26 de mayo de 2020 00:00

En Quito y en Manabí se busca apoyo de vigilantes epidemiológicos barriales

Una red de especialistas médicos capacita a dirigentes comunitarios y a estudiantes universitarios. Deberán monitorear a infectados y a sus contactos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Una red de especialistas médicos capacita a dirigentes comunitarios y a estudiantes universitarios. Deberán monitorear a infectados y a sus contactos. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Valeria Heredia
Redactora (I)
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Para ser un vigilante epidemiológico comunitario no se requiere de título profesional en el área de la salud. Tampoco un conocimiento amplio del tema. Solo se necesita una condición: voluntad de apoyar en el monitoreo de los casos sospechosos y confirmados de covid-19 desde los barrios. La iniciativa, que nace de la Red Nacional de Epidemiólogos, ya se aplica en Quito y en Manabí.

El objetivo es fortalecer el primer nivel de atención, el más cercano a la comunidad, para detectar oportunamente los nuevos contagios, explica el salubrista Jorge Albán. Para ello sumaron a dirigentes barriales, médicos locales privados y públicos, expertos y autoridades del Ministerio. Todos participarán con el respaldo de la Coordinación Zonal 9.

Hace 15 días se vivió la primera experiencia en Colinas del Norte, en el noroccidente de Quito. La ciudad encabeza la lista de infectados en Pichincha, con 3 309 de  los 3 540 confirmados en la provincia, según cifras del lunes 25 de mayo del 2020.

Primero se dividió al barrio en 14 manzanas. En cada una hay una unidad epidemiológica conformada por los vigilantes locales. En su mayoría son líderes barriales o estudiantes universitarios, que ayudan de forma voluntaria.

Ellos deberán recolectar datos por medio de un formulario. Primero en el hogar, para identificar personas vulnerables: hipertensos, diabéticos, embarazadas y adultos mayores. Son la población de riesgo.

Así se sabrá a quiénes se pondrá más atención. “El voluntario deberá monitorear a diario a estas personas”.

En un segundo momento deberán pedir información sobre situaciones ocurridas desde el 16 de marzo hasta la fecha: ¿Ha tenido o no covid-19? ¿Le han hospitalizado producto del virus? ¿Ha tenido síntomas: fiebre, malestar o tos seca?

Finalmente, se indagará sobre cómo se ha cumplido el aislamiento: ¿cuántas veces ha salido de casa? ¿por qué? Las respuestas a estas preguntas ayudarán a conocer cómo avanza la pandemia en la localidad.

“En este barrio nos acercamos a más de 80 líderes comunitarios que serán los encargados de monitorear a 70 familias cada uno. Serán siete por cada manzana”, explicó Albán, quien coordina la Comisión de Salud de la U. Central.

El grupo será capacitado para manejar los formularios y herramientas tecnológicas. Por ejemplo, se formarán grupos de WhatsApp para el seguimiento diario. “La idea es que monitoreen. Con ello se evitarán más contagios”.

Este jueves comienza la primera de las capacitaciones de parte de epidemiólogos y otros expertos a dirigentes barriales. Se dictarán a través de tres videoconferencias.

Los voluntarios estarán conectados con médicos locales del Ministerio y del IESS, galenos de la parroquia que, con llamadas telefónicas o teleconsultas y, de ser necesario de manera presencial, tratarán a quien lo requiera. Buscan evitar que el caso se complique y colapsen hospitales.

Lo anota Fernando Sacoto, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Salud Pública, quien insiste: “Las epidemias no se controlan en los hospitales sino donde se originan, en los barrios y las comunidades”. A este nivel y con el apoyo de vigilantes se puede detectar oportunamente casos sospechosos para aislarlos y evitar infecciones masivas.

En Manabí también se implementa este sistema. Se aplicó en Charapotó, donde se trabajará con más de 900 familias. Al igual que en Quito, se activó a líderes barriales, médicos y autoridades de la Cartera, IESS y de los gobiernos locales.

Ozacio Belletini es representante de la ciudadanía de la Mancomunidad de Municipios del Pacífico Norte, que integra cantones como Sucre, San Vicente, Jama y Pedernales. Allí se ha capacitado a 30 líderes comunitarios que se encargarán del monitoreo, vía telefónica. “Estamos ganando información, datos en tiempo real para gobiernos locales”.

Este tipo de vigilancia epidemiológica local se aplica en Costa Rica, con equipos de atención primaria de salud, destacan los expertos ecuatorianos. Allá se acercan a los tres meses desde el primer contagio y por ahora se ha evitado una transmisión comunitaria, pues la totalidad de los casos cuenta con su nexo epidemiológico identificado.

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