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‘Escalera de piedra’, la ruta a la obra polifónica de Rumazo

Lupe Rumazo vive desde hace varias décadas en Venezuela. Entre sus obras se destaca ‘Carta larga sin final’ (1978). Foto: Escritores.org

En la literatura de Lupe Rumazo (Quito, 1933) la potencia de sus ideas y la claridad de su pensamiento deslumbran. Están presentes en libros como ‘Carta larga sin final’ y ‘Peste blanca-Peste negra’ y, asimismo, aparecen en ‘Escalera de piedra’, la novela inédita que la editorial Seix Barral lanzó a inicios de este 2021. 

El libro, que comienza con una cita de ‘Écrire’ de Marguerite Duras, es una obra que va a caballo entre la novela y el ensayo. En sus páginas, la autora se dedica a rastrear la memoria de Alfonso Rumazo González, su padre. Lo hace a través de sus lecturas, de los personajes a los que consagró su trabajo como escritor e historiador y de la vida de su familia.

La novela atrapa en forma y fondo. En forma porque su estructura narrativa rompe con los cánones de la novela, en la que un personaje central va moviendo los hilos de la historia. ‘Escalera de piedra’ aparece como un texto polifónico, en el que el entorno pequeño: familiar; el del mediano círculo: amigos, sociedad; y el de la órbita grande: donde están los conceptos universales, dialogan de forma constante. 

La novela ofrece al lector la posibilidad de adentrarse en el patrimonio cultural de esta escritora. Su carácter polifónico está marcado por la presencia de personajes históricos, sobre todo los que ocuparon el trabajo de su padre, entre ellos Manuela Sáenz, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y Francisco de Miranda; personajes autobiográficos, incluida la propia autora; y una pléyade de escritores universales.
 
En el caso de la presencia de los escritores, no se trata de la incorporación de citas al azar, sino de apariciones que propician un diálogo inteligente entre el mundo conocido, el del afuera, y el mundo de lo desconocido, el íntimo. Ahí están Nietzsche, Borges, Mistral, Garcilaso de la Vega, Saramago, Víctor Hugo, Camus o Kaf­ka, siempre tejiendo conexiones con el pasado, pero sobre todo con la memoria. 

A esta polifonía se suman textos poéticos y textos de carácter periodístico, como el extracto de la entrevista que Jean Thibaudeau le realizó a Roland Barthes, en la que el filósofo francés habla sobre el ‘Grado cero de la escritura’. Asimismo, aparecen imágenes, algunas son de obras de artistas como Goya.

En el liminar del libro, que fue escrito en junio del 2002, Rumazo apunta que la terminación de esta novela coincidió con la posibilidad de que fuera llevada a Venezuela -donde reside desde hace varias décadas-, una parte simbólica de las cenizas de Sucre. Hecho que, en principio, la movió a escribir un capítulo más, pero del cual pronto desistió. 

En la novela también aparece la autora como un personaje. Para que el lector entienda esta presencia, en un pasaje del prólogo recuerda que en una ocasión Julio Cortázar señaló que él, con su ser íntegro, se había metido dentro de algunos de sus cuentos, pero que ella ha avanzado más. 

“Se habla de Lupe -dice- porque se trata de Lupe, como también de Inés que es la madre de Lupe, o de los hijos de esta. Esto que parecería entrar en lo autobiográfico y que en realidad se llega a ese dominio instaura sin embargo una nueva manera de novelar”. 

Asimismo, la autora argumenta que en la novela no hay un distanciamiento de lo propio, porque es justamente lo propio lo que inserta a los seres humanos en lo más plural. 

A través de este ejercicio, permite que el lector conozca pasajes de la profunda y estrecha relación que mantuvo con su padre, al que considera el mayor biógrafo de América y un hombre continental. Una relación y un diálogo que persiste en estas páginas, en las que también crítica y cuestiona términos tan manoseados como el del poder.

Por ejemplo, el poder del mundo literario local que, de forma arbitraria, orilló su obra en las periferias durante muchos años, a pesar de que su obra había sido valorada y comentada por autores como César Dávila Andrade, Leopoldo Zea, Ernesto Sábato y Juana de Ibarbourou y que había sido reconocida internacionalmente. 

En un pasaje vuelve sobre los detalles de sus conversaciones con Sábato, quien escribió un texto para su ‘Rol beligerante’ (1974). El autor de ‘Sobre héroes y tumbas’, señaló acerca de este libro, que es de lo más profundo, original, impetuoso y lúcido que ha leído sobre los problemas de la literatura que se escribe en latinoamericana. “¡Qué coraje intelectual, cuanta honestidad espiritual respira cada una de sus páginas!”. 

Hay otros poderes sobre los que también reflexiona. Uno de ellos es el poder cotidiano. En una carta que le escribe a Sábato, le recuerda que ella presentó, en la Organización de Estados Americanos (OEA), una ponencia acerca de la violencia contra la mujer intelectual. Otro tema que le menciona es el retorno de los héroes del pasado al presente, del que habla en este libro.
 
Con la publicación de ‘Escalera de piedra’ y de la segunda edición de ‘Carta larga sin final’- que se lanzó el año pasado-, sin duda se ha abierto una puerta para que una nueva generación de lectores vuelva sobre la obra de una de las escritoras imprescindibles de las letras latinoamericanas.

Como ella misma recuerda, al citar a García Bacca, lo que no se pierde, se transforma y persiste.