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Carmen: Él prometió ayudarme, pero me lanzó ácido y quiso matarme

Carmen es de Venezuela y recuerda que hace seis meses Pablo le dijo que la ayudaría a venir a Ecuador junto a sus dos hijas de 13 y 20 años.

Carmen es de Venezuela y recuerda que hace seis meses Pablo le dijo que la ayudaría a venir a Ecuador junto a sus dos hijas de 13 y 20 años.

Carmen es de Venezuela y recuerda que hace seis meses Pablo le dijo que la ayudaría a venir a Ecuador junto a sus dos hijas de 13 y 20 años. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Carmen aún recuerda cuando Pablo empezó a acosarla. La esperaba en las paradas de bus en el noroeste de Guayaquil. Había días en que aparecía afuera de su trabajo sin motivo. El peor día fue cuando le lanzó ácido en el rostro. Era la madrugada del 1 de enero de 2019. En medio de la confusión fue llevada al hospital y permaneció internada un mes. Perdió la visión de su ojo izquierdo.

Carmen es de Venezuela y recuerda que hace seis meses Pablo le dijo que la ayudaría a venir a Ecuador junto a sus dos hijas de 13 y 20 años. “Yo lo conocía hace 20 años. Era vecino y amigo en Caracas. Era buena persona y acepté viajar. Él prometió ayudarme, pero después me quiso matar sin razón”.

En octubre del 2018, la mujer llegó al Puerto Principal y desde entonces vivía en una casa ubicada en el noroeste de Guayaquil, que compartía con Pablo.

Consiguió trabajo en un gabinete de belleza en el centro y dice que a los tres meses él empezó a cambiar. “Cogía y retaba a mi hija menor, gritaba y llegaba tomado”. Por eso decidió separarse y mudarse.

Pero él la seguía, se la acercaba y pedía acompañarla a su casa. En otras ocasiones, él fue hasta su trabajo y esperaba a que saliera.

Cuenta que sus compañeras le dijeron que ese comportamiento es extraño, pero no quiso pensar mal. “Sí me parecía raro, pero no pensé que él me quería hacer daño”.

El día de la agresión, ella estaba celebrando el año nuevo cuando Pablo llegó a su casa y le arrojó el químico. Sus vecinos la socorrieron y la llevaron al hospital.

El líquido afectó el nervio óptico e hizo que su párpado se pegara al ojo izquierdo.

Mientras Carmen estaba hospitalizada, su hija presentó la denuncia en la Fiscalía del Guayas y se contactó con la Policía. Pero Pablo no fue detenido y continúa prófugo. Para protegerla, la Fiscalía solicitó a un juez medidas de protección.

A ella le otorgaron una boleta de auxilio y un botón de pánico en caso de que Pablo regrese. Esto ocurre mientras se lleva un proceso judicial por el delito de tentativa de femicidio, pero el expediente está paralizado hasta que no se logre la detención de su agresor.

¿Cómo se obtiene una boleta de auxilio?

Betty Angulo, jueza de violencia de género de la Unidad Judicial de Valdivia, en el sur de Guayaquil, indica que el procedimiento para obtener esta boleta es rápido.

Según la jueza, en las unidades de violencia se da prioridad a los casos de maltrato y la atención entre la receptación de la denuncia por agresión, la valoración médica y la entrega de medidas de protección es de aproximadamente 45 minutos.

La víctima debe acercarse a una Unidad Judicial de violencia de Género y denunciar la agresión física, psicológica o sexual. El trámite es gratuito.

Angulo sostiene que no necesariamente la afectada debe estar lesionada o el ataque debe ser flagrante. “La persona en el momento que se sienta violentada o agredida puede acercarse a denunciar y solicitar una medida de protección”, enfatiza la jueza.

Luego de la denuncia, la víctima pasa a una valoración médica. Mientras está con el médico de turno, un secretario de la entidad judicial hace conocer al juez el caso para que otorgue la boleta de auxilio.

El documento no solo se entrega a la víctima como respaldo, sino también al Departamento de Violencia Intrafamiliar de la Policía (Devif), para que haga el acompañamiento a la afectada.

Carmen cuenta que ella todavía recibe llamadas de la Policía para verificar cómo se encuentra. La boleta de auxilio que recibió la tiene en su casa y espera no tener que usarla.

La tarde del miércoles 20 de marzo de 2019 tuvo una cita médica con un especialista. La doctora le dijo que la lesión que sufrió en su ojo fue grave y que una cirugía sería de alto riesgo.

Ahora usa gafas y sale a la calle acompañada por su hija mayor o un vecino. “Ya no puedo trabajar. Me dijeron que no puedo tener contacto con los químicos que se usan para tinturar el cabello y yo era estilista”.