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Las secuelas de obesidad reducen hasta 12 años la esperanza de vida

Natalia Rodríguez, peso anterior 90 kilos, peso actual 70 kilos. peso anterior 100 kilos, peso actual 82 kilos. Foto: EL COMERCIO

Natalia Rodríguez, peso anterior 90 kilos, peso actual 70 kilos. peso anterior 100 kilos, peso actual 82 kilos. Foto: EL COMERCIO

Natalia Rodríguez, peso anterior 90 kilos, peso actual 70 kilos. Gustavo Gálvez, peso anterior 100 kilos, peso actual 82 kilos. Foto: EL COMERCIO

A los esposos Gustavo Gálvez, de 36 años, y Natalia Rodríguez, de 40, no les gustaba fotografiarse ni en eventos familiares. Las pocas veces que lo hacían, construían un ‘barrera humana’, es decir, se ponían detrás de sus hijos, para cubrir su exceso de peso.

En relación con su talla estaban en el rango de obesidad, condición clínica que aumenta el riesgo de infarto cardíaco y otras patologías.

En Ecuador, el 62,8% de la población tiene exceso de peso. Lo reportó el Ministerio de Salud, a través de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, Ensanut 2014, último dato levantado en el país. Las nuevas cifras se presentarán a mediados de este año.

Los médicos consultados afirman que esos parámetros no han mejorado y que las cifras se mantienen. Incluso la obesidad se presenta en niños desde los 5. El mal se concentra en mujeres de más de 40.

La pareja, por ejemplo, ganó peso desde hace 10 años, tiempo en el que consolidó una vida junta, tiene dos hijos. La rutina diaria hizo que descuidaran su aspecto físico, cuenta el esposo, un experto en ventas.

“No nos alimentábamos a las horas indicadas, comprábamos comida rápida (hamburguesas, gaseosas o frituras) y éramos sedentarios”.

Gustavo y Natalia llegaron a pesar 100 y 90 kilos, respectivamente. Su volumen corporal no solo afectaba su apariencia, sino también sus actividades diarias. Evitaban ir al parque a jugar básquet con sus hijos porque se cansaban rápidamente. “No podíamos seguir el ritmo de mis pequeños”.

Cuando iban a la piscina -relata Natalia- ya no podían nadar. Simplemente entrelazaban sus manos y se quedaban en un extremo de la alberca. “Nos decían las ‘morcitas’, ya que no nos movíamos”.

En septiembre su vida dio un giro de 360 grados. El mayor de sus hijos les dijo: “no les quiero perder” por enfermedades relacionadas con el peso.
¿Cuáles son? Colesterol, problemas cardiovasculares, de espalda, rodillas, hipertensión y diabetes integran la lista.

Lo dicen Xavier Moyón y Ronnal Vargas, especialistas del Hospital San Francisco, del Seguro Social. Y lo corrobora la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El ente alerta sobre la problemática de la obesidad como un tema de salud pública.

Desde 1975, este mal se ha triplicado en el planeta. Es así como en el 2016, más de 1 900 millones de adultos -a partir de los 18 años- tenían sobrepeso; 650 millones eran obesos.

¿Cuál es la causa? El aumento en la ingesta de alimentos de alto contenido calórico (grasas) y el son los factores que inciden, señalan los médicos del San Francisco.

Vargas, quien tiene una especialidad en cirugía bariátrica en México, señala que la obesidad reduce entre 10 y 12 años la esperanza de vida por las enfermedades citadas.

Su tratamiento representa un alto costo para el Estado. Corresponde a un 4,3% del producto interno bruto (PIB) o USD 4 300 millones. Es decir, entre USD 300 y 10 000 anuales por persona; depende del cuadro médico, anota José Ruales, subsecretario de Promoción de la Salud e Igualdad.
“Prevenir es más barato. El año anterior se invirtieron USD 271 millones”.

En Quito, por ejemplo, las zonas con mayor índice de obesidad son Carapungo, Calderón, Cotocollao (extremo norte) y Chillogallo (sur), entre otras, precisa Ruales.

Pese a los altos índices de exceso de peso, el funcionario reitera que sí se han realizado acciones de prevención. El control de bares escolares, el etiquetado en productos procesados, la promoción de bebidas no azucaradas y el impulso a la lactancia están en la lista.

Debido al aumento de casos, en el Hospital San Francisco se habilitó en febrero del 2018 la Clínica de Obesidad. Los pacientes reciben una atención integral, les enseñan nuevos hábitos alimenticios, rutinas de ejercicios, tratamiento de ansiedad y un cambio de vida.

“No se trata de bajar medidas sino de canalizar las emociones y evitar la ansiedad”, dice la psicóloga Adriana Celi.

En esta unidad médica hay 70 candidatos para la cirugía bariátrica y más de 100 en lista de espera para ese proceso.

María Rosa Arízaga, de 33, pesaba más de 100 kilos. La obesidad fue parte de su vida desde niña. Hizo dietas pero su estilo de vida no cambiaba. “Comía un ‘Chimborazo’ de arroz y fritos”. Lo mismo hacía su familia: esposo e hijos. “Llegó la hora de cambiar – confirma- y de ser más disciplinada”.

María Rosa se sometió en noviembre a una cirugía bariátrica (reducción del estómago). Perdió 40 kilos. “Estás hermosa”, le repiten sus dos hijos.

Esta opción no está dentro de los planes de Édgar López, de 50 años. Él pesa 120 kilos y dice que su jornada diaria como encargado de seguridad le impide hacer ejercicio físico y tener una dieta equilibrada.

Gustavo y Natalia no opinan lo mismo. Hacen dieta y esperan fecha para su cirugía bariátrica. Sienten los resultados positivos, ya no se ocultan; el jueves posaron para una foto de este Diario, sin ‘barreras’.