Efectos de la fluctuación política en la región

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Domingo 14 de abril 2019

El tránsito político de América Latina, desde la última década del siglo XX hasta ahora, se ha ceñido a la teoría del péndulo y ha tenido efectos en la integración regional. La reciente decisión de Argentina de abandonar la Unasur es una muestra de aquello.

La explicación de Mauricio Macri es que la Unasur se ha “ideologizado” y su diplomacia se dedicará a fortalecer Prosur, la alternativa regional al bloque fundado cuando la llamada izquierda era mayoría en la región.

El expresidente colombiano Juan Manuel Santos dijo que Prosur tendrá las mismas debilidades que su predecesor porque también es un bloque con una ideología detrás.

La integración es un anhelo que roza con la utopía en nuestros países y tampoco ha servido para resolver la institucionalidad interna. De la derecha a la izquierda y de regreso a la derecha en varios países, como Brasil o Argentina, las orientaciones ideológicas no han encontrado un camino que lleve a sus pueblos hacia una vida con empleo digno, educación de calidad y salud universal.

Argentina está viviendo una crisis que cada vez exaspera más a la población. Jair Bolsonaro cumplió hace poco 100 días en la gestión pero ha sido incapaz de llevar adelante el arte de la política y no muestra la talla de un estadista que se espera de un país con el peso que tiene Brasil. En Colombia, Duque se enfrenta a grandes movilizaciones sociales, inconformes con su orientación económica.

México dio -con algo de retraso en el contexto latinoamericano- el giro contrario. Pasó de la derecha hacia la izquierda con Manuel López Obrador, y lo más destacado parece ser su retórica de sus conferencias diarias.

Si alguna lección están dejando estos cambios de orientación, sería la constatación de que el común denominador en nuestros países es una debilidad institucional que pone bajo cuestión nuestros sistemas democráticos y favorece el surgimiento de gobiernos con tintes autoritarios.

Y un bloque de amigos, llámese Unasur o Prosur, no garantiza una integración seria y duradera, porque en la diplomacia no existen los amigos sino los intereses.