12 de diciembre de 2019 00:00

El artista Sergio Mendoza indaga en los estados emocionales negativos

Sergio Mendoza cierra un ciclo de tres años con esta exposición. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

Sergio Mendoza cierra un ciclo de tres años con esta exposición. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

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Alexander García
Redactor (I)

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El artista guayaquileño Sergio Mendoza mantiene abierta, en el Museo Nahím Isaías de Guayaquil, la exposición de dibujo ‘Masoquismo emocional’, que reúne una serie de 14 dibujos de pequeño, mediano y gran formatos, al grafito y al carboncillo.

En una de las obras, una lágrima se desliza por el rostro compungido de una mujer, con la gota fija encima de la comisura de la boca. La mujer representa al sentimiento de la pérdida; es el llanto de una joven, perturbadoramente rubia, que encarna a la melancolía.

En dos obras dibujadas con lápiz de grafito, los efectos de las luz en una buena parte de las lágrimas, la apariencia de color y el brillo de los cabellos son posibles gracias a la destreza del dibujante.

“La lágrima y el sudor no existen, son pura luz. Suele decirse que el que sabe dibujar no borra, lo cual es falso, yo dibujo también con el borrador”, dice Mendoza. Cuenta, además, que existen diversos tipos de borradores que generan estos brillos de cabellos o esta especie de destellos de luz.

En esta muestra, los retratos indagan en estados emocionales negativos: tienen como eje conceptual la autocompasión y la melancolía. El artista evalúa la inclinación inconsciente del ser humano a la autocompasión. Y su obra explora, desde la técnica del dibujo, las reacciones del ser humano frente a la adversidad.

“Es como si de estos sentimientos negativos se extrajera cierto placer, ya sea porque lo identificamos con un recuerdo de la infancia en el que inspiramos piedad y ternura, o simplemente porque deseamos involuntariamente atraer la atención y consentimiento de otros”, señala.

Mendoza retrata en la mayoría de obras a mujeres -amigas, conocidas, familiares- en las que encarna la expresión del resentimiento, de la derrota, del odio o de la victimización, palabras que dan títulos a las obras. El proyecto también fue una forma de retratar su propia experiencia con cada uno de esos sentimientos, “con los que todos podemos identificarnos en algún momento”.

Un hombre de barba blanca y mirada extraviada –el artista tomó como modelo a su profesor de óleo a la espátula– emerge del fondo oscuro como símbolo de la depresión. La imagen está en el más grande de los carboncillos, una cartulina de 2 x 2,5 metros.

“Estos no son estados de ánimo clínicos, quise retratar estados emocionales que las personas buscan simplemente por masoquismo, como una especie de refugio, pero que terminan enarbolando como un himno y convirtiéndolas en su realidad”, dijo el autor.

Entre las piezas de mayor factura están los dibujos de mediano formato al carboncillo, de 1 metro por 70 centímetros, en las que el artista retrató sobre todo a familiares. En Derrota brilla el sudor en las mejillas y bajo los ojos de una joven pelinegra, de ojos oscuros, con parte del cabello, largo y sudoroso, arremolinado sobre el pálido rostro.

El artista de 30 años es licenciado de Artes Plásticas de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES). Ha asistido a cursos de carboncillo en sitios como Galería Roja de Sevilla, España, con la estadounidense Clio Newton, exponente del hiperrealismo al carbón.

‘Masoquismo emocional’ es su segunda exposición individual, tras su muestra de grado en el Museo Municipal de Guayaquil. “Mi objetivo es reivindicar e impulsar el dibujo, ponerlo en alto”, dice Mendoza.

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