
El cuerpo de Lizeth Bunshi fue localizado el 25 de agosto de 2026 en una zona del río Machángara, en Guápulo, 37 días después de su desaparición. Los restos estaban parcialmente sumergidos y presentaban un avanzado estado de descomposición.
Ese estado dificulta la investigación forense, pero no elimina automáticamente todas las evidencias. Los dientes, huesos, tejidos conservados, prendas y muestras recuperadas todavía pueden aportar información. Sin embargo, ninguna pericia garantiza que sea posible reconstruir cada detalle de la muerte.
La Fiscalía confirmó que el cuerpo corresponde a Lizeth Bunshi mediante una pericia de odontología forense. Los brackets constituyeron uno de los primeros elementos reconocidos por sus familiares, pero no fueron por sí solos la prueba concluyente.
La identificación odontológica compara la información dental obtenida después de la muerte con historias clínicas, radiografías u otros registros anteriores. La forma de las piezas, tratamientos, extracciones, prótesis y restauraciones puede ofrecer una combinación particular.
El Servicio Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses define este procedimiento como el cotejo entre la historia odontológica previa de una persona y la información registrada durante la autopsia oral.
Fiscalía no ha divulgado el contenido del informe practicado en este caso. Lo confirmado oficialmente es su resultado, que permitió establecer la identidad de Lizeth.
La autopsia no constituye un procedimiento aislado. La posición del cuerpo, su vestimenta, los objetos cercanos y las condiciones del entorno deben documentarse antes de trasladar los restos.
El artículo 461 del Código Orgánico Integral Penal establece que la Fiscalía debe disponer la identificación y el levantamiento del cadáver. También ordena registrar su orientación, posición, vestimenta y lesiones externas.
En un cuerpo encontrado dentro o junto a un río, las condiciones del agua adquieren relevancia. La temperatura, el caudal, la exposición y el desplazamiento pueden influir en la descomposición y alterar indicios.
La defensa de la familia planteó como hipótesis que el cuerpo pudo ser desplazado hasta Guápulo por la corriente. Esta posibilidad no ha sido confirmada y deberá contrastarse con las condiciones del cauce y las demás pericias.
Los indicios recuperados deben conservar su cadena de custodia. Este registro permite conocer quién los recogió, cómo fueron almacenados y qué peritos tuvieron acceso a ellos antes de que puedan incorporarse al proceso judicial.
El COIP dispone que el informe de autopsia detalle el estado del cadáver, el tiempo transcurrido desde la muerte, el probable elemento empleado, la manera y las causas probables del fallecimiento. Los peritos también deben tomar y conservar las muestras correspondientes.
Durante el procedimiento se examinan los tejidos, órganos y estructuras óseas que permanezcan. Fracturas, proyectiles, implantes y determinadas lesiones pueden conservarse durante más tiempo que los cambios visibles en la piel.
Según la pertinencia y el material disponible, la Fiscalía también puede ordenar análisis de toxicología, genética, histopatología, antropología, odontología o estudios de imagen. Esto no significa que todas esas pericias se practiquen en cada autopsia.
La entomología forense puede estudiar insectos vinculados con un cadáver para orientar la estimación del tiempo transcurrido desde la muerte. Su aplicación depende de que exista evidencia entomológica útil y de las condiciones en las que permanecieron los restos.
La autopsia debe interpretarse junto con la información del lugar, los antecedentes de la persona y los demás elementos de la investigación. El Protocolo de Minnesota de Naciones Unidas señala que el examen debe registrar lesiones y procesos patológicos, además de contribuir a determinar la causa y los factores relacionados con la muerte.
Los tejidos blandos se deterioran con el paso del tiempo. Esto puede borrar lesiones, modificar su apariencia o dificultar que los peritos establezcan si se produjeron antes, durante o después de la muerte.
Un examen externo preliminar reportó una equimosis en la rótula izquierda y hematomas en la pierna derecha de Lizeth. Esas observaciones no permiten determinar por sí solas cuándo se produjeron ni si estuvieron relacionadas con su muerte.
La estimación del momento del fallecimiento tampoco funciona como una hora exacta. En cuerpos descompuestos, los especialistas suelen establecer un intervalo probable a partir del estado de los restos y de las condiciones ambientales.
La permanencia en el agua puede acelerar algunos cambios, retrasar otros y desplazar el cuerpo o sus pertenencias. Por eso, no es correcto calcular el momento de la muerte únicamente desde la fecha del hallazgo o desde el grado visible de descomposición.
La familia informó que una médica forense le comunicó la causa de muerte, pero decidió mantenerla en reserva para no afectar las diligencias. Hasta ahora, Fiscalía no ha divulgado ese resultado.
Por lo tanto, no se puede afirmar públicamente que Lizeth murió por una caída, sumersión, asfixia o agresión. Tampoco está determinado si llegó con vida al río o cuánto tiempo permaneció en el agua.