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La pobreza bajó en Machala en el 2018

Felipe Alarcón adaptó la cocina de su casa para que le sirva de motor a su negocio.

Felipe Alarcón adaptó la cocina de su casa para que le sirva de motor a su negocio.

Diana Bravo consiguió empleo con la inauguración de la Terminal Terrestre de Machala. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Diana Bravo tiene 32 años y es la primera vez que consigue un trabajo formal.
La actividad de limpieza que realiza en la Terminal Terrestre de Machala le gusta. La joven fue una de las 28 seleccionadas por la contratista privada Ecoservicio.

El uniforme que recibió, para la jornada de 06:00 a 14:00, está seco. Ella lo retira de uno de los cordeles del patio en donde está colgado y lo guarda.

El sueldo que percibe desde hace nueve meses en esta empresa (USD 420) permitió que ella saliera de la pobreza.

Machala fue la única ciudad en donde se redujo considerablemente este indicador en el último año, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El indicador se ubicó en diciembre pasado en 8,6%; es decir, cinco puntos menos frente a igual mes del 2017. Esta cifra es significativa si se considera que la pobreza urbana en todo el país creció en el último año.

Antes de laborar en la terminal, la joven tuvo empleos informales, sin contrato ni afiliación. Fue vendedora en una tienda, mesera en una discoteca e, incluso, realizó trabajos de limpieza en un parque por seis meses y no le pagaron.

El sueldo que actualmente percibe es un incentivo para repensar su futuro. Ahora quiere estudiar Enfermería.

Para el actual alcalde de Machala, Carlos Falquez, la reducción de la pobreza está relacionada, en parte, con la inyección de USD 80 millones en inversión municipal en el 2018. El dinero se destinó a la regeneración urbana de barrios y otros proyectos en la ciudad.

Una de las principales obras fue la terminal terrestre, que ya está operativa. La infraestructura genera empleo para 556 personas entre boleterías, islas comerciales, locales, personal administrativo y otros servicios, según el Cabildo.

La vivienda de Bravo es de cemento y una sola planta, con tres cuartos. Está ubicada en el barrio 18 de Octubre de la capital orense. Las paredes de la sala están llenas de rayones. “Son de mis dos sobrinas”, dice Bravo, quien vive también con dos hermanos y su cuñada.

Felipe Alarcón adaptó la cocina de su casa para que le sirva de motor a su negocio.

La joven aporta para la comida de su hogar con USD 150 mensuales. Con eso ya no siente que es una “mantenida”.

El resto de gastos de la casa es pagado con el dinero que envían sus padres, que migraron a Bruselas en 1994.

Pero no solo la obra pública ha impulsado la reducción de la pobreza en esta ciudad. Otro factor ha sido la generación de emprendimientos.

Felipe Alarcón obtuvo a través del Ministerio de Inclusión Económica y Social dos créditos de USD 1 200 cada uno para abrir y consolidar el negocio El Huequito de los Boloncitos.

Según datos de la entidad, solo en Machala se colocaron 341 créditos el año pasado, 52 más que en el 2017.

La familia de Alarcón habita en Sauces II, en Machala. Para llegar a su vivienda, Alarcón debe caminar cada día por un camino de tierra. Cuando llueve, en el sendero se forman grandes pozas de lodo que son difíciles de sortear.

La propiedad es de caña y techo de zinc. Ahí vive con su esposa y cuatro hijos. Alarcón tiene 52 años y salió de su natal Pueblo Viejo (Los Ríos) hacia Machala, poco después de terminar la primaria.

Quiere que su hija tenga mejor futuro. “Le estoy dando la universidad gracias a los ingresos del negocio. Estudia Ingeniería en Informática”.

Alarcón no deja de sonreír. Amasa el verde y lo rellena con chicharrón, con la ayuda de su esposa Bélgica Elizalde. Usan guantes y delantal. A veces, el correteo de una gallina que se escabulle a la cocina interrumpe los quehaceres.

La dura etapa que vivió como jornalero quedó atrás. Los salarios eran irregulares y nunca llegaban al básico. Como vaquero ganaba USD 12 diarios y como trabajador bananero, USD 5 por día.

Alarcón crió a sus hijos “a punta de raspado de verde”. Lo dice con mucho orgullo. Actualmente vende 130 bolones por día y le queda una ganancia diaria de USD 25.

Mientras en Machala hay familias que han logrado salir de una situación económica vulnerable, en el Puerto Principal los indicadores de pobreza no mejoraron, según el INEC.

Hasta diciembre del año pasado, casi 10 de cada 100 guayaquileños se encontraban en situación de pobreza, el más alto entre 5 ciudades principales.

Julia Ruiz vive en La Carolina de Monte Sinaí, un populoso sector en el noroeste de la ciudad. Se estableció ahí hace un año, tras llegar de El Empalme.

Ruiz ha buscado trabajo como empleada doméstica en sectores como Urdesa y La Alborada. “El problema es que sin recomendación no contratan”. Los pocos ingresos que tiene dependen de un coche con parrilla donde vende asados. Hay tardes en que no sale a trabajar porque las llantas se averían o uno de sus cuatro hijos se enferma.

Cuando vende bien el maduro asado y la espaldilla de pollo gana entre USD 9 y 8 diarios. De ese monto, separa USD 3 para la comida. Compra arroz de cebada, quinua, brócoli, col y huevos. “Merienda no les hago a mis hijos, porque para eso ya no me alcanza”.

Ella tiene ingresos de menos de USD 1,40 cada día, lo que la ubica en la línea de pobreza extrema. En las paredes de caña de la casa están colgadas las manualidades de sus hijas Noemí, Elena y Rebeca, con quienes desea ponerse un comedor. Ya ha tomado cursos en la fundación Hogar de Cristo.

También quiere estudiar. Ruiz solo concluyó la educación básica. Le gustaría, al menos, terminar el bachillerato.

En contexto

El trabajo formal generado por la obra pública local y el empleo, a través de los emprendimientos, han incidido en la reducción de los indicadores de la pobreza urbana en Machala. En diciembre del año pasado cerró en 15,3% a escala nacional, según el INEC.