El Niño vuelve a poner a prueba la resiliencia económica de Ecuador

Exportadores, familias y migrantes sostienen una economía que enfrenta El Niño.

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Una buena parte de la resistencia de la economía ecuatoriana descansa sobre los hogares y los migrantes quienes producen, trabajan, consumen o envían recursos al Ecuador.

Ecuador enfrenta amenazas climáticas y una desaceleración de sus exportaciones. En ese contexto, los hogares, el sector productivo y los migrantes aportan al movimiento económico en este año.

Las exportaciones son uno de esos pilares relevantes. Después del récord de 25 202 millones de dólares alcanzado por las ventas no petroleras y no mineras en 2025, el crecimiento sería inferior al 5% este 2026, pero incremento al fin.

El panorama inmediato se complica por una menor demanda internacional, pero también por factores internos que pueden golpear directamente la producción.

El Fenómeno de El Niño es una seria advertencia. Las inundaciones ya afectan zonas productivas de Guayas, Los Ríos y Manabí, mientras la humedad amenaza la calidad de los cultivos.

A ello se suma el riesgo de daños en carreteras que conectan las zonas productivas con los puertos y una incertidumbre energética. La economía ecuatoriana no puede permitirse la pérdida de competitividad si la producción no logra llegar a tiempo a su destino.

El PIB ecuatoriano aumentó 2,1% interanual durante el segundo trimestre de 2026 y el consumo de los hogares aumentó 3,5%. Este sector de la sociedad se convirtió en uno de los principales motores del crecimiento.

A este esfuerzo se suma otro que ocurre a miles de kilómetros. Los migrantes ecuatorianos enviaron 2 041,3 millones en remesas durante el segundo trimestre de 2026 y otros 3 898 millones durante el primero. Estados Unidos y España concentraron la mayor parte de esos recursos. Ese dinero no es una cifra abstracta. Esos recursos sirven para pagar alimentación, educación, vivienda, salud y deudas, y termina circulando en comercios y negocios locales.

Ecuador tiene, entonces, una economía sostenida por varios hombros. Son los productores que conquistan mercados, las familias que mantienen el consumo y los migrantes que continúan aportando desde el exterior.

Esa capacidad de sostenerse frente a El Niño, las dificultades energéticas o un escenario internacional menos dinámico, obliga a mirar el crecimiento desde otra perspectiva. El verdadero desafío será que esa resistencia deje de ser únicamente una forma de sobrellevar las crisis y se convierta en capacidad para generar riqueza cuando las complicaciones pasen.

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