15 de August de 2011 00:02

Cuidar el patrimonio es costoso

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Los geranios rosados y blancos situados en los tres balcones de la casa de Mariana Flores, adornan la cuadra de la calle Oriente, entre Vargas y Guayaquil, en el Centro Histórico. Las plantas llevan el color de la fachada de la casa, que tiene más de 100 años. Desde afuera luce bien cuidada. Al ingresar, el patio está mojado.

Flores explica que hay filtraciones por la tuberías y goteras porque las tejas de su casa se mueven. Además, cuando llueve el agua de las casas vecinas cae sobre su tejado y de ahí al patio. Por eso, el caño permanece destapado y todos los días limpia el patio para que no se inunde. Ella hace reparaciones continuas, al mes gasta entre USD 200 y 300. De las tres piezas que arrienda recoge USD 250, pero todo se va en reparaciones.

En Quito hay 6 109 edificios y casas inventariados como patrimoniales. En el Centro Histórico 17 186 casas están catastradas, de ellas 5 000 son patrimoniales.

Para que los dueños de los inmuebles realicen modificaciones internas y externas se requiere de un informe técnico aprobado por la Comisión de Áreas Históricas del Municipio. Sin esa autorización cualquier modificación estructural es ilegal.

Ese fue el caso de la casa de estilo neocolonial que fue derrocada el pasado viernes, en la av. 12 de Octubre y Coruña. El Cabildo confirmó que la residencia constaba en el inventario de bienes patrimoniales y que los propietarios no tenían ninguna autorización para su derrocamiento.

En la casa funcionaba un hostal. Pero los vecinos del sector aseguraron que desde hace más de un año, el inmueble permanecía desocupado. El Cabildo inició un proceso judicial por la destrucción de un bien patrimonial.

Flores no ha hecho ninguna modificación estructural en su vivienda. Ella sabe que para eso necesita gestionar un permiso en el Municipio.

Sin embargo, le resulta difícil mantener la casa en buen estado. Flores contó que hace tres años el Municipio reparó la fachada. El resto de los arreglos han sido por su cuenta. Ella lamentó que tampoco haya colaboración de los ciudadanos. A los dos o tres días que se pintan las paredes, las personas las manchan con grafitis o dejan basura en las ventanas. Incluso hay quienes usan las paredes como urinarios.

Según Francisco Pacho, el Municipio debería permitir, sin trabas, las intervenciones integrales. A él no le aprobaron el cambio de cubierta de su casa ubicada en la Montúfar y Oriente. El mayor problema son las goteras. A pesar de las adecuaciones que realiza, los tumbados de estuco están mojados. En promedio gasta USD 100 al mes cuando no hay daños de consideración. La semana pasada cambiaron un sifón, se requirió tres días de trabajo y dos albañiles, invirtió USD 200.

Él compro el inmueble hace 26 años. Su esposa Carmen Alarcón contó que pagaron 3 millones de sucres por la casa, pero en reparaciones invirtieron cerca de siete millones. Pacho, quien vive 40 años en el Centro Histórico, piensa irse a otro sitio, porque considera que no hay ayuda para mantener las casas. El paso de los buses es lo que más le agobia. Por esta causa su casa vibra y en las paredes aparecieron fisuras.

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