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La pandemia frenó la prevención del cáncer cervical

El área de Ginecología del Centro de Salud de Azogues retomó la atención a mujeres. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

La pandemia interrumpió varias metas en salud, entre ellas la estrategia para eliminar el cáncer de cuello uterino. Para 2030 se prevé que los nuevos casos en Ecuador suban 65% y la mortalidad 82%, según el Observatorio Global de Cáncer (Globocan, por su acrónimo en inglés). 

Para este observatorio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el incremento radica en que no se está trabajando en la vacunación, detección y tratamiento para erradicar esta patología prevenible. 

Según las últimas cifras, el cáncer de cérvix o de cuello uterino ocupa el segundo lugar en mortalidad, después del de mama. El año anterior se reportaron 1 359 nuevos casos, que representa una incidencia de 16 por cada 100 000 mujeres. Esto significa tres puntos por encima de la tasa mundial, de 13, y uno sobre la de Latinoamérica y el Caribe, explicó Luis Vela, ginecólogo y colposcopista.

Desde 2019, Ecuador forma parte de los 94 países del mundo que se adhirieron a la estrategia denominada 90-70-90. La meta, hasta el 2030, es vacunar al 90% de niñas de 9 a 15 años contra el virus del papiloma humano (VPH).  

Además, se pretende que al 70% de mujeres de entre 35 y 45 años se les realice el test VPH y que el 90% de casos positivos reciban tratamiento oportuno.

Antes de la pandemia, el Ministerio de Salud Pública (MSP) se apoyaba en las escuelas para la vacunación. No obstante, según registros la cobertura fue bien baja y no se terminó de inmunizar ni a la mitad de las niñas de 9 años. Son dos dosis con intervalos de seis meses y el tipo de vacuna la determina un equipo de expertos del Ministerio.  

En el momento no se dispone de la vacuna en el país y por eso no está dentro del esquema regular de inmunización, que empezó el pasado 4 de octubre para niños y niñas.

Hace dos meses, el MSP retomó campañas focalizadas para realizar el test VPH en los cantones Azogues, Biblián y Déleg, de la provincia de Cañar; y Cuenca y Sígsig, de Azuay. Se tomaron unas 1 000 muestras.  

Jéssica Sigüenza, directora del distrito Cañar, dijo que superaron las expectativas pero aún no se conocen los resultados. “No me han llamado y eso me preocupa, porque estoy con un dolor en la parte baja del abdomen”, comentó Mariana, una paciente. 

En el Distrito se informó que las muestras siguen en procesamiento en el laboratorio del Hospital Vicente Corral Moscoso de Cuenca. Este es uno de los tres hospitales del MSP que cuentan con la plataforma de laboratorios molecular para cáncer cervical.  

Para Rubén Buchelli, de la Sociedad de Ginecólogos de Pichincha, la tardanza es una deficiencia, porque en los casos positivos hay que realizar una biopsia o colposcopia a la paciente para establecer si la lesión es premaligna o cáncer y pasar a cirugía, a tratamiento o a cuidados paliativos. 

La demora ocurre por dos factores: los laboratorios no tienen los reactivos o los equipos necesitan mantenimiento, según Vela. Eso ocurre, por ejemplo, en el Hospital Carlos Andrade Marín, que lleva tres meses sin reactivos. Esta casa de salud apoya a los hospitales de la Sierra Norte y por eso tiene muchas pruebas represadas. Mientras, volvieron al papanicolaou, cuando la OMS recomienda el test VPH por su mayor sensibilidad diagnóstica y la genotipificación.

Esta prueba es costosa y para optimizar gastos necesitan sobre las 200 muestras, para procesar todo en una sola corrida. En las clínicas privadas cuestan USD 140.

Para Vela, el cierre de las escuelas, la ubicación geográfica distante, la pobreza, la creencia cultural y la falta de centros de salud rurales también frenan los objetivos planteados. “Todo eso retrasará la eliminación de esta patología y va a haber un nuevo repunte de casos y muertes”. 

La OMS señala que la estrategia 90-70-90 tiene beneficios económicos y sociales. Con cada resultado negativo se ahorra en atención médica, porque la mujer no volverá a tomarse el test ni a realizarse el papanicolaou hasta por un lapso de cinco años, y esto afianza el costo-beneficio. Además, cada dólar que se invierta en las estrategias hasta el año 2050 devolverá a la economía USD 3,20 gracias a la participación de la mujer en la fuerza de trabajo; y la cifra se eleva a USD 26, debido a la importancia para la sociedad y la ayuda familiar.

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