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No hay duda que la Selección de fútbol es el símbolo de unión en Ecuador. Eso ha quedado demostrado en los partidos que se juegan en estos días en el estadio Atahualpa.
Ahora el turno le tocó a la Sub-17, la que ha hecho delirar a los miles de aficionados ecuatorianos que han ido a alentar a una nueva generación de deportistas. Ellos con sus gambetas y picardía han difundido el nombre de Ecuador al mundo.
Los nombres de Kendry Páez, Keny Arroyo, Juan Rodríguez, Jair Collahuazo, Cristhian Loor… pasaron a la historia del fútbol ecuatoriano.
Esa decena de chicos nos dio otra clasificación a un Mundial, a este país que requiere noticias positivas, para así olvidar, momentáneamente, la crisis de inseguridad y política por la que atraviesa.
Es envidiable ese comportamiento que tienen los aficionados que han ido en estas semanas a los estadios de Guayaquil y ahora en Quito a ver a las jóvenes figuras del Sudamericano Sub-17.
Allí han coincidido hinchas de distintas camisetas, en la que han demostrado que al fútbol se va a disfrutar y distraerse. Ese comportamiento es el adecuado y es un ejemplo que lo tendrán que tomar en cuenta las organizaciones que regulan esta actividad en Ecuador.
Meses atrás, la Selección Sub-20 también mostró ese crecimiento al llevarnos a otro Mundial, que se lo jugará en Argentina.
Para Ecuador, ir a los mundiales juveniles no es casualidad. Es producto de trabajo y planificación, que ahora muestran las instituciones. Es probable que muchos de esos jóvenes se consoliden en el profesionalismo y sean transferidos a las grandes ligas europeas. Y que, más adelante, se conviertan en el sostén de la Selección mayor, que es la que tiene más atención.
Es necesario seguir en esa línea y que se sumen todos los clubes que juegan fútbol profesional en Ecuador, con el fin de que esta actividad sea sostenible.
Hay más de 10 000 niños y jóvenes, entre 10 y 17 años, federados en clubes profesionales y en el amateurismo, que buscan a través del fútbol la puerta para encontrar una mejor calidad de vida para ellos y sus familias.
Por ahora, hay que disfrutar de esta generación de jóvenes que hacen del fútbol una actividad entretenida y que han llevado a Ecuador a más mundiales.