La falta de cupos en las universidades preocupa

Son 85 000 los jóvenes que se quedan sin acceso a la universidad, según contó Alejandro Ribadeneira, secretario de Educación Superior. No deja de ser un número preocupante. Es un cantidad muy alta de personas que busca prepararse y tener un mejor futuro.

Más preocupante aún es que 76% de quienes aspiran a una de las 122 000 plazas disponibles se graduó del colegio en años anteriores. Esto quiere decir que una buena parte de la población joven del país está en busca de encontrar oportunidades en el sistema de educación superior y no lo logra.

La pregunta que se impone es: ¿qué ocurre con esos jóvenes? Es posible creer que irán al mercado laboral, pero eso tampoco ocurre por la falta de trabajo en el país en general, y menos todavía para las nuevas generaciones.

El Secretario de Educación Superior afirma que el Gobierno arrastra el problema de administraciones anteriores y que si solo se tuvieran 60 000 bachilleres al año, los cupos sobrarían. No es la respuesta que se espera de quien dirige una de las Secretarías más importantes del país. Si bien la universidad es el espacio en donde se debe generar conocimiento, este se da mayormente en función del mercado laboral. Es el lugar en donde se busca un ascenso social, el mejoramiento de las condiciones de vida. Y sabido es, de sobra, que una buena parte de los jóvenes proviene de familias que no pueden pagar una universidad privada sin acceder al crédito educativo, que tiene altas tasas de interés.  Muchos de ellos son el resultado de una deficiente educación secundaria, mayormente también del sistema público.

Además, es un problema recurrente que muchos de los egresados de tercero y hasta de cuarto nivel no consiguen trabajo.

Son varias ya las décadas en que se ha dicho que se deben impulsar carreras técnicas, pero la mayoría continúa optando por las carreras tradicionales, como Derecho o Medicina.  

Urge, entonces, cambiar de paradigma, pero también deben existir soluciones para que las generaciones que vengan tengan estímulos reales para aportar a sus familias y, de paso, al país.