8 de abril de 2018 00:00

Los saberes ancestrales ayudan a la etnoecología

El Parque Podocarpus tiene una extensión de 146 280 hectáreas. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Gabriel Flores
(F-Contenido Intercultural)

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Los conocimientos ancestrales que guardan los indígenas del sur del país respecto a la flora de los bosques primarios es esencial para la preservación de estas zonas.

Esta es una de las conclusiones a las que se llega en ‘Tradicional ecological knowledge and biodiversity management in the Andes of southern Ecuador’ (Conocimiento ecológico tradicional y gestión de la biodiversidad en los Andes del sur de Ecuador), un estudio realizado por los científicos Perdita Pohle y Andrés Gerique.

La investigación de Pohle y Gerique se centró en el Parque Nacional Podocarpus, ubicado en las provincias de Loja y Zamora Chinchipe, con una extensión de 146 280 hectáreas, y hace referencia a los conocimientos que manejan los Shuar, Saraguros y los colones mestizos de este sector.

Para Pohle y Gerique es necesario que los etnoconocimientos que manejan estos grupos étnicos se tomen en cuenta dentro de los proyectos que se están construyendo entre las comunidades y las autoridades ambientales. Esto -dicen- debería estar acompañado de un mayor control y regulación de la caza, la pesca y la explotación maderera que se realiza en las zonas cercanas a este Parque Nacional.

En esta investigación se menciona que el etnoconocimiento de Shuaras, Saraguros y colonos también debería ser aprovechado para apuntalar el turismo sostenible que se pueda generar en la zona y que la atracción del Parque Nacional Podocarpus es su selva tropical y el avistamiento de aves, pero todavía no se ha logrado que su biodiversidad se potencie como un destino turístico como sucede con el Parque Nacional del Manu, en Perú.

Omar Vacas, investigador del herbario de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, sostiene que si bien las selvas tropicales en la parte sur del Ecuador tienen una extraordinaria biodiversidad, también son sensibles y vulnerables a diferentes tipos de actividades antrópicas, entre ellas la extensión de la frontera agrícola, la extracción de madera y las actividades mineras.

“Lo que hace este estudio -dice Vacas- es utilizar dos tipos de métodos de investigación para ver cómo están comportándose estos ecosistemas. Uno es el etnoecológico y el otro es el agrogeográfico”.

A criterio de este investigador, la etnoecología es interesante porque une el cosmos, sistemas de creencias y cosmovisiones que tienen las comunidades indígenas sobre temas como el uso de plantas; el corpus que es un abanico de conocimientos cognitivos que tienen las comunidades; y la praxis que tiene que ver con un conjunto de prácticas productivas relacionadas con el uso y los manejos de los recursos naturales.

Vacas sostiene que a muchos turistas sí les interesa el uso que tienen las plantas a través de prácticas como el chamanismo. “Hay que recordar que cada zona tiene sus propias dinámicas, pero sí es cierto que parques como el Manu han tenido mayor investigación y mayor difusión de los conocimientos ancestrales. Estudios como este son importantes y deberían ser hechos por la academia ecuatoriana, donde sí hay escuelas que deberían interesarse por el tema”.

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