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‘Juventud de Antaño’ se adapta y sigue cultivando

El huerto comunitario de Juventud de Antaño, formado por 12 adultos mayores, está en el barrio Colinas del Norte. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

“Aquí dejamos los sufrimientos”. Con esta proclama, Luz María Aushay empieza la jornada en el huerto Juventud de Antaño, donde acude una o dos veces por semana. Ella es parte de esa iniciativa comunitaria para adultos mayores que, a su vez, forma parte del proyecto Cultiva Quito, de 400 miembros, en la Zona La Delicia.

Con la pandemia, las jornadas se redujeron y han tenido que adaptarse para no dejar morir sus plantaciones, implementar nuevas y así tener un espacio de distracción y una fuente de alimentos.

Los adultos mayores del sector Colinas del Norte acuden por turnos, a diferencia de antes de la emergencia sanitaria, cuando todos se reunían y llevaban comida para compartir.

A veces, los preparaban en una suerte de cocina de leña.

El grupo nació en el 2017 y llegaron a ser cerca de 50 personas. Actualmente, unas 12 acuden regularmente. Como el huerto está cerca de las viviendas, no tienen que movilizarse largas distancias.

De todas formas no se olvidan de sus compañeros que ya no asisten y comparten la cosecha. Hace unos 15 días, repartieron choclos.

La mujer de voz dulce, que se presenta anteponiendo un “para servirle a Dios y después a usted”, tiene 93 años y es parte del huerto desde hace tres.

A la indumentaria para trabajar la tierra se sumaron dos mascarillas. Y en el ingreso a Juventud de Antaño implementaron la desinfección respectiva. Hay quienes optan por ir con trajes de bioseguridad.

Aushay asocia al huerto con distracción, así como una ayuda para las comidas diarias. Si algo le sobra, puede vender para cubrir las necesidades del hogar. Ella vive con su esposo.

Para los huertos hay capacitaciones con técnicos de ConQuito. En el Distrito, en el proyecto Agrupar, por ejemplo, hay 2 300 huertos. Los gestionados por adultos mayores son 157 y constan 700 personas.

En la Zona Quitumbe (sur), en los cerca de 200 huertos que hay en coordinación con el Cabildo, al menos el 30% de personas es de la tercera edad.

Alexandra Rodríguez, responsable de la iniciativa, indica que por la pandemia, la modalidad que prima es la virtual.

La propuesta está encaminada para mujeres jefas de hogar, emprendedores, adultos mayores, atención de adicciones, de reclusión, entidades educativas, barrios, entre otros.

Para la modalidad presencial hay requisitos: disponer de un espacio, mínimo de un metro cuadrado, y pueden agruparse unas cuatro personas (vecinos o familia) para la guía técnica.

Se debe hacer un pedido a ConQuito o a la zonal más cercana. La capacitación cuesta USD 1 por miembro y la asistencia técnica, USD 2 por visita. Hay otras opciones, como el curso acelerado de agricultura orgánica con enfoque urbano.

En el caso de Cultiva Quito, la comunidad de la zona puede escribir a [email protected] o llamar al 099 252 1503. En La Delicia, de 11 huertos activos en el 2019 se pasó a 116 en el 2020. Para el 2021, se espera llegar a 200.

En Juventud de Antaño, Martina Espinoza, de 67 años, es la líder y quien se encarga de abrir el huerto de unos 2 500 metros cuadrados, rodeado por un cerramiento de mallas metálicas. El espacio es municipal y ha pasado por varias tutelas, incluyendo un grupo de jóvenes, hasta finalmente llegar a los adultos mayores.

Espinoza, quien se dedicaba a quehaceres domésticos desde los 18 años, recuerda que el covid se ha llevado a algunos compañeros y otros se han ido del barrio a sitios como Nanegalito, motivados por sus hijos.

Para quienes aún acuden al huerto, las actividades son una terapia, una forma de que el encierro no les pase factura.

La psicóloga Astrid Ortega da cuenta de los beneficios de la denominada terapia hortícola: estimulación de la memoria, mejora de la concentración y aumento de la capacidad de atención, incremento generalizado del funcionamiento cognitivo, así como mejora del estado de ánimo.

En la parte física: mejor respuesta inmunitaria, incremento de la motricidad fina y gruesa y de la coordinación ojo-mano, reducción de la presión sanguínea, adquisición de hábitos alimenticios saludables, reducción de la obesidad, etc.

De esos beneficios dan fe Aushay, Espinoza y su compañera, María Sandoval, de 67 años. La última se coloca un calentador, dos mascarillas, alista su frasco de alcohol y camina al huerto. Lo hace el lunes, a las 08:30 y, a veces, en la tarde.

Ella confiesa que su familia le ha restringido un poco las visitas. Sin embargo, el trabajo en el huerto le mantiene activa, se distrae, se ríe y regresa con mejor ánimo a casa, donde se desinfecta, retira la ropa y se ducha.

El trabajo en la tierra le recuerda a sus días en el campo, en su natal Cayambe. Llegó a Quito a los 17 años y en el barrio del norte lleva 22.

Comparte que los productos que cosecha le ayudan para las comidas diarias. Ella vive con su esposo, tres de sus cuatro hijos y, al igual que sus amigas, conserva el deseo de volver a compartir en grupo, junto al fogón.