Indicios, veedores… Cómo se investiga la muert…
La política Lgbtiq+ depende de la obtención de datos…
‘El uso de lo indígena ha sido explotado en la…
Un ‘reality’ que experimenta con los humanos
¿Cómo están las vías en Quito? AMT detalla reporte d…
El Papa pide que se abandone la violencia e invita a…
Debate para destitución de Guillermo Lasso se retoma…
En el debate sobre el pedido de destitución a Lasso …

La Escuela de Arte Quiteño sobrevive al paso del tiempo

El establecimiento cuenta con alumnos e incluso se entregaron becas a más de 120 personas de escasos recursos. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Con la vejiga de cordero, los talladores abrillantan las manos y rostros de las piezas de madera. Consiguen un tono especial similar al de la piel por el encarne y la vuelven más atractiva gracias al contraste con otros colores.

La técnica tiene más de 300 años y ha sido utilizada a través de los siglos por los alumnos de la Escuela Quiteña para elaborar las esculturas religiosas. Fue fundada en 1551 por los frailes Jodoco Ricke y Pedro Gosseal, quienes empezaron a formar a cientos de artesanos indígenas, mestizos y criollos mediante la evangelización.

Al uso de la vejiga se suma el método del chinesco, una lámina de plata que se colocaba bajo las capas de color, o los ojos de vidrio que se ponían a las esculturas. Los cristales eran fundidos y lo aplicaban en las partes posteriores del rostro. También se emplearon otros aparatos, en los siglos XVII y XVIII, como la piedra de ágata, las gubias y los cepillos de madera.

Esos utensilios y técnicas todavía se emplean en los talleres de la Escuela de Arte Quiteño que actualmente se ubican en las calles Olmedo y Benalcázar, una de las zonas con mayor historia del Casco Colonial. Su director, Adrián Cerón, asegura que siguen la tradición de la antigua Escuela Taller Quito que funcionó hasta 2012 en las calles Montúfar y Sucre.

Su objetivo -acotó el activista- es mantener el legado de artistas que llenaron de gloria a la ciudad con sus obras en la época de la Colonia. Él y Katalina Ávila se unieron tras el cierre de la Escuela Taller Quito en 2013, pero han afrontado problemas que por momentos casi les ha impedido seguir con su labor.

A su criterio, el último golpe que sufrieron fue el robo en sus instalaciones durante la madrugada del 6 de diciembre de 2021. Delincuentes ingresaron para llevarse pinturas, esculturas, herramientas costosas y demás equipos. Forzaron las seguridades de la puerta principal de acceso, la cual tiene más de 100 años de existencia.

Utilizaron una herramienta denominada ‘pata de cabra’ para abrirla. Cerón lamentó que los delincuentes tuvieran todo el tiempo del mundo para sustraerse obras pictóricas y escultóricas valoradas en aproximadamente USD 15 000.

Ávila contó que luego de un mes de investigaciones, la Policía Nacional localizó la figura de un Hércules mitológico, fabricado en bronce, valorado en USD 3 000.

Lo encontraron en un populoso mercado del Centro Histórico, tras recibir la alerta de una persona a través de las redes sociales. Inmediatamente se comunicaron con el ECU-911, se montó un operativo y se intervino en el lugar.

La persona que comercializaba la escultura les dijo que unos indigentes se acercaron a su local a venderle la pieza y desconocía que había sido sustraída. Ávila lamenta que todavía falten obras por recuperar y continúe pendiente el avance de las indagaciones.

Por seguridad, y mientras se desarrollan las investigaciones, los talleres de la Olmedo y Benalcázar permanecen cerrados. Cerón buscó otro sitio para continuar impartiendo cátedra a los estudiantes. Es así que provisionalmente se instalaron en el segundo piso del tradicional Teatro Bolívar, en las calles Espejo y Flores. En horas de la mañana y por las tardes, los chicos aprenden allí sobre pintura, tallado, escultura, etc.

Manfler Simbaña tiene 22 años y a través de la red social Tik Tok conoció a Sárec Acosta, uno de los profesores de la Escuela de Arte Quiteño. “Vine acá porque me gustó mucho el estilo del siglo XVI para dibujar anatomías”.

 

 

 

 

 

 

En la Escuela de Arte Quiteño que actualmente se ubican en las calles Olmedo y Benalcázar, centro de Quito, dictan cursos de escultura, tallado en madera, joyería, bordado, trabajo en piedras y caligrafía que es uno de los más solicitados. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

En la Escuela de Arte Quiteño que actualmente se ubican en las calles Olmedo y Benalcázar, centro de Quito, dictan cursos de escultura, tallado en madera, joyería, bordado, trabajo en piedras y caligrafía que es uno de los más solicitados. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Raku_aya sigue Derecho en la Universidad Central, pero le apasiona aprender sobre la elaboración de acabados coloniales. “Aquí podemos estudiar cosas que no se pueden ver en cualquier sitio. Me gustan mucho las figuras religiosas”. No descarta a futuro prepararse en los métodos de grabado y orfebrería, que se enseñan allí.

Como parte de su formación artística, él visita constantemente la iglesia de La Compañía , en el Centro Histórico, para observar detenidamente las texturas de las pinturas. A David Puebla, en cambio, le apasiona dibujar rostros. “Quiero también aprender a trazar desnudos. A través de Instagram me enteré de estas capacitaciones y me encanta que la tradición siga”.

