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Temblor en Quito evidenció falta de prevención de riesgos

Los oficinistas evacuaron sus lugares de trabajo por el sismo de 4,52 grados que se registró en Quito el 23 de noviembre del 2021. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

En apenas cinco minutos, plazas, parques y aceras se llenaron de gente que evacuó edificios, condominios, urbanizaciones, hospitales, centros comerciales y casas durante el sismo que se produjo en Quito el 23 de noviembre del 2021, cuya profundidad fue de 1,07 kilómetros.

Los oficinistas, empleados de las empresas y obreros utilizaron las escaleras de emergencia para salir. Los ascensores dejaron de funcionar por unos minutos mientras que la mayoría de familias salió desordenadamente de las viviendas, sin ninguna previsión o plan de contingencia ante una emergencia de esa magnitud.

A esa conclusión llegó Freddy Nieto, coordinador para la preparación de respuesta de la Dirección de Gestión de Riesgos del Municipio. A su criterio, la evacuación se realizó de forma adecuada en los establecimientos grandes, pero hubo falencias entre quienes se encontraban al interior de sus casas.

“Aún falta preparación para saber cómo responder y eso empieza por conocer el entorno de parientes; es decir, los planes familiares de emergencia. Es la única vía con la que se podrá fortalecer las capacidades”, expresó el funcionario. Otra falencia fue que la gente evacuó mientras se desarrollaba el movimiento telúrico. Lo correcto era protegerse, esperar que pase el fenómeno y abandonar el lugar.

Así le ocurrió a Wilson Zapata, propietario de un restaurante localizado en las calles Juan León Mera y Roca del barrio La Mariscal. Apenas comenzó el sismo, él y sus empleadas salieron del negocio sin esperar a que este finalice. “Estábamos muy asustados, lo más preocupante fue que la losa de concreto del local se cuarteó y con la lluvia de la tarde hubo goteras”. Espera que el propietario del inmueble regrese de viaje para analizar los daños y arreglos a realizar.

Lo mismo pasó con Pierre Buitrón en su inmueble, ubicado en las vías Galo Plaza Lasso e Isla de la Plata en Carapungo, norte de Quito. Por la fuerza del movimiento telúrico, el muro de la vivienda contigua se desplomó en el patio de su propiedad. “La pared ya estaba fisurada hace un mes, con el temblor cedió definitivamente”.

Cristopher Velasco es presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos en Ecuador. Asegura que, a escala nacional, la ciudadanía no está preparada para afrontar un sismo como el de ayer, 23 de noviembre, en Quito y no aprendió las enseñanzas que dejó el terremoto del 2016 en Manabí.

Con base en los análisis realizados por su agrupación, el dirigente aseguró que la gente desconoce las zonas en donde se ubican las fallas geológicas, lo cual es preocupante. Tampoco cómo se deben hacer los puntos de encuentro y configurar las rutas de evacuación. “Se nota un desconocimiento de la población y hay mucha desinformación”.

Considera que las autoridades capitalinas no deben centrarse únicamente en fortalecer los 79 puntos seguros de evacuación para los sismos, sino que estos deben ser complementados con campañas de difusión y la creación de un aplicativo que guíe a las personas cuando se reporten desastres naturales. También que se institucionalice organizar dos simulacros anuales, los cuales deben ser diferenciados de acuerdo al tipo de desastre natural.

Asimismo, en el país se requiere aplicar un Atlas de Percepción Social del Riesgo para conocer las vulnerabilidades de cada zona y ver las estrategias que se aplicarían en caso de emergencias. Para Nieto, en el país se requiere un proceso para conseguir una cultura de gestión de riesgos en la que la ciudadanía se comprometa.

Nieto aseguró que la Secretaría de Seguridad ha organizado cuatro simulacros masivos en centros comerciales en este año, pero el objetivo es reforzar esa práctica. Destacó que se ha capacitado a 2 500 familias en planes comunitarios de gestión de riesgos y preparación de respuesta.

A futuro, el objetivo es realizar dos simulacros anuales de respuesta ante toda clase de amenazas (sismos, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, incendios forestales, etc.) para que la población esté preparada.

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