8 de enero de 2020 09:16

Agatha, una perrita, apoya en terapia para niños, en el Hospital San Francisco, del IESS

Agatha visita todos los miércoles a las 15:00 a los niños que se encuentran hospitalizados en el Hospital San Francisco del IESS. Foto: EL COMERCIO.

Agatha visita todos los miércoles a las 15:00 a los niños que se encuentran hospitalizados en el Hospital San Francisco del IESS. Foto: EL COMERCIO.

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Mariela Rosero

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Narices frías

Una ayudante fuera de lo común tienen los médicos del Hospital General San Francisco, en Carcelén. Se trata de Agatha, con la que desde noviembre del 2019 se aplica la llamada can terapia.

Todos los miércoles, a las 15:00, la perrita ingresa a esta unidad de salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Trabaja por ahora con los niños.

Desde que nació esta perrita fue preparada para ayudar en la terapia. Por ello los cuidados en su alimentación, aseo y estado de salud son estrictos, para que pueda estar en contacto con pacientes y personal médico sin problemas, indicó el Hospital San Francisco.

Desde noviembre del 2019, Agatha realiza sesiones de canoterapia en el hospital. Foto: EL COMERCIO.

Desde noviembre del 2019, Agatha realiza sesiones de can terapia en el hospital. Foto: EL COMERCIO.

“Es la primera vez que veo esta clase de terapia con perros, nunca me imaginé que una mascota podría estar en un hospital”, comentó Luis Rueda, padre de Kevin, un niño que se encuentra en el área de pediatría.

Agatha -asegura este padre- ha contribuido en la recuperación de su hijo. “A él, le gustan los perritos y, encontrarse con uno acá ha hecho que emocionalmente esté bien. Disfruta mucho de su presencia”.

Verónica Pardo es la voluntaria que acompaña a Agatha, en sus visitas. Unos 10 niños y sus padres, relató, participan de las terapias y charlas, que contribuyen a la humanización de la atención.

Agatha es sometida a estrictos cuidados en su alimentación, aseo y salud para poder estar en contacto con los pacientes. Foto: EL COMERCIO.

Agatha es sometida a estrictos cuidados en su alimentación, aseo y salud para poder estar en contacto con los pacientes. Foto: EL COMERCIO.

“Los niños sonríen desde que tenemos a la perrita acá. Se siente un ambiente diferente, salen de la rutina durante su estancia acá. Esa estimulación emocional influye en que se recueren pronto, activa sus defensas”, dijo Jackeline Sánchez, enfermera.

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