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Aya Hatariy activó el arte en Carcelén

La sala ubicada en Carcelén, en el norte de la capital, cuenta con un aforo para 40 personas. Foto: Cortesía Fundación Aya Hatariy

Aya Hatariy es una expresión quichua que traducida al español se podría entender como el despertar del espíritu comunitario. También es el nombre de la sala de cine y teatro, que un grupo de jóvenes dedicados al fomento del arte y la cultura abrió en Carcelén, un barrio ubicado en el norte de Quito, en agosto del 2013.

Gracias a un trabajo comunitario, en el que participaron los miembros de la Fundación Cultural Aya Hatariy y vecinos del sector se logró transformar un galpón abandonado, de propiedad del Municipio de Quito, en un espacio que durante los últimos siete años activó el arte y la cultura.

Sisa Gabriela Sánchez, uno de los miembros de la fundación, cuenta que en este tiempo se han realizado 124 funciones de teatro de diversos géneros; 19 exhibiciones de películas, con colaboración de la Fundación Cultural Ochoymedio; cinco exhibiciones de danza profesional, y se ha gestado el apoyo a la producción y dirección de 27 festivales.

Sánchez también explica que las actividades en esta sala están suspendidas desde febrero del 2020. “Un día llegamos y nos encontramos con las puertas cerradas y con candados. Los autores fueron unos pocos vecinos del sector”. En ese momento comenzaron a gestionar un convenio de uso con el Municipio de Quito, que hasta la fecha no se concreta.

Para Javier Cevallos Perugachi, presidente de la Red de Espacios Escénicos Independientes, Aya Hatariy es uno de los sitios culturales más importantes de la ciudad por dos razones: está fuera del sector donde tradicionalmente se ha concentrado la oferta cultural y porque atiende a un sector considerado periférico, como Carcelén. “La concepción de este espacio va más allá de la circulación de servicios y productos artísticos. Pasa más bien por pensarse como un centro cultural de articulación comunitaria”.

Asimismo, Giovanna Valdiviezo, una artista que también ha trabajado en la activación cultural en el norte de la ciudad, sostiene que es uno de los pocos lugares que apoya a la descentralización de la cultura y que está realmente conectado a la vida del barrio. “Es un referente de cómo se tienen que activar las casas barriales, que no pueden seguir siendo espacios privados de las directivas”.

A más de la exhibición de obras de música, danza, teatro, cine y artes plásticas, los miembros de Aya Hatariy, -la mayoría jóvenes universitarios-, han impulsado eventos de encuentro comunitario, campamentos educativos vacacionales, ferias de emprendimientos, talleres formativos y, desde hace cinco años, una feria agroecológica solidaria.

En la sala también se han realizado varias ediciones de los encuentros Kitu Samay, Las Artes por Manabí y Nodo Cultural. La última actividad que se celebró en este espacio fue un encuentro que contó con la participación del grupo Contraelviento y varios elencos de danza de Carcelén.

Sánchez espera que el Municipio firme el convenio definitivo para el uso cultural de este espacio. La gestora cultural está convencida que las artes vivas, el teatro, la danza y la proyección audiovisual que se realizaban en esta sala también ayudaban a sensibilizar a las personas para que tengan una vida de mayor convivencia comunitaria en el sector.

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