Reinaldo Páez Z.

Vericuetos que salvan

La sociedad se integra con varios grupos de personas, unas que sienten un profundo compromiso de servir a la colectividad y de esforzarse por mejorar las condiciones de vida de sus compatriotas e influir en el conglomerado reducido o amplio, estudiantil, gremial, sindical, académico, empresarial o político. Si su intención es sincera y dependiente de una correcta formación interior, alcanzará sus loables objetivos.

En el espectro social hay individuos que ansían obtener poder para imponer sus malsanos deseos de apoderarse de los bienes y de los recursos nacionales para aplacar su ambición ilimitada, a través de maniobras y actos dolosos.
También hay una ancha franja integrada por reos que anhelan recuperar el poder político para, con él, obtener indultos, anular sentencias y perdonar a prófugos.

Las Asamblea Nacional y otras instituciones son rompecabezas armados con estas piezas sociales disímiles que emiten, en conjunto, declaraciones y resoluciones contrarias a la moral nacional. Es inaceptable que bloques numerosos de legisladores, cuyas altas remuneraciones, son cubiertas por los aportes de la ciudadanía, se encuentren empeñados en obstaculizar todo proyecto gubernamental tendiente a rescatar al país de la tragedia en que la prolongada gestión devastadora lo sumió. No perciben estos asambleístas la falta de trabajo que ahoga a una inmensa mayoría de jóvenes y en lugar de tratar de solucionar esta lacra, una representante legislativa invita y aconseja a su comunidad a que robe, pero que robe bien. Se ha descubierto la vergonzosa acción, de algunos asambleístas: cobrar a sus asesores y colaboradores una parte de sus salarios, se ha sancionado con la expulsión de las curules a dos culpables, pero la agrupación que hace alarde de su gestión encubridora con el perdón y olvido para los corruptos que se enriquecieron a costa del empobrecimiento del pueblo, acaba de salvar a otro diezmero, a pesar de la recomendación de la Comisión de Ética a base de las pruebas irrefutables presentadas y lo premia anexándolo a su bancada.

El tratamiento de la reforma tributaria ha demostrado la ineptitud y el desconocimiento de los graves problemas que atosigan al Ecuador por parte de los asambleístas; es inexplicable que este proyecto de ley, que recibió 18 cambios en la comisión de Desarrollo Económico, no haya sido aprobado ni en el informe de mayoría, ni en el informe de minoría, porque los legisladores priorizaron su lucimiento personal y sus intereses individuales sobre las urgencias económicas del país. La abstención del bloque mayoritario evitó el archivo de esta reforma y ha dado origen a una duda ¿hubo arreglo entre el gobierno y el mencionado bloque? ¿A qué costo? Confiamos que no haya existido este abominable convenio y que hayan sido los vericuetos de algunos legisladores, como aquel que amenazaba “ si no recogen nuestras observaciones, estamos viendo el archivo como opción”, los que confundieron a la Asamblea y dieron paso a la imposición de lareforma por ministerio de la ley.

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