Pare a los suicidios juveniles en Ecuador

Los suicidios e intentos autolíticos en niños y adolescentes demandan mayor prevención e intervención en hogares y planteles educativos.

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Frases como “Ya nada importa”, “No vale la pena seguir viviendo”, “Quiero morir” o comportamientos inusuales, entre ellos pérdida de apetito, aislamiento, llanto repentino…

Estas son señales de alarma en niños y adolescentes y que conducen a suicidios. Este es un problema que se mantiene en Ecuador y que se agravó con la pandemia. 

Las familias se han enfrentado a la pérdida de seres queridos, desempleo, crisis económica, migración, inseguridad, entre otras dificultades. El estrés que esto produce es difícil para los adultos, por lo que para los pequeños es aún más.

Con el retorno a las aulas están expuestos a otro mal: el bullying. Esto se da por la apariencia física, orientación sexual, identidad de género, racismo, etc. 

Todo esto junto con la influencia de las redes sociales que minan su autoestima y su desarrollo hace que el sufrimiento sea mayor. El suicidio es la segunda causa de muerte, entre niños y adolescentes de 5 a 17 años. La primera son los accidentes de tránsito (INEC, 2021).

De forma general, el Servicio Integrado de Seguridad ECU-911 muestra que el suicidio sigue latente. En el primer trimestre de 2023 reportó 86 suicidios frente a 119 del mismo periodo del 2022. Un descenso del 27,7%. 

Los intentos autolíticos, en cambio, sumaron 183, mientras el año anterior fueron 203. Una caída de apenas 9,8%. En consecuencia, hay mucho todavía por hacer. 

Los planteles cuentan con Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE), que activan protocolos en casos de denuncias, pero muchas veces resultan tardíos. Este es el caso de la reciente pérdida de Johanna. Su familia acusa a las autoridades del Colegio Mejía de conocer sobre maltratos físicos y psicológicos que sufría y no activar la ayuda. 

Valdría la pena, que padres y autoridades realicen una autoevaluación sobre el manejo de esta problemática en el interior de los hogares y planteles educativos públicos y privados.

Hace falta una mirada profunda a programas extranjeros antibullying, que tienen resultados. Uno de ellos es el finlandés, el cual no se centra en el buleador o en la víctima.

Incluye acciones generales y específicas. Las primeras consisten en enseñar a los alumnos sobre sus emociones, relaciones, presión de grupo y, sobre todo, qué pudieran hacer para terminar con esta práctica.

De forma individual, profesores y personal de la escuela tratan directamente con el agresor y la víctima y siguen de cerca sus agresiones. Al mismo tiempo se arma una estrategia de apoyo a la víctima.

Este proyecto de prevención e intervención es permanente y sostenido. Al suicidio hay que ponerle un PARE! 

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