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Una prevención a largo plazo

Una prevención a largo plazo

Una prevención a largo plazo

La construcción de muros, limpieza de drenajes y cauces de los ríos, y el mantenimiento de la infraestructura vial son necesarios para enfrentar las inclemencias de un invierno más destructivo.

Sin embargo, ese tipo de prevención no es suficiente, tomando en cuenta que el cambio climático ha trastocado las épocas e intensidad de las lluvias. Hasta hace 15 años estaban bien marcadas las estaciones climáticas. Los habitantes, sobre todo del campo, podían planificar sus actividades. Por ejemplo, las siembras en la Sierra se iniciaban en octubre y en la Costa, a fines de diciembre. Ahora, no se sabe cuándo. Tampoco hay certezas sobre cuánto lloverá, porque en una hora llueve lo pronosticado para un mes o para el año. Solo como ejemplo, el 27 de marzo del 2012 Cuenca soportó la peor inundación de su historia, porque llovió 10 veces más de lo normal en una tarde; o lo que tenía que llover en un mes. Otro caso es el de Latacunga, cuando el 6 de enero de este año registró la lluvia más fuerte desde 1998.

Hay que pensar en medidas más allá de las obras, como evitar los asentamientos cerca de ríos o quebradas y que los municipios dejen de aprobar planes en sitios de riesgo.