304 vecinos contienen el covid-19 en 16 parroquias de Portoviejo

En el PSI de la parroquia San Pablo, un voluntario llena una ficha médica del paciente.

En el PSI de la parroquia San Pablo, un voluntario llena una ficha médica del paciente.

Los vecinos de la parroquia Picoazá son atendidos por las brigadas de voluntarios. Foto: Cortesía Municipio de Portoviejo

Iglesias, albergues, casas comunales y guarderías de 89 barrios de la ciudad de Portoviejo (Manabí) fueron adecuados para atender a los pacientes con sospecha de covid-19 y otras enfermedades.

El personal médico de los Puestos de Salud Inmediata (PSI) está conformado por 304 vecinos, que tienen experiencia en Medicina o Enfermería y viven en esos sectores de las 16 parroquias urbanas y rurales.

Son médicos, paramédicos, enfermeras, estudiantes de Medicina, Enfermería o de Primeros Auxilios. Ellos trabajan de forma gratuita más de seis horas y en las noches se turnan para atender las emergencias.

El jueves en la noche, por ejemplo, una paciente de 80 años tuvo problemas respiratorios. José Quiroz, voluntario del PSI del barrio El Florón, la auxilió. Le administró oxígeno hasta que llegó la ambulancia. “Los paramédicos nos dijeron que le salvamos la vida. Ese es el mayor pago. Ayudar a quienes más lo necesitan”.

Entre mediados de abril se crearon los PSI y hasta lo que va de junio han atendido a más de 6 000 pacientes. A la mayoría por enfermedades como hipertensión, diabetes, dengue o dolores estomacales. También se presentan posibles casos de covid-19. De hecho, 416 dieron positivo.

Byron Joza, director de Servicios Públicos del Municipio de Portoviejo, señala que se estableció un protocolo para tratar los casos sospechosos. “Se les brinda los primeros auxilios, pero se emite una alerta para que el Ministerio de Salud realice la prueba y establezca un cerco epidemiológico”.

En el PSI de la parroquia San Pablo, un voluntario llena una ficha médica del paciente. Foto: Cortesía Municipio de Portoviejo

Los voluntarios fueron dotados de equipos de protección y los PSI son desinfectados y fumigados a diario.

La paramédica Gema Quijije está consciente del riesgo que corre, pero dice que no puede quedarse en casa y ver a sus vecinos sufrir por falta de atención médica. “Sé que arriesgo a mi familia, pero ellos están orgullosos de mí y esa es mi mayor recompensa”.

La portovejense se encarga de tomar los signos vitales de los pacientes y agendar las citas con los doctores. Cuando ellos no están de turno y se presenta una emergencia, ella realiza una videollamada a los médicos para que atiendan al paciente por telemedicina. “Buscamos cualquier forma para ayudar a los pacientes”.

Quijije cuenta que en su parroquia hay personas que no tienen dinero para trasladarse en un bus o taxi a un hospital. “Muchos de los pacientes son adultos mayores, que no han podido continuar con los tratamientos por falta de plata”.

Ese es el caso de Carlos V., de 65 años. Él fue diagnosticado con hipertensión hace 10 años y debe tomar medicinas una vez al día. Pero en marzo perdió su trabajo como albañil y no había podido comprar las pastillas. “Un día sentí que me moría. Mi corazón palpitaba muy rápido, me dolía la cabeza y tenía rojas las orejas”.

En el PSI de la parroquia Andrés de Vera lograron estabilizarlo y le dieron medicinas para su tratamiento en casa.

Joza dice que el trabajo de los PSI es interinstitucional. El Municipio invirtió en cada puesto entre USD 900 y 1 500 en equipos (tanque de oxígeno, tensiómetro, estetoscopio, pulsioxímetro, camilla, termómetro, medicinas y otros).

El Cuerpo de Bomberos capacitó a los voluntarios para atender emergencias. Mientras que el Ministerio de Salud les ha proporcionado medicina para la diabetes, hipertensión, desparasitación y otros.

A esos esfuerzos se han sumado las donaciones de la Embajada de Estados Unidos, que hace dos semanas entregó USD 30 000 en equipos de protección para el personal ­médico. También, la Embajada de Alemania, a través de la Cooperación Técnica Alemana (GIZ Ecuador), también donó mascarillas, guantes y otros insumos.

Dorothea Kallenberger, coordinadora de la GIZ, cuenta que se documenta el trabajo en los PSI para tomarlo de ejemplo en otros proyectos. “Nos parece que estos centros han logrado contener el virus y han evitado que el sistema hospitalario colapse aún más”.

La idea de los PSI nació del proyecto que se trabajó con Alemania, que fue la creación de los Comités de Riesgo y Emergencias Barriales, donde participan nueve vecinos. Antes de la pandemia estos grupos se activaban para trabajar en la prevención de desastres de Portoviejo. Pero desde finales de marzo se dedicaron a alertar al Municipio sobre posibles casos de covid–19 o a canalizar las ayudas humanitarias. “En esas reuniones nació este proyecto”, comenta Joza.

El alcalde, Agustín Casanova, indica que en los tres hospitales del cantón solo 30% de los pacientes es de Portoviejo, en lo que va de junio. El resto pertenece a cantones vecinos, como Montecristi.

Eso se debe a la atención en los PSI, los cercos epidemiológicos, la militarización de parroquias en las que había deso­bediencia de la ciudadanía y otras medidas adoptadas.

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