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El aluvión dejó al barrio Osorio afectado; hubo personas que no estaban en casa, por eso se salvaron

El alcalde Mauricio Rodas dijo que los moradores del barrio Osorio fueron los más afectados, por el aluvión en El Pinar Alto. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

El alcalde Mauricio Rodas dijo que los moradores del barrio Osorio fueron los más afectados, por el aluvión en El Pinar Alto. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

La calle Manuel Valdivieso, en el norte de Quito, está cubierta de lodo, piedras y basura. Fotos: Julio Estrella / EL COMERCIO

El agua no deja de correr. La calle Manuel Valdivieso, que une la ladera del Pichincha con la avenida Mariscal Sucre, en el sector de El Pinar Alto, en el norte de Quito, está cubierta de lodo, piedras y basura.

Subir hasta el barrio Osorio cerca al lugar donde se generó el aluvión que la tarde de hoy viernes 22 de marzo del 2019, era casi imposible. El río de lodo que descendió desde la ladera montañosa arrastró todo lo que encontró a su paso y dejó la vía cubierta de una capa de tierra húmeda con piedras de hasta 50 centímetros de diámetro.

El paso vehicular se prohibió. A la gente de los barrios altos no le quedó más que subir a pie, enterrando el zapato en el charco. En algunos tramos el lodo es tan espeso que llega hasta la rodilla.

Una, dos, tres cuadras más arriba de la avenida Occidental, el cuadro se va tornando más dramático. En la parte más alta, unas 15 cuadras hacia arriba, está el epicentro de la desgracia. Son las 20:00 y toda la gente está volcada en las calles. Con pala en mano y botas, tratan, en vano, de limpiar el lodo que se acumuló en los patios de las casas, en la sala, en los cuartos.

Las sirenas de las ambulancias, los reclamos de la gente, y el sonido agresivo del agua que todavía baja por la calle principal, dan cuenta de la emergencia. Hay personas sentadas en la vereda mirando desesperanzados, lo que el lodo hizo en el barrio. Otros se abrazan y lloran.

Los Santillán, esa familia de siete miembros que viven en el sector hace 20 años, sacan el lodo de su casa en baldes y los arrojan a la calle. Están enojados además de dolidos. “Alguien tiene que respondernos por este daño”, gritan para que las autoridades que llegaron al lugar, los escuchen.

Hay personal del Cuerpo de Bomberos, de la Secretaría de Seguridad de Municipio, de la Cruz Roja, y de otras entidades.

Cuando el alcalde de Quito Mauricio Rodas llegó al lugar, los ánimos se encendieron. La gente pidió ayuda y el burgomaestre se comprometió a activar el fondo de emergencia para socorrer a las familias afectadas.

En medio de la calle empapada, junto a las motobombas, grúas y ambulancias, Rodas contó que se hizo una primera evaluación y que fueron 14 las casas afectadas por el aluvión. Dio la buena noticia del día: pese a la monstruosidad del evento, no hubo víctimas que lamentar. Cero heridos, y cero fallecidos.

Son 12 las manzanas afectadas por la ola de lodo que arrastró más de una decena de carros, motos, y se llevó al menos, dos viviendas en su totalidad.

Según Rodas, en la parte alta de la quebrada Pichincha se produjo una acumulación excesiva de agua y tierra como resultado de las fuertes lluvias que ha soportado la ciudad en los últimos días. Esto generó el taponamiento de un canal natural cuyo cauce se desvió y generó un aluvión.

Mientras el Alcalde habla, la gente del barrio suplica. Las personas tienen los pies descalzos y salpicaduras de lodo incluso en el rostro.

Entre ellos se abre paso Oscar Mullo quien vive allí desde que nació hace 37 años y acaba de perder su casa. Bajó la ola de lodo, arrastrando autos, y se llevó la mediagua en la que vivía con su esposa, su hijo y sus padres. Se quedaron en la calle. No tiene nada, solo la mudada que lleva puesta.

Está vivo de milagro. “Gracias a Dios salimos a dejarle a mi sobrina donde el dentista, por eso no había nadie aquí. Sino todos nos moríamos”, dice tratando de hallar consuelo, pero no lo consigue. La voz se le quiebra y se lleva la mano a la frente para cubrir sus lágrimas. “Por favor Señor Alcalde, ayúdenos. Nos quedamos en la calle”.

Junto a él está Teresa Almachi, otra moradora. También llora. Ella vio desde la ventana de su casa cómo el alud se llevó todo. Su hermana fue arrastrada por la corriente y por fortuna logró agarrarse de una puerta metálica. “Yo gritaba, pedía misericordia divina para que salve a mi hermana y al resto de vecinos y la puerta se abrió y ella se logró lanzar”.

Rodas aseguró que el Municipio tiene listos los albergues para recibir a todas las familias que deben ser evacuadas. Los vecinos piden que, al día siguiente, los medios y autoridades regresen para ver la realidad de la afectación.