déficit afectivo. No les importa si alguien muere o a quién se va a dañar. Siempre prima el beneficio personal.

¿Entonces muchos de estos perfiles están buscando ese cariño en el dinero?

Esas personas con déficit afectivo buscan a otra persona que los lidere, con poder y que les controle. Esto siempre funciona con un líder, con un cabecilla que planifica y controla una organización.

¿Qué otras características psicológicas tienen estas personas?

Son personas que conocen y analizan las debilidades de los otros. Además, minimizan al resto de la gente. Los considera como cosas y, por lo tanto, para él o ella, el resto de las personas son reemplazables.

Es una persona que además genera confianza…

Generan confianza para después lograr controlar. Es simpático, chistoso, cae bien a la gente. Descubren la debilidad, ya sea el dinero, los vicios o las mujeres, por ejemplo, y ahí actúan. Ese accionar lleva a controlar a los grupos.

¿Es una persona que aparenta ser segura?

Efectivamente, se siente muy seguro de sí mismo al controlar a la gente. Pero también planifica. Es egocéntrico.

¿Es decir que usan varios mecanismos para presentarse ante la gente?

Tiene muchos mecanismos para manipular y controlar. Por ejemplo, mi presentación física, la ropa con la que me visto, las joyas que uso.

Tiene un alto sentido de la imagen…

Este tipo de persona además tiende mucho a mentir para una ganancia secundaria.

¿Tienden también a negar lo que hacen?

Por supuesto, mienten mucho y con tal seguridad que la gente cree en sus mentiras. Ese es otro de los perfiles. La mentira y la distorsión cognitiva. Es decir, ‘yo’ tengo la certeza de que soy una persona súper importante y que tengo dinero. Aunque no sea así, esto para mí es real. Otra característica es jugar el papel de víctimas y no sentir culpa.

Si la sociedad condena frontalmente la corrupción, ¿por qué hay tanta gente que cae en eso?

Eso tiene que ver con las normas, principios y valores que fueron inculcados desde niños. Muchos de nosotros tuvimos una educación bajo los diez mandamientos. Y no podíamos abrirnos de eso porque estaba mal. Hoy se ha llegado a tener cambios de conducta porque se cambiaron esos principios y esos valores. Para mí es lo mismo robar un esfero que un millón de dólares. Lo que pasa es que como sociedad minimizamos el hecho. ‘Solo es un esfero… ¿Por qué me condenan por robar un millón si otros roban 10 millones? Como sociedad, nosotros minimizamos los acontecimientos.

¿Qué hacemos frente a esto? No podemos tener perfiles psiquiátricos de todo el mundo, si el problema está atravesando todos los estratos de la sociedad…

Fortaleciendo las normas, los principios y los valores de las futuras generaciones. Es lo único que nos queda. Y tener un buen modelo de espiritualidad, una guía de un dios supremo. Ser bueno, ayudar al desvalido y cuidar al enfermo. Pero desde la familia.

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