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Willard Boyle: un veterano de guerra con Premio Nobel

Halifax (Canadá), DPA

Willard Boyle, de 85 años, desarrolló junto con George Smith el sensor CCD, un chip semiconductor sensible a la luz, que revolucionó la fotografía y por el que recibió hoy el Premio Nobel de Física.

Boyle posee la ciudadanía canadiense y estadounidense y vive actualmente jubilado en la localidad canadiense de Halifax.

Nació en 1924 en Amherst, en Canadá, y sirvió durante la Segunda Guerra Mundial como piloto, después de que tuviera que interrumpir su carrera en la marina por sufrir mareos en el mar.

En 1950 se graduó en la Universidad McGill de Montréal. Tres años después, como experto en tecnología de información, comenzó a trabajar en los Laboratorios Bell de Nueva Jersey.

Allí se dedicó primero intensamente a trabajar con los rayos láser. Tras haber participado durante poco tiempo en el programa Apollo de la agencia espacial estadounidense NASA, desarrolló en Bell el sensor CCD en 1969 junto a Smith.

“La tecnología se sigue desarrollando”, dijo Boyle, para quien la astronomía está usando y absorbiendo todas la novedades.

En 1979, este padre de cuatro hijos y entusiasta navegante de veleros se jubiló, por lo que no puede seguir participando en las investigaciones.

“En cambio, recibo premios, doy discursos y entretanto hago todo eso que hacen los hombres viejos”, bromeó.

Entre esas actividades figura también su nueva pasión: la fotografía. “Si bien no soy un verdadero maestro en lo que respecta a las imágenes fotográficas, considero que este pasatiempo es un buen ejercicio para mi cerebro. Además me da placer”.

Boyle toma imágenes, que capturó con su cámara fotográfica, y cambia sus formas y colores en la computadora.

“Me estoy iniciando en las estructuras abstractas”, indicó. Su otro hobby, la navegación a vela, lo dejó hace dos años.

“Tenía un gran velero. Con él navegué a lo largo de la costa, en los ríos y lagos de Nueva Escocia. Tenemos aquí las aguas más bellas del mundo”, afirmó Boyle.

Sin embargo, las tareas en el velero se hacían cada vez más difíciles. “Simpemente me tomaban demasiado tiempo”.

Ahora solo observa a los veleros y disfruta mirándolos. Boyle vive con su esposa en Halifax, la capital de la provincia canadiense de Nueva Escocia. “Me siento aquí y miro el puerto.

Éste es verdaderamente el sitio más lindo del mundo. Esta mañana un crucero pasó directamente delante de nuestra terraza”, relató.

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