21 de mayo de 2019 00:00

Tres artesanos de la guitarra son homenajeados en Azuay

El artesano Olivo Chiliquinga (izq.) es uno de los homenajeados en este festival que empezó el 13 de mayo. Foto: Lineida Castillo/ EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Son 17 días de música y arte. La novena edición del Festival Internacional de Guitarras finalizará el 29 de este mes en la capital azuaya. En este espacio participan maestros luthiers y artistas vinculados con la identidad nacional.

Es un espacio para rendir homenaje con música a personajes como Olivo Chiliquinga, Jesús Ortega y Saúl Benalcázar, quienes son destacados artesanos que han dedicado toda su vida a elaborar instrumentos como guitarras, bandolines, charangos, requintos, ukuleles, entre otros.

El evento se efectúa en la Casa de la Cultura del Azuay con dos actividades paralelas. La primera es una exposición y venta de instrumentos de cuerda de los tres artistas. Mientras que la segunda son conciertos con músicos de Ecuador, México, Colombia, Uruguay y Paraguay.

Este festival es organizado por el Centro de Estudios Guitarrísticos Sono, que tiene el apoyo del Ministerio de Cultura y Patrimonio, la Dirección de Cultura del Municipio de Cuenca, Casa de la Cultura del Azuay y el Instituto de Fomento de las Artes, Innovación y Creatividad.

Los asistentes admiran las obras de los tres artistas que hacen un trabajo de calidad en sus guitarras artesanales para conciertos. Los tres empezaron en este oficio cuando eran niños y por herencia familiar.

Chiliquinga tiene más de 60 años de trayectoria en la construcción de instrumentos y empezó elaborando violines. Desde muy joven viajó por el mundo para conocer las técnicas para fabricar estos instrumentos. En el Instituto George Braun de Sídney, Australia, aprendió a clasificar y a tratar las maderas para conseguir mejores vibraciones.

En Italia, en cambio, se especializó en la fabricación de violines y en Canadá inauguró su empresa Olivo Guitars, que durante 15 años lideró la fabricación de bajos y guitarras eléctricas.

Chiliquinga trabaja con maderas muy antiguas que él selecciona. Él realiza un secado natural para que sus creaciones tengan mejor calidad. Sus instrumentos han competido -en sonidos- con marcas de otros artistas de España y Japón, dijo Chiliquinga. Sus guitarras han trascendido fronteras y están en manos de famosos artistas como el trío Los Panchos, Silvio Rodríguez, entre otros.

En la actualidad, comparte este arte con sus hijas Olivia, Mariela, Maritza y su esposa Narcisa, quienes son su apoyo. En cambio, Jesús Ortega y Saúl Benalcázar son oriundos del cantón azuayo de Sígsig, donde está la cuna de los artesanos que fabrican guitarras.

Las obras de Ortega son una fusión entre las técnicas de instrumento artesanal, europeo y americano, de los cuales obtiene un sonido singular.
Según Benalcázar, los músicos internacionales son los que más valoran sus guitarras y por eso este festival les permite relacionarse con ellos.

Este azuayo elabora, en la actualidad, una guitarra especial para el artista Bolívar Sarmiento, quien presentará un concierto en Francia. Para él, es satisfactorio ser homenajeado dentro de este evento. Los tres luthiers donaron una guitarra de concierto cada uno para los artistas ganadores del Concurso Internacional de Guitarra, que es parte de este evento.

Además, el ganador del primer lugar tocará con la Orquesta Sinfónica de Cuenca, como solista invitado. El domingo pasado, los artistas nacionales e internacionales, que participan en esta novena edición, recorrieron los talleres de los artesanos del cantón azuayo de Sígsig.

En esa jurisdicción está la denominada Ruta de las Guitarras, que agrupa a 20 talleres de la parroquia San Bartolomé, ubicada a una hora de Cuenca. Allí, funcionan los talleres de las familias Uyaguari, Ortega, Landy, Quezada, Tuza, Coyago y Benalcázar, entre otros que han ganado reconocimientos internacionales.

De acuerdo con los registros históricos, los españoles que fundaron este poblado trajeron esta actividad y con el tiempo la gente lo perfeccionó. “Detrás de cada instrumento hay habilidad, dedicación, experiencia y amor por este oficio”, dijo Gabriel Coyago, artesano de la zona.

En el recorrido, los ebanistas intercambiaron información sobre cómo llegó esta actividad al territorio y sus experiencias en esta actividad. “Para fabricar los instrumentos de cuerda es necesario saber de música y conocer la tendencia de los artistas”, señaló Benalcázar.

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