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Prevención, ese buen vecino

La frase de Mario Ruiz, director del Instituto Geofísico, fue tranquilizadora y recordatoria a la vez: “El volcán solo nos recuerda que no está apagado”. Así se refirió a los cuatro informes que, hasta el 29 de abril, había emitido esta entidad técnica sobre el volcán Guagua Pichincha.

Es tranquilizadora porque de la información emitida y, de las declaraciones dadas por el mismo Ruiz, queda en claro que el volcán no erupcionará mañana ni, se entiende, en el mediano plazo. Es un proceso que toma años, como ocurrió en octubre de 1999. Además, el guardián del refugio del volcán, Rodrigo Viracucha, dijo a este Diario, el sábado pasado, que el cráter no presenta novedades externamente.

La frase también es recordatoria porque en el pensar y accionar de los quiteños (me refiero a todos los que vivimos en esta ciudad) debe estar siempre presente que vivimos en una ciudad que, en línea de aire, está a ocho kilómetros del cráter de un volcán activo. Esto, inevitablemente, nos lleva a desempolvar (en muchos casos) la palabra ¡prevención! en muchos hogares, dependencias públicas y privadas y autoridades metropolitanas, provinciales y nacionales. Sobre estos últimos recae la mayor parte de la responsabilidad, más aún si se toman en cuenta las otras vulnerabilidades que se ciernen sobre el Distrito Metropolitano: sismos, deslizamientos de tierra e inundaciones; la creciente del río El Conde.

No se trata de alarmar, solo que se tenga en cuenta esta realidad, que se “desempolven” todos los procedimientos de prevención que se establecieron tras los eventos volcánicos de 1999. Y eso abarca garantizar la provisión de servicios básicos, como agua potable, alcantarillado y electricidad; la conservación de una red vial en buen estado; determinación de puntos de riesgo, sitios de evacuación. En los hogares, queda tener en cuenta qué se debe hacer, cuáles son los sitios seguros…

Quito crece y crece. Al ocurrir esto también aumentan los sitios vulnerables. Entonces, hay que prevenir.

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