Enrique Ayala Mora

Defensa, politiquería e ineptitud

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Viernes 06 de abril 2018

Los déspotas destruyen las instituciones. Eso hizo Correa por diez años con las Fuerzas Armadas. Manipuló los mandos, trató de poner a la tropa contra los jefes, persiguió a oficiales dignos, nombró comandantes a incondicionales, en no pocos casos designó a incompetentes y dio de baja a los mejores, premió el silencio, cuando no la complicidad, atropelló para encubrir la verdad del “30S”. Persiguió a quienes denunciaban la corrupción. Un ex comandante de la Fuerza Aérea que se opuso al negociado de los helicópteros terminó asesinado y el crimen no fue del todo aclarado.

Correa desmanteló la defensa nacional. Desguarneció al país. No tomó en serio la situación de frontera y no hizo nada para prevenir lo que se venía luego de la paz en Colombia.

Por ejemplo, los caros radares chinos que instaló no sirvieron para nada. Dejó al Ecuador en quiebra, dominado por la corrupción y amenazado por la narcoguerrilla.

En su gobierno, nombró ministros de defensa por cuotas políticas o para acomodar a correístas que no podía ubicar en otra parte. No lo hizo considerando el conocimiento y la experiencia sobre defensa nacional, el prestigio de los designados o la necesidad de una relación seria con las Fuerzas Armadas. Pero parece que algunas cosas no cambian. El presidente Moreno nombró ministro de defensa a Patricio Zambrano, un político que se tomó el Partido Socialista y lo puso servilmente al servicio de Correa. Recibió como pago una vocalía de la antigua AGD. Hubo denuncias de irregularidades y tuvo que irse, pero no se ha aclarado lo que sucedió. Lo nombró luego presidente del Cordicom. Se denunció tráfico de frecuencias y lo despidió. Pero tampoco se aclaró nada. Fue incondicional de Glas y promovió su candidatura en vez de la de Lenin; Lo justificó ante las acusaciones sobre Odebrecht.
Pero luego se convirtió en entusiasta morenista.

Como ministro ha demostrado desconocer del todo la situación militar e internacional. No puede responder coherentemente a la prensa. Los militares lo rechazan porque argumentan que cuando fue cadete habría sido dado de baja deshonrosamente por una grave falta. Los ex ministros de defensa y los oficiales en servicio pasivo no lo respetan. Quien ha “premiado” su acción es Maduro, que le mandó una condecoración conseguida por sus asesores venezolanos.

El Presidente no debe considerar al ministerio de defensa como una cuota política, sino como una responsabilidad grave y delicada para la cual debe buscar una persona prestigiosa y competente, como lo fueron, por ejemplo, José Gallardo y Paco Moncayo.

La situación de frontera no es coyuntural. La narcoguerrilla es una amenaza fuerte que demanda una conducción solvente que de confianza a las Fuerzas Armadas y al país.