21 de August de 2012 00:03

Guayasamín, la difusión de su obra y el culto al hombre

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Como un planeta dentro de Brasilia, así se muestra la cúpula que es el Museo Nacional, diseñado por Óscar Niemeyer. Desde el 10 agosto, ese espacio alberga una retrospectiva de Oswaldo Guayasamín, bajo el título de ‘Continente mestizo’.

El personal del Museo, dirigido por el artista y curador Wagner Barja, realizó una didáctica y detallada labor museográfica, que ponía en relieve las referencias de las representaciones prehispánicas y del arte barroco, en la pintura de Guayasamín. Asimismo, la disposición de las obras en la sala permitía introducirse en una caracola en cuyos centros se desplegó el Huacayñan, acaso la más desgarradora e intensa serie del ecuatoriano. El concepto de espacialidad también se reflejó en la necesidad de levantar una réplica de la Capilla del Hombre dentro del Museo. ‘Continente mestizo’ es un esfuerzo que aunó a instituciones de Ecuador y Brasil, para la producción de la muestra.

La obra de Guayasamín tiene, sin duda, un valor enorme para la pintura universal; ese gesto desgarrado, la intensidad de los dolores y los conflictos, la profundidad con que el pintor pensaba sus cuadros son solo algunas de las características que le dan valor. Sin embargo, lo que sí resulta cuestionable es pensar en Guayasamín como si nadie hubiese existido antes y nadie después; no como el hombre, sino como el dios de la pintura ecuatoriana. ¿Acaso existe algo más mesiánico que lo expresado en: “Mantengan una luz encendida que siempre voy a volver”?, frase presente en la Capilla del Hombre y reproducida en Brasilia.

El problema con los cultos a la personalidad es que terminan por mitificar al hombre, proyectando una idea grandilocuente y falsa de quien asumió un valor cierto por lo hecho en vida. Ocurre con Guayasamín acá, ocurre con Juscelino Kubitschek en Brasil. Es más, como un exceso en la museografía, se montó la fotografía de Guayasamín abrazando el retrato del ex Presidente brasileño, un montaje que evidenciaba la relación ideológica y personal entre estos dos ‘prohombres’ de Latinoamérica.

Si el público del Brasil conocía poco la obra de Guayasamín, con ‘Continente mestizo’ tuvo la oportunidad de acercarse a ella, pensarla y valorarla. Ahora que Guayasamín abrió la puerta, sería bueno pensar en otros artistas ecuatorianos, anteriores y posteriores, cuya obra puede destellar en otras ciudades del mundo.

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