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El as en tejer mimbre y ‘charolar’

En plena tarea de reparación. Carlos Ortega tiene habilidad para atejer el mimbre con precisión. Foto: EL COMERCIO

En plena tarea de reparación. Carlos Ortega tiene habilidad para atejer el mimbre con precisión. Foto: EL COMERCIO

Si hay algo que tienen en común Julio, Víctor Hugo y Carlos Ortega es la pasión por rehabilitar muebles antiguos. El último es heredero de antiguas técnicas de reparación de la madera, el mimbre y el cuero, que le dejaron su padre y su abuelo.

El taller de los Ortega siempre ha funcionado en el centro de Ibarra. Carlos recuerda que su padre, Víctor Hugo, y su abuelo, Julio, mantuvieron el local por más de 20 años frente a la tradicional iglesia de San Agustín.

En ese sitio cimentaron su fama para reparar la variedad de muebles decorativos antiguos de madera. Entre los más solicitados por los clientes están mecedoras, sillas, bancas, mesas de centro y auxiliares y camas.

Según Ortega, la especialidad de esta dinastía son los muebles vieneses. Se distinguen porque en el asiento o en el espaldar el mimbre reemplaza a la madera.

El artesano, de 29 años, dice que esos muebles, por lo general, están en casas residenciales y en haciendas de familias adineradas de la provincia.

Víctor Hugo, quien falleció hace dos años, estuvo al frente del taller por tres décadas. Él transmitió todos los secretos a su hijo Carlos, para reparar muebles de hasta 120 años de antigüedad.

Por ello, los clientes de su padre y de su abuelo todavía llegan hasta la pequeña factoría, ubicada actualmente en la calle Rocafuerte. El taller todavía mantiene los mismos espacios que dejó el padre Víctor Hugo.

Es el único sitio en Ibarra que conserva la técnica de ‘encharolar’ las maderas de nogal o pino, árboles con lo que son elaborados los vieneses.

Para Ortega, no hay mueble que no pueda ser reparado por sus manos. Él asegura que tiene la habilidad para arreglar hasta los daños más espinosos.

Lo valioso de su trabajo es que todo el proceso es manual. este es meticuloso pero lento. En el caso de una silla puede demandar hasta un día de trabajo.

Otro de los aspectos en el que pone especial cuidado es el tratamiento a la madera.

“Aquí es prohibido el uso de soplete”, dice Ortega convencido.

Para la ‘encharolada’ utiliza una fórmula basada en goma laca, alcohol y anilina natural, que luego es aplicada al mueble con una brocha. Los colores más solicitados por los clientes son el café, el vino y el negro.

Según Ortega, para el acabado final utiliza algodón y media nailon para sacar el brillo a la madera. El otro secreto en ese proceso final: se hace bajo el sol.

En este taller se fabrican mecedoras y sillas con la técnica vienesa, pero bajo pedido. Ortega explicó que hay clientes que prefieren ese tipo de muebles, en vez de lineales o tallados, que también tienen buen mercado.

Por ello, Carlos Ortega prefirió no dejar extinguir el oficio de su padre y su abuelo, pese a que ahora también se ocupa de una boutique de ropa. La meta es preservar el apellido Ortega en el cuidado de muebles antiguos.

El mimbre tejido
El arreglo de una silla,  con pintura y tejido de mimbre, tiene un costo mínimo de USD 80.

El precio depende del estado del mueble. La reparación de este tipo de muebles, por la aplicación de una técnica exclusivamente  manual, demanda de un mayor tiempo.

El joven Carlos Ortega   heredó la habilidad   que tenía su abuelo, Julio, para entretejer el mimbre.  Con un compás metálico señala las distancias que debe dejar de una hilera de mimbre a otra.  Según Ortega, la dimensión, los huecos y las distancias son claves para conseguir un tejido que sea perdurable y uniforme. En la uniformidad está el secreto de un buen tejido de mimbre.

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