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El caso de Carmen Mola y el uso de seudónimos en la literatura ecuatoriana

Los guionistas españoles Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero ganaron el Premio Planeta 2021.

Carmen Mola no es una mujer. Es el seudónimo que inventaron los guionistas españoles Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero para publicar sus novelas escritas a seis manos. Con una de ellas, la última, ganaron el Premio Planeta, el pasado viernes 15 de octubre del 2021.

El uso de seudónimos dentro de la historia de la literatura no es una novedad. Hombres y mujeres lo han utilizado por distintas razones: para sortear la discriminación étnica o de género, por asuntos políticos, por necesidad de anonimato, o por puro mercadeo.

La literatura ecuatoriana no ha sido ajena a este uso. El catedrático Álvaro Alemán recuerda que la mayoría de las escritoras ecuatorianas del siglo XX, tanto poetas como narradoras, emplearon seudónimos, muchos de ellos eran nombres femeninos extranjeros.

Laura Borja, la hermana de Arturo Borja, se hacía llamar Isabelle de Villars; Syda Letty de Castillo utilizaba el seudónimo D’jenana; María Ramona Cordero y León escribía con el nombre de Mary Corylé; mientras que Zoila López lo hacía con el nombre de Madreselva y Zoila Ugarte con el de Zarelia.

Entre los hombres, Medardo Ángel Silva escribía con el seudónimo de Jean D’Agreve, Carlos H. Endara firmaba como Diletante y Jorge Carrera Andrade como Ortoz o Jean Valjean.

Dentro de los escritores contemporáneos está el caso de Jorge Izquierdo, autor de ‘Te Faruru’, que ha publicado varios de sus libros con el nombre de Salvador Izquierdo.

La historiadora María Helena Barrera cuenta que dentro del mundo del periodismo Miguel Valverde uso el seudónimo de Mery Freeman y José Gómez Carbo el de La Magdalena de Vinces. Asimismo, recuerda que Nela Martínez tuvo muchos seudónimos, entre ellos Mariana de Pineda.

“A finales del siglo XIX y principios del siglo XX el uso de seudónimos dependía mucho del tipo de escrito y del medio en el que se iba a publicar. Fue algo común. A veces, políticamente necesario”, agrega.

El caso bizarro

En ‘Las Catilinarias’, Juan Montalvo cuenta que un día, en Guayaquil, una joven le pidió un discurso para darlo como si fuese de ella, en un certamen público. Montalvo lo escribe y dice que la joven lo pronunció y causó sensación. Y transcribe el discurso en su totalidad, que se lee como si fuese de una mujer pero es suyo.

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