15 de agosto de 2019 00:00

Rafael Lugo, el quiteño que convirtió a Twitter en un bosque de arupos

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Gabriel Flores

Las primeras fotos de arupos que Rafael Lugo compartió en su cuenta de Twitter fueron tomadas, en el 2016, en Checa -una parroquia rural de Quito-. Con esas fotos dio inicio a la primera edición del Rey Arupo, un concurso que hoy (15 de agosto del 2019) cierra su tercera convocatoria.

Cuando Lugo, (Quito, 1972) era niño siempre esperaba con impaciencia que llegara el viernes. Ese día, por la tarde, se iba religiosamente con su familia a una hacienda cerca de Latacunga. En este terreno poblado de molles, cholanes, sauces, cipreses y arupos comenzó a fraguar la estrecha relación que ahora tiene con los árboles.

Con el paso del tiempo, esos árboles de su infancia que habían sido naves espaciales, buques de guerra o buses con grandes ventanales para admirar el paisaje, quedaron en el olvido. En sus primeros años de juventud, solo regresó su mirada a los árboles para orinar luego de salir de las fiestas a las que se sumergía en los bares del barrio La Mariscal.

Alrededor de los 30 años recobró el amor que tenía por ellos y empezó a sembrarlos por cientos. “Creo que en todos este tiempo he sembrado más de 1 500 en la propiedad que tengo. Sembrar se ha convertido en una urgencia en mi vida. Tanto que estoy convencido que donde mejor me desenvuelvo como ser humano es en la siembra de árboles”.

La conexión de Lugo con los árboles empezó en su infancia. Él propuso al alcalde de Quito, Jorge Yunda, que se siembre un bosque de arupos en El Trebol. Foto: Gabriel Flores/ EL COMERCIO.

La conexión de Lugo con los árboles empezó en su infancia. Él propuso al alcalde de Quito, Jorge Yunda, que se siembre un bosque de arupos en El Trebol. Foto: Gabriel Flores/ EL COMERCIO.

Hace cuatro años, se dio cuenta que a más de sembrar árboles podía ayudar, a través de su cuenta de Twitter, a que las personas que caminen por las calles de Quito levanten su mirada y aprecien la belleza de un árbol vestido de amarillo, rosado o blanco entero. En el 2016, creó el concurso del Rey Cholán, un árbol que no es endémico pero que sí es común en la ciudad y que florece entre febrero y marzo.

El éxito de este primer concurso lo motivó a lanzar el del Rey Arupo, que este año ha pintado Twitter de rosado y blanco hasta convertirlo en un bosque de arupos. “En el 2018, propuse una campaña en contra de los baches pero fue un fracaso. Ahí me di cuenta que hay un deseo de la gente de ver otras cosas, que no quieren siempre estar dando vueltas en los dramas cotidianos”.


En Twitter el concurso del Rey Arupo ganó tanta popularidad que su éxito dio paso a que el Municipio acepte la propuesta de Lugo de crear un bosque en el relleno que está en El Trébol. En las más de dos hectáreas que tiene este terreno se sembrarán, a finales de año, 1 800 árboles de ese número 600 serán arupos. Antes, el escritor convocará a una minga de limpieza.

Parado en el centro de este relleno, en el mediodía de una mañana de inicios de agosto, Lugo cuenta que detrás de la creación del concurso y del bosque de arupos hay una voluntad personal de intentar vivir mejor en la ciudad. “Uno no puede resignarse a vivir con lo que te quieran dar las autoridades. Creo que hay que asumir el rol de ciudadanos en algún momento”.

Mañana (16 de agosto del 2019), será el día de la selección de fotografías. El escritor elegirá a 10 finalistas: cinco arupos rosas y cinco arupos blancos. Después de eso, la gente tendrá 24 horas para dar like a su arupo favorito.

También se entregará un premio al arupo más fotografiado (Linchamiento Mediático) y otro premio a la persona que más fotos haya mandado (Colaborador Eficaz). La novedad de esta edición será el premio al Arupo Univeritario debido a la cantidad de fotos de arupos en campus universitarios.

Lugo no quiso prevaricar así que se abstuvo de contar cuál es para él su arupo favorito de esta edición. Lo que si confesó es que le conmueven los que vienen acompañados de historias que rememoran la infancia de la gente. Aquel arupo que fue sembrado por el abuelo o por el padre y que existe como parte de la memoria viva de una ciudad, que como sostiene el catedrático Milton Luna debería ser declara como la ciudad de los arupos.

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