La inevitable atracción por el vacío en ‘Colina Abajo’

La Compañía Nacional de Danza del Ecuador (CNDE) estrenó ‘Colina abajo’, que explora la acción de la caída como un símbolo y un enigma.

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La Compañía Nacional de Danza del Ecuador (CNDE) estrenó ‘Colina abajo’, en el teatro de la institución, en Quito. Bajo la dirección de Jorge Alcolea, esta obra explora la acción de la caída como un símbolo y un enigma.

A lo largo de 40 minutos, los 14 bailarines del elenco de la CNDE interactúan con el espacio y con inusuales elementos escenográficos, para crear una obra inquietante que busca estremecer al espectador.

Una fascinación que atraviesa el arte

La caída como acción y metáfora ha sido motivo de innumerables obras en pintura, música, poesía, escultura, fotografía, cine o danza.

Personajes mitológicos que han caído desde los cielos como consecuencia de su rebeldía eternizados en pinturas y esculturas. Una joven Alicia cae por la madriguera de un conejo para encontrarse con un maravilloso y paradójico País de las Maravillas. La piedra de Sísifo, sobre la que escribe Camus, cae una y otra vez como mostrando el sinsentido que atraviesa la existencia.

Atraído por el vacío, el fotógrafo Yves Klein se hace una foto saltando desde una ventana, en los años 60. Otro fotógrafo, David Wojnarowicz, retrató a una manada de búfalos lanzándose desde un acantilado en los años 80. La banda U2 utilizó esa imagen como portada de su sencillo One.


Reproducción de la pintura ‘La caída de Ícaro’ de Jacob Peeter Gowy. Foto: masarte.com

“El caer es una metáfora recurrente en el arte y comparto esa fascinación como primer detonante”, explica Alcolea en una conversación con este Diario.

El arte de caer en la danza

El Coreógrafo y Maestro ensayador de origen cubano lleva esta idea germinal hacia su propio espacio de trabajo en las artes escénicas, donde la caída y la recuperación es una técnica que los bailarines deben dominar con el tiempo.

En ese contexto, dice Alcolea, la caída es el punto de partida para explorar conceptos como el tiempo, altura, trayectoria, superficie de contacto, reflejos, gravedad, vacío, entre otros.

“Esos mecanismos cotidianos involucrados en la caída de un cuerpo hay que decodificarlos para llevarlos al campo de la técnica artística”, dice sobre una acción que suma constancia, método e imaginación.

Pensando en la trayectoria, por ejemplo, Alcolea se fijó en el colchón como destino y ocupó el escenario con este elemento.

No solo cumple la función práctica de amplificar las caídas coreográficas de los bailarines, desde el punto de vista del artista también es donde sucede el sueño y se convierte en una puerta de entrada al mundo onírico.

De la idea a la escena

‘Colina abajo’ es un proceso de creación colectiva, que parte de una serie de premisas a partir de las cuales se construyen las escenas.

“La vida está llena de caídas física y emocionales, incluso las caídas que uno provoca por necesidad o instinto”, dice Alcolea.

El director estimulaba a los bailarines haciendo preguntas sencillas: ‘Cómo mantenerse en pie’. Otras veces se apoyaba en el filme ‘El origen’ de Christopher Nolan y la escena en la que una camioneta cae en cámara lenta al vacío mientras sus ocupantes viven una intensa aventura mientras duermen.

También recurría a videos sobre el Festival del queso rodante en Gran Bretaña, que consiste en el lanzamiento de un queso circular colina abajo que los participantes deben atrapar.

“Todo eso se va mezclando y se va creando una textura de movimiento, música e imágenes que van guiando al público en un viaje sensorial y emocional”, dice el director.

Como un tema recurrente, incluso en la danza, el coreógrafo admite que no es un tema nuevo. Sin embargo, ‘Colina abajo’ aporta a la escena con una visión propia y un estilo personal marcado por la simbiosis de elementos físicos, sonoros, visuales y corporales en escena.

El sonido y el color de las cosas al caer

Alcolea es de los directores que trabaja primero en la escena y luego en la música. En ‘Colina abajo’ vuelve a trabajar con el compositor Mauricio Proaño.

“Tenemos mucha química en el sentido en que yo puedo darle ideas muy locas y él tiene la capacidad de llevarlas a lo sonoro”, comenta sobre una música original que marca el ritmo de las variaciones narrativas entre composiciones sencillas y partituras más complejas.

Si tuviera que ponerle un color a la caída optaría por el verde. “Nunca me imagino una caída en el asfalto o en un lugar árido. Creo que es más poético caer sobre la tierra y un prado”.

En esa asociación cromática, el coreógrafo también advierte una nueva intención simbólica en el ciclo de la vida. “La muerte es la última caída en el mundo físico”, concluye.