La mañana del miércoles anterior, ellos colocaron sus lienzos sobre los caballetes de madera y seguían de cerca las clases del método académico francés de dibujo, impartidas por Sárec Acosta. Se trata de un estilo abstracto que primero se plasma en formas y proporciones para luego tener un rostro. “Rescatamos las técnicas tradicionales de pintura que se han perdido por las nuevas corrientes artísticas (…) Le damos el acabado barroco de la Escuela Quiteña”.

Para Puebla, Simbaña y Raku_aya es un privilegio seguir los mismos pasos que Miguel de Santiago, Bernardo de Legarda, Caspicara, Pampite y tantos artistas que plasmaron su talento en diferentes obras a través de los siglos.

Cristian Oleas, gestor cultural, historiador y guía especializado en la Escuela Quiteña, señala que en los talleres se mantiene vivo el legado de una tradición que estuvo a punto de desaparecer y que comenzó cuando Quito tenía una extensión de apenas 320 hectáreas, cuando las primeras casas se construyeron con bahareque.

Con base en sus investigaciones, cuenta que las primeras obras que se trabajaron fueron figuras talladas en madera. Luego se desarrolló la pintura y el pan de oro que se aplicó en los acabados de las iglesias coloniales.

Profesores y alumnos de la Escuela de Arte Quiteño trabajan en un espacio del Teatro Bolívar luego del robo que sufrieron en sus instalaciones. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

De ahí vino la técnica del claroscuro y el mercurio. “Así evolucionó la Escuela, solo en San Francisco tenemos alrededor de 5 000 piezas patrimoniales en óleo, tallado y escultura dentro del convento”.

La mayoría de las esculturas que elabora Cerón están hechas en madera de cedrón o nogal. Para las pinturas utiliza pigmentos naturales, como se hacía en la Colonia. Eso también se enseña a los chicos que diariamente se forman allí.

Otro problema que afrontan es la falta de un lugar fijo para continuar con sus actividades. Si bien sus talleres, ubicados en la casa de Sebastián de Benalcázar, han sido usados los últimos años, ahora corren el riesgo de perderlos.

Ávila cuenta que ese inmueble estuvo a cargo del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica (Inech). En 2015, las autoridades de esa entidad acogieron su propuesta de continuar con la Escuela de Arte Quiteño allí, pero después España retiró las ayudas económicas y el Municipio revocó el comodato que les permitía ocuparla. El Inech cerró y la histórica casa quedó a cargo de la Escuela.

Bajo la administración del exalcalde Mauricio Rodas ya corrieron el riesgo de tener que desocupar el inmueble. Ante esa situación, Ávila y Cerón crearon Quitensis, una fundación con la que se buscó revalorizar, recuperar y promover los antiguos oficios e incorporaron como docentes a los profesores de mayor experiencia y renombre que habían formado parte de la Escuela Taller Quito.

Ahora, su establecimiento cuenta con alumnos e incluso se entregaron becas a más de 120 personas de escasos recursos. Ellos utilizan un banco de trabajo con más de 200 años de antigüedad, herencia de uno de los maestros artesanos, así como una prensadora para ensamblar las piezas de madera.

Se dictan cursos de escultura, tallado en madera, joyería, bordado, trabajo en piedras y caligrafía que es uno de los más solicitados, explica Cerón. Solicitó al Municipio capitalino que les ayude con un comodato de la casa de Benalcázar. “Sería muy bueno establecer mesas de trabajo para dialogar sobre el tema. Queremos seguir porque hay mucho interés de la empresa privada en ayudar a los becarios, necesitamos el apoyo de la Alcaldía”, expresó el activista.

¿Cómo surgió este tema?

El objetivo es mostrar la belleza y la laboriosidad de las piezas que se trabajan en la Escuela desde hace cientos de años. También exponer cómo sobrevive al paso de los siglos, a la falta de una sede fija y a robos, como el del 6 de diciembre pasado. Ladrones hurtaron obras y herramientas.

¿Cómo contactar a la unidad de noticias?

Si tiene una denuncia puede escribir al correo dbravo@elcomercio.

¿Qué se puede hacer?

Las autoridades de la Escuela y del Municipio pueden conformar mesas de trabajo para analizar el comodato y otorgar una sede para seguir impartiendo clases a decenas de estudiantes. Para continuar con sus actividades, los alumnos se preparan en las instalaciones del Teatro Bolívar, localizado en las calles Eugenio Espejo y Juan José Flores.

¿Por qué leer esto?

Es necesario que las nuevas generaciones conozcan y se interesen por aprender sobre los oficios tradicionales artísticos de la época colonial, que se forjaban en la Escuela Quiteña y que se han perdido con el pasar de los años. La importancia de mantener vivas estas técnicas radica en que permanezca viva la identidad local.

Conclusiones

  • Los interesados en aprender técnicas artísticas de dibujo, tallado en madera, joyería, bordado, trabajo en piedras y caligrafía pueden llamar al teléfono 0984301445.
  • Tras el robo, un Hércules de bronce fue recuperado, pero todavía no aparecen una Virgen de Quito a madera vista, una cruz de madera con pan de oro de 18 kilates, una repisa tallada, un San José con Jesús, un Arcángel Gabriel, pinturas republicanas al óleo y un Padre eterno, entre otros.