Sebastián Mantilla

Lecciones del covid-19

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Miércoles 25 de marzo 2020

El covid-19 avanza y no da tregua. Pese a que en China e Italia el incremento de este letal virus ha tendido recientemente a disminuir, en otros la pesadilla recién comienza. Ese es el caso de Ecuador y buena parte de América Latina.

En un principio se tendió a desestimar el impacto que podía tener el coronavirus. Es con el aumento del número de contagios y de decesos que recién se dio un giro al tratamiento de esta pandemia.

Se decía en un principio que el covid-19 iba a ser pasajero, superable como la gripe porcina o aviar, el MERS, la H1N1, el SARS… Qué solo ataca preferentemente a personas de la tercera edad. Que no es tan contagioso y letal. Que el virus no prolifera en climas calientes y que, a medida que venga el verano, va a tender a decaer…

En función de ello autoridades de Italia, España, Estados Unidos, Alemania, Francia y de América Latina no tomaron medidas a tiempo. El desconocimiento y desinformación, en unos casos, la arrogancia, tozudez o necedad, en otros (López Obrador, Trump y Bolsonaro se disputan el primer lugar) llevó a que la situación se agrave.
Hasta ayer, fecha en la que escribo esta nota, se contabilizaban ya a nivel mundial 381 mil contagios y más de 16 500 fallecidos producto del covid-19. En Ecuador se registraban 1049 contagios y 27 muertos.

Hoy día sabemos que el covid-19 no es como las otras gripes o virus. Que es altamente contagioso y letal. Que no solo afecta a personas de la tercera edad. Que prolifera por igual en climas fríos o calientes.

Lo ocurrido en China, Corea del Sur e Italia, por ejemplo, debía llevar a nuestras autoridades a tener mayor claridad de qué acciones tomar. Sin embargo, más allá de las campañas de comunicación y de restricción al máximo de la movilidad de las personas, la gestión de este tipo de desastres ha sido deficiente. Antes de que se presente el covid-19 en Ecuador, ¿se evaluó el impacto que iba a tener a nivel de salud pública?
¿Se hicieron simulaciones? ¿Se hizo un inventario de los recursos humanos y de infraestructura (como ahora recién lo ha hecho el nuevo ministro de Salud)? ¿Se puso en marcha algún plan de operaciones de emergencias (POE)? ¿Se está ejecutando o no lo hay?

Cuando el problema comienza a desbordarse por falta de preparación y previsión de las autoridades de riesgos y de salud (principalmente), comienzan a tomarse correctivos. Resulta que el número de camas para cuidados intensivos ha sido insuficiente. Que los respiradores son escasos. Que no hay suficiente personal médico y que no tienen lo mínimo necesario (mascarillas y equipo de protección) para evitar el contagio. Que no hay suficientes pruebas de detección del virus… Eso debía preverse con antelación.

Y, ante la incapacidad del Gobierno y las autoridades locales para hacer frente a esta amenaza en Guayas, han pasado la responsabilidad a los militares. Debe asumirse este problema con mayor responsabilidad y profesionalismo.