Roberto Salas

Chile: trampa del ingreso medio

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Miércoles 30 de octubre 2019

Chile es un país muy bien preparado para enfrentar terremotos de escala superior a 8 grados, pero no tanto para manejar terremotos de tipo social.

De lo que ya se ha escrito sobre la crisis actual valdría resaltar la combinación de una injerencia externa de grupos de extrema izquierda, que aprovecha un sector estudiantil beligerante que no cree en los actores políticos ni en las instituciones y se encierra en sus propias convicciones de una desigualdad considerada injusta y fruto de un modelo desgastado, a lo que se suma una clase media esforzada que la pasa difícil por el alto costo de la vida cotidiana.

Otro ingrediente de esta mezcla es la pérdida de confianza entre la sociedad civil, los empresarios, el gobierno y otras instituciones relevantes, escaseando capital social para encontrar soluciones de manera eficiente entre los mismos actores.

En los últimos días ha circulado una opinión de que la situación chilena de estos días es una crisis de un país del primer mundo, similar al caso de los chalecos amarillos de Francia. No la comparto por una simple razón: Chile no ha podido llegar a ser considerado del primer mundo, o de ingreso alto, a pesar de habérselo propuesto cuando el mismo presidente Piñera, en su primer mandato, puso como uno de los objetivos llegar al ingreso per cápita de Portugal, de alrededor de USD 24 000, hasta el año 2018. No ha ocurrido por el bajo crecimiento que ha tenido el país en los últimos 8 años.

Más bien creo, que si bien Chile es el país de la región que más cerca está del umbral para ser considerado un país de altos ingresos, ha estado preso en la denominada “trampa del ingreso medio”, como muchos otros que no han podido progresar lo suficiente en cuatro elementos importantes: i) Mejorar la productividad de manera sostenida, ii) Establecer un mejor desempeño en los niveles educativos, iii) Lograr desarrollo tecnológico y niveles de innovación que sofistique la producción de productos o servicios de alto valor agregado junto con una diversificación importante de mercados, y, iv) Fortalecer la clase media con políticas sociales inclusivas y sostenibles.

Chile no ha podido cumplir estos requisitos. Ha tenido niveles de productividad negativa algunos años, tiene un problema crónico en la educación básica, su cultura de mirada hacia adentro y la escasa investigación le evita lograr niveles de innovación más altos, su clase media es vulnerable y está cansada de un estancamiento donde los efectos colaterales del gran éxito logrado por las reformas de los años 70 y 80, como la enorme desigualdad, ya es considerada intolerable.

De ahí el terremoto social, que solo la gran capacidad de solidaridad en épocas de crisis que tiene el país hará que sea controlado y sirva para emerger un Chile más justo y cohesionado.