26 de October de 2011 12:59

El cerebro es unisex al nacer, las diferencias vienen después

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El cerebro humano es casi “unisex” al nacer, a pesar de las teorías “neurosexistas” que constituyen una nueva forma de discriminación supuestamente basada en factores biológicos.

La teoría pertenece a la psicóloga Cordelia Fine, de la Universidad de Melbourne (Australia), para quien las diferencias de género no están dadas por el cerebro sino que surgen en los primeros años de vida por influencia de la cultura y la sociedad.

“Ha nacido una nueva forma de discriminación sexual: el neurosexismo, que justifica y por lo tanto contribuye a alimentar las diferencias de género, reforzando la barrera entre hombres y mujeres en educación y trabajo”, dijo Fine en entrevista con la agencia Ansa.
En su libro “Delusions of Gender” (Cuestión de sexos), Fine revisó numerosos estudios al respecto: en los últimos años, dijo la psicóloga, hubo una sucesión de estudios que tienden a demostrar diferencias innatas en el cerebro de hombres y mujeres.

“La tesis predominante es que el cerebro masculino es distinto, desde el nacimiento, del femenino, porque los varones están expuestos a una mayor cantidad de hormona masculina (testosterona) en el vientre materno. En realidad se trata de hipótesis no conclusivas y desmentidas por otros estudios”, aseguró.

Una investigación de John Archer, de la Universidad de Lancashire, desmonta el mito de que la agresividad es un rasgo congénito típicamente masculino: “También las niñas son agresivas, la diferencia es que desde pequeñas su agresividad es reprimida por los adultos”, explicó Fine.

Otro mito por deshacer es la empatía como una propiedad específicamente femenina: según un estudio de Erin Mclure, de la Emory University, las niñas son solo levemente más empáticas que los varones pero con los años la diferencia aumenta, porque a los niños se les enseña a ser más duros y no mostrar sus emociones.

Con la multiplicación de estos estudios sobre el “sexo del cerebro”, agregó la psicóloga, surgió el “neurosexismo”, que “de hecho alimenta la discriminación de género”.  

Así “las diferencias sexuales en el cerebro se convierten casi en una justificación para la desigualdad entre sexos aún creciente en nuestra sociedad: muchas empresas usan programas de entrenamiento diferentes sobre la base de la idea de que mujeres y hombres tienen un cerebro distinto”, alimentando la barrera laboral masculino-femenina.

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