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El modelo dónut propone crear una nueva economía

La economía basada en energías fósiles no tiene vías de sostenibilidad. a

La economía basada en energías fósiles no tiene vías de sostenibilidad. a

La economía basada en energías fósiles no tiene vías de sostenibilidad. a

Los que han intentado alguna de esas recetas que surgen por miles tras una búsqueda simple en Google para preparar dónuts (donas, rosquillas, berlinas) conocen que hay un segundo crucial para saber si resultarán bien. Al momento de darle forma, la masa leudada debe tener tal combinación de suavidad y firmeza para lograr que nada se desparrame, ni hacia adentro ni hacia afuera. Si algo falla, ya son cualquier cosa menos dónuts.

Kate Raworth se ha excusado ante auditorios como los de TEDTalks por utilizar la figura de esta golosina que pertenece a la familia de la comida chatarra -452 calorías por porción- para explicar cómo cree que debería funcionar la economía mundial. Pero esta docente e investigadora de la Universidad de Oxford encontró ahí la forma perfecta para mostrar gráficamente su convicción de que la curva de crecimiento del mundo actual debe ir en sentido circular, en lugar de la que actualmente se rige por la línea ascendente de los estados financieros de las grandes corporaciones y el Producto Interno Bruto (PIB) de las naciones.

Su razonamiento, recogido en su libro ‘La economía del Dónut: siete formas de pensar como un economista para el siglo XXI’, puede parecer en un inicio un compendio de todos los manuales de responsabilidad social y sostenibilidad, de esos que poderosas marcas globales al menos se esfuerzan por cumplir y por mostrar que lo hacen. Sin embargo, cuando la comunidad internacional intenta buscar vías para una recuperación tras el descalabro causado por el covid-19, el Foro Económico Mundial pondera el hecho de que Ámsterdam, la mayor ciudad holandesa, haya decidido que sus políticas públicas adopten este modelo, que “visualiza un mundo donde la gente y la naturaleza puedan prosperar en balance”.

Raworth tan didáctica como enfática: el uso inteligente de los recursos que aún quedan y no son inagotables, así como el cuidado de la naturaleza, no son una opción sino una decisión de vida o muerte. Si todas las advertencias sobre los efectos del calentamiento global continúan en el campo de la alarma sin acción, la rosquilla se desbordará, con cifras de catástrofe muy difíciles de calcular.

Adentro del dónut se ubica la parte humana de la ecuación. Muy en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, ningún ser humano tendría que quedarse en el agujero del centro. El lugar donde todos deberíamos estar es dentro de esa masa firme y suave, donde hay un balance entre cubrir las necesidades y no sobreexplotar el hábitat. A la pregunta de cómo llevar todo esto al terreno de la práctica, sobre todo en momentos que la ONU calcula que solo en América Latina 28 millones de personas caerán en la extrema pobreza y 96 millones están “en riesgo de hambre”, hay más de una respuesta.

Raworth afirma que entre ellas están la agricultura regenerativa, la predisposición de los gobiernos a superponer las energías renovables sobre la inversión y negocios en energía fósil, y la apertura a masificar el uso de la tecnología en todos los ámbitos promoviendo, por ejemplo, el uso de código abierto.

Apasionados activistas contra el crecimiento se suman a esta propuesta, y abogan no solo por el desmantelamiento de la energía fósil, sino de todo el sistema capitalista. Claro está, hay quienes recuerdan que esa estructura convertida en sinónimo de destrucción ha sacado de la pobreza extrema a millones de personas en China e India, a través del negocio de proveer bienes y servicios de bajo costo a países desarrollados. Queda un gran signo de pregunta respecto a qué pasaría con los bienes y dispositivos producidos en países en desarrollo como Bangladesh, Indonesia y Vietnam si los países del primer mundo reducen sus patrones de consumo.

Y hay también, como escribió John Cassidy a inicios de año en la revista New Yorker, quienes visualizan un ‘capitalismo post crecimiento’, en el cual la producción para obtener una ganancia continuaría, pero con una reorganización de la economía en líneas diferentes. El artículo cita el libro ‘Prosperidad sin crecimiento: fundamentos para la economía del mañana’, escrito por Tim Jackson, profesor de desarrollo sostenible de la Universidad de Surrey. Ahí el autor hace un llamado a los países occidentales a dar un giro a sus economías desde la producción en masa para el mercado hacia servicios locales -como cuidado de la salud, enseñanza y artesanías- que pueden ser menos depredadores de recursos. Jackson no subestima los remezones en patrones de producción y valores sociales que pudiera traer esta transformación, pero suena optimista cuando afirma que “las personas pueden florecer sin necesidad de acumular cosas sin cesar. Otro mundo es posible”.

La tarea se vuelve aún más monumental -y para muchos utópica- cuando incluso todavía no se sabe si habrá una nueva oleada de contagios de coronavirus que paralice de nuevo a las urbes, y cuál sería el efecto acumulado desde que se declaró la pandemia. Analistas como Sandrine Dixson-Declève, Hunter Lovins, Hans Joachim Schellnhuber y Kate Raworth dan un voto de fe a la humanidad en su artículo conjunto publicado por Project Syndicate a finales de marzo, donde proponen un ‘Reinicio verde’. Ahí sostienen que no puede haber un mejor momento que aquel en que las sociedades han mostrado su increíble habilidad de transformarse prácticamente de la noche a la mañana.

Raworth ha reconocido que, a pesar de la resiliencia y el espíritu emprendedor de los seres humanos, revertir el dominio cultural y financiero del consumismo será “uno de los más apasionantes dramas psicológicos del siglo”. Pero ya está trabajando en ello.

En su blog reconoce que no ha podido desarrollar el material que tiene en mente sobre la crisis del covid-19 porque a ella misma le cuesta hallar un balance entre teletrabajo, investigación, cuidado de niños y labores de casa. Pero promete a los seguidores de su teoría que seguirá formulando sus propuestas desde la óptica de su dónut. Ponerlas en práctica demandará recordar que la masa que sustenta el modelo no puede desparramarse, ni hacia adentro con un aumento de la miseria y la desigualdad ni hacia afuera con el agotamiento del planeta.