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Leonardo Padura, el retratista de otra Cuba

Padura vive en La Habana. Esta ciudad se ha vuelto una referencia en toda su obra. Foto: EFE

Las limitaciones que conlleva vivir en Cuba nunca han sido un obstáculo para que Leonardo Padura (La Habana, 1955) se mantenga como uno de los autores más potentes y leídos de Hispanoamérica, credenciales que refrenda con maestría en ‘Como polvo en el viento’, su libro más reciente.

La novela cuenta la historia de los miembros de El Clan. Se trata de un grupo de amigos que ha sobrevivido a un destino de exilio. Son más de una docena de personajes dispersos en ciudades como Barcelona, Madrid, Buenos Aires y San Juan que se vuelven a conectar debido a dos hechos que transforman sus vidas: la desaparición de Elisa y el presunto suicidio de Walter.

La trama comienza con la historia de Adela, una joven neoyorquina de ascendencia cubana que se traslada a vivir a Miami junto a Marcos. Él, por otra parte, es un joven habanero recién llegado a los Estados Unidos y quien la ha seducido por completo.

Marcos le cuenta a Adela historias de su infancia en la isla, arropado por un grupo de amigos de sus padres y le muestra una foto de la última comida en que, siendo él niño, estuvieron juntos veinticinco años atrás. Esta imagen se convertirá en el detonante de una historia llena de conflictos interpersonales.

Entre las novelas que han marcado el éxito literario de Padura también está ‘Pasado perfecto’ (1991). En este libro hace su primera aparición literaria Mario Conde, un policía escéptico y desengañado, que hasta la fecha ha acompañado al autor en nueve de sus novelas a lo largo de estos años.

La historia comienza el primer fin de semana de 1989, cuando una insistente llamada telefónica lo saca de la cama. El Viejo, su jefe en la Central, lo llama para encargarle un misterioso y urgente caso: Rafael Morín, jefe de la empresa de importaciones y exportaciones del Ministerio de Industrias, no ha llegado a su casa desde el día de Año Nuevo.

El desaparecido es un excompañero de estudios de Conde, un tipo que se destacaba por su brillantez y autodisciplina. Con el paso del tiempo, el protagonista irá descubriendo que el aparente pasado perfecto sobre el que Rafael Morín ha ido labrando su brillante carrera está lleno de sombras.

En ‘Adiós, Hemingway’ (2001), Conde hace su quinta aparición en la literatura de Padura. La novela gira alrededor de un ajuste de cuentas que este expolicía, convertido ahora en detective, tiene con su vida y con sus ídolos literarios, entre ellos Ernest Hemingway, que aparece contradictorio y acorralado por sus recuerdos y remordimientos, días previos a su suicidio.

Asimismo, en ‘La novela de mi vida’ (2002) Fernando Terry, un profesor que, tras ser expulsado de su puesto en la universidad en la que trabajó 18 años, decide volver por un mes a La Habana atraído por la posibilidad de dar al fin con la autobiografía desaparecida, ‘La novela de mi vida’ del poeta José María Heredia, al que dedicó su tesis doctoral de manera muy especial.

En esta búsqueda se enfrentará con todas las sospechas que han ido alimentando su rencor. A la historia de ese reencuentro y a la aparición del codiciado manuscrito se suman alternativamente dos planos temporales más: el de la vida de Heredia a comienzos del siglo XIX, en los años de la Colonia, y el de los últimos días de su hijo José de Jesús de Heredia, masón, a principios del XX.

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