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La salud, el mejor regalo de Navidad para tres familias

Para tres familias ecuatorianas la salud será su mejor regalo de este 2021. Fotos: EL COMERCIO y Cortesía

No hace falta poner paquetes bajo el árbol porque el regalo más especial de todos les llegó inesperadamente. Son familias que en esta Navidad celebran la unidad y la salud porque con sacrificio y fe superaron complejos diagnósticos. Y aunque el proceso fue difícil, ahora pueden sonreír.

La familia de Karina Ramos y Ronald Anchundia creció este 2021 con sus quintillizos. Después de más de un mes de escuchar el intenso chillido de los monitores de la sala de UCI y de pasar horas frente a las incubadoras, estos padres ya tienen a cuatro de sus bebés en casa. Uno de los pequeños no resistió, pero su recuerdo los motiva a seguir luchando por sus siete hijos, en total.

La unidad familiar ha sido un soporte para ellos, porque la ayuda que les ofrecieron al inicio ha comenzado a menguar. En su humilde hogar, ubicado en el Guasmo guayaquileño, las manos se han multiplicado para pasar biberones, pañales y frazadas para calmar el llanto, que también se multiplica.

La batalla de Génesis Pinargote tuvo una tregua el 28 de octubre. Ese día Derek, su primogénito, recibió el medicamento más caro del mundo, un tratamiento por el que luchó desde que recibió el diagnóstico de atrofia muscular espinal tipo I (AME).

Para ella este año ha sido “como una montaña rusa”, entre angustiantes recaídas por el acelerado avance de la enfermedad -que incluso obligó a practicarle una traqueotomía para que pudiera respirar- y la esperanza que ahora siente con la sorprendente recuperación del pequeño de 1 año, que cada vez tiene más movilidad.

Es una nueva oportunidad de vida que también le llegó como un regalo invaluable a Víctor Manuel Pinzón. En el 2019 le detectaron una insuficiencia cardíaca que deterioró su salud rápidamente. Luego de varias hospitalizaciones, la única alternativa que le dieron los médicos era el trasplante.

Con fe esperó y fue el protagonista del primer trasplante cardíaco en la historia del hospital Luis Vernaza. Antes de ir a quirófano ya no funcionaba el 71% de su corazón. Ahora, a sus 65 años, siente un nuevo latido para cumplir sueños en familia.

‘Randy, Britanny, Tiffany y Ronny ya están en casa’: Karina Ramos – Mamá de quintillizos

Karina Ramos y Ronald Anchundia son padres de siete niños. Este año la familia creció. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

“Ronny es el más risueño de todos y Britanny se enoja un poco más. Cada uno tiene su personalidad.

Durante 40 días estuvieron en el hospital Roberto Gilbert. Nacieron el 21 de octubre, en la semana 32, con complicaciones que fueron superando poco a poco. Hace una semana la última bebé recibió el alta. Randy, Britanny, Tiffany y Ronny ya están con nosotros; Roy, el más pequeño, se nos fue…

Al estar en casa nos sentimos más tranquilos y la familia nos ha dado su ayuda. Si todos lloran a la vez, uno carga a uno y otro se encarga de uno más.

Sus hermanitas también están felices. Tengo tres niñas más -de 12, 7 y 2 años- que les dan el biberón, pasan los pañales, los cargan.

Aún no dejamos del todo el hospital porque fueron prematuros y los chequeos continúan. En esta semana nos enviaron exámenes que tienen su costo y tratamos de ajustarnos con el sueldo básico que nos darán por dos años como apoyo.

Las consultas dependen del peso que vayan ganando. Y lo están haciendo porque devoran las leches que nos dan los médicos; están creciendo rápido. Cuando nacieron no pasaban de los 1 400 gramos y ahora pesan más de 3 000.

Al inicio, la noticia de la llegada de los quintillizos trajo ayuda de todos lados. Ahora ha bajado un poco.

Esta Navidad pasaremos en casa, en una pequeña reunión con nuestros parientes más cercanos como lo hacemos todos los años. Lo más importante es que la familia esté unida”.

‘Derek volvió a nacer después del tratamiento’: Génesis Pinargote – Mamá de Derek

Derek cumplió 1 año el 7 de noviembre y días antes recibió el tratamiento que esperaba. Foto: cortesía Génesis Pinargote

“En cada amanecer puedo sentir sus manitos. Derek me levanta tocando mi cara, algo que él no podía hacer. He notado que su semblante es distinto, como si hubiera vuelto a nacer y por eso despierto tranquila.

Antes no sabíamos lo que el día pudiera traer. Era una pesadilla hasta que el medicamento llegó como un alivio para todos.

Aún no podemos creer que el sueño se haya hecho realidad. Es un medicamento que cuesta USD 2 millones y que Derek, junto a otros dos bebitos, lo haya recibido por una donación es una obra de Dios. Siento una gratitud enorme.
Sus movimientos nos sorprenden cada día más; su respiración también ha mejorado mucho y confiamos en que muy pronto dejará el equipo de ventilación.

Este año ha sido como una montaña rusa. Cuando nació viví la felicidad más grande. Luego vino el diagnóstico que nos derrumbó y empezamos a luchar.

Ahora cada cierto tiempo volvemos al hospital Baca Ortiz para análisis y gracias a Dios no hay ningún efecto adverso. Solo sus defensas están un poco bajas y debemos estar en aislamiento.

Por eso nuestra Navidad será un poco distinta. Somos de Manabí y estamos en Quito para seguir los controles. No estaremos con nuestra familia pero somos felices al saber que Derek está bien; su salud es el mejor regalo y tenemos mucha fe en su recuperación. Con el tiempo sé que todo lo que vivimos será una anécdota, que le contaremos cuando crezca”.

‘Desperté luego de una semana y tenía otro corazón’: Víctor Manuel Pinzón – Recibió un trasplante cardiaco

Víctor Pinzón recibió el alta el 7 de diciembre, luego de la cirugía en el Hospital Vernaza. Foto: cortesía hospital Luis Vernaza

“Cuando desperté tenía otro corazón. Había pasado más de una semana en terapia intensiva y todo fue tan rápido en esos días.

Llevaba un mes hospitalizado y durante ese tiempo necesité que me estabilizaran. Pero recuerdo que un domingo un doctor entró a mi habitación a tomar las medidas de mi tórax. Fue cuando me dijo que había un donante y que podría ir a quirófano al siguiente día.

No podía creerlo. Lo tomé con calma y así entré a quirófano el 15 de noviembre pasado, confiado, con mucha fe en Dios. En ningún momento tuve miedo.

En noviembre del 2019 empezaron los síntomas. Me ahogaba y mis pies se hincharon. Tuve que ingresar al área de Emergencia y luego de varios exámenes me dieron el diagnóstico: insuficiencia cardíaca.

Mi corazón funcionaba al 52% de su capacidad. Dos años después fui ingresado nuevamente, con severos problemas respiratorios; esa vez detectaron que mi corazón estaba solo al 32%. Desde entonces los médicos me dijeron que la única opción de sobrevivencia era el trasplante. No había más.

Oré mucho y pedí otra oportunidad para poder disfrutar de mis hijos. Junto a ellos quiero terminar tantos proyectos, ese es uno de mis sueños y con la bendición de Dios sé que lo haré.

Tres días antes de la operación mi corazón funcionaba al 29%. Para mí no había otra opción de vida y ahora me he convertido en el primer paciente del Luis Vernaza que recibe un trasplante cardíaco”